Lectura del Santo Evangelio según san Juan 12,1-8:

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.
Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?”. Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.
Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.
Palabra del Señor.

Este pasaje invita a todos los cristianos también a ungir con un “perfume auténtico” a Cristo, perfume que puede ser el perdón de algún enemigo, la reconciliación con un familiar, el retorno a la casa de nuestro Padre celestial, en síntesis un cambio de vida apoyada en la gracia de Cristo.
Existe el “espíritu de Judas” que se molesta porque se “desperdicie” el dinero para honrar a Jesús. Ciertamente el perfume era muy costoso, considerando que el jornal diario de un trabajador era un denario y el perfume costaba 300 denarios; pero la conciencia del pueblo de Israel y de los cristianos de los orígenes fue que “para Dios lo mejor”, es un espíritu de amor y adoración al Señor que está por encima de todas las cosas. Israel para celebrar a su Dios usaba lo mejor, lo más costoso, aunque fueran pobres, manifestando que Dios está por encima del dinero; los cristianos tienen la misma percepción.
El “espíritu de Judas”, que es el amor al dinero, se va infiltrando en nuestra sociedad y no permite percibir que una de las formas de manifestar el amor a Dios es presentándole lo mejor de la creación para su servicio, los mejores ornamentos sacerdotales, los mejores trajes y vestidos de los fieles para la asistencia en sus celebraciones, en todo lo mejor. Ojalá y no permitamos que el “espíritu de Judas” opaque la expresión espiritual y material de que “para Dios lo mejor”, aun cuando pudiera costar 300 denarios, ello sería poco para expresar todo nuestro amor a Dios.