El Primer Jardín de Niños

HÉCTOR EFRAÍN ORTEGA CASTILLO

Cual postrer exhalación a la laubscheriana influencia educativa en la región, presúmese de que en Orizaba se fundara el primer jardín de niños, parvulario o “Kindergarten” para emplear el germánico vocablo llegado de allende el Atlántico a aquestas aztecas tierras del Anáhuac. Larroyo, un ducho en historia de la educación en México, afirma con categórica certeza, que ya había algunos establecimientos en el país desde 1884, mas quédenos a los orizabeños el orgullo de haberse fundado en la ciudad, si no el primer establecimiento de este tipo a nivel nacional, por lo menos conformémonos con el que haya sido el primero de la zona. Ello lo asienta el insigne Profesor Don Melitón Guzmán i Romero, en las páginas de la revista “La Calandria”, allá por los años de 1940’s.

Laubscher, ya próximo a despedirse de esta región para remontar sus alas a las latitudes del Altiplano, y siguiendo los dictámenes de su mentor, Frederick Fröebel (Federico al castellanizarse), intenta infructuosamente de establecer en Orizaba el parvulario tal y como también ya lo había intentado sin óptimos y halagüeños resultados, en Alvarado y Veracruz puerto en otrora, así que acostumbrado estaba a la decepción que a cada rato le propinábamos los mexicanos. Fue el discípulo predilecto de Laubscher, Manuel M. Oropeza, el que estableciere el 15 de mayo de 1887, tan pronto como el primero parte a la Ciudad de México, el primer conato de Kindergarten en Orizaba, encargándole a la señorita profesora Úrsula Toro que fungiera como directora del plantel, cosa que no tuvo mayor efecto en la población.

En efecto: la desconfianza innata y genética de los orizabeños hacia toda innovación extravagante, orilló a que la apertura formal se atrasara varios años, no concretándose sino hasta el 5 de febrero de 1904, ya habiendo muerto su ideólogo alemán. Oropeza vería nacer este primer Kindergarten, al que llamó “Victoria” y se ubicaba en el propio edificio de la Escuela Modelo, en virtud de que constituía uno de los tres departamentos en que se subdividía el liceo. Jardín de Niños que recibía a niños y a niñas de cuatro a seis años de edad, impartiéndose clases de 9 am a 12 pm y luego de 3 a 5 pm y cuyas asignaturas hoy nos parecerán curiosas y asaz anticuadas: Conversaciones Maternales (entiéndase esta como la materia en la cual se cultivaba el lenguaje hablado); Trabajos Manuales o el arte de ejecutar los primeros intentos de motricidad; Dibujo, Canto, Gimnasia y una última asignatura llamada “Dones de Fröebel”, en la que el infante adquiría la idea de forma y color, reposo, movimiento, posiciones y principales nociones de geometría… todo un plan demasiado adelantado para la época y que antecedió a los palitos, plastilina y simplezas actuales.

El dicho colegio subsistió y sobrevivió al porfiriato, la revolución y buena parte de la era moderna. Tras morir Oropeza, en 1924, sus hijas continuaron con su obra por más de cincuenta años.

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