Comentarios acerca de la Educación

Héctor E. Ortega Castillo

Considerada como la panacea que soluciona todos los problemas sociales, la Educación (o más bien, el sistema educativo) atraviesa por un momento extraordinariamente apocalíptico y surrealista durante la actual pandemia del endiablado Bicho de Wuhan que tiene a profesores y alumnos –sus principales actores protagónicos– encerrados a piedra y lodo, en un circuito de comunicación virtual que más pareciera como la inutilidad de las bardas de los cementerios: los que están adentro no pueden salir y los que estamos afuera no queremos entrar. Lo mismo podría decirse de la educación a distancia que actualmente vivimos (y sufrimos): pues tanto a los estudiantes les cuesta trabajo estar horas frente a la pantalla de su monitor, como al docente hacer lo propio, insertos como en una rueda del hámster que parece no tener fin.
Desde hace varias décadas, la Escuela obedece al sistema gubernamental: sus programas son definidos por la autoridad, supuestamente (y estemos esperanzados en ello) por especialistas en el ramo pedagógico, sabedores de la problemática y expectativas del alumnado, lo cual no ha sido impedimento para la sempiterna crítica de la sociedad mexicana hacia la educación. Y al ser vista como la solución de todos los dilemas, se exige al profesor que ejerza una especie de apostolado en el que finalmente se critican sus derechos considerando que tienen más privilegios que cualquier otro trabajador. Cierto es en ciertos casos, pero no es una generalidad. Especialmente llaman la atención aquellos sectores magisteriales que desde época de Tata Lázaro (Cárdenas) se ven a sí mismos no como educadores, sino más bien como grupos de choque.
Lo triste es que el mexicano común considera a la Escuela como una fábrica: un lugar destinado a la elaboración o producción de objetos en serie (los alumnos) a través de una sumisa y obediente maquinaria (los profesores), con herramientas (programas) y en un espacio determinado (la escuela en sí), a través de la innovación, la colaboración, con eficacia y eficiencia y una especial automatización de los contenidos. Porque entendamos que no es lo mismo enseñar Aritmética, en donde 2 más 2 siempre será 4, a la enseñanza de la Historia, donde más que datos y fechas, se inculca ideología inherente al partido o grupo que detenta el poder o al pensamiento institucional. Pero no peguemos el grito en el cielo, porque finalmente los Padres de Familia bien que saben el tipo de pensamiento que tiene la escuela, sea ésta de carácter público o privado.
Y son los padres quienes se vuelven los principales críticos de la Escuela (y por extensión, de la Educación), y los primeros que van a enfrentarse al docente no por los resultados de sus hijos, sino por las actitudes del profesorado. Las administraciones y direcciones de los colegios caen en la trampa y con tal de tener padres satisfechos (o por lo menos, no conflictivos) reprenden al docente y consienten al alumno. Y esto es porque finalmente lo que se aprecia no es el conocimiento en sí, más que como un mero trámite (y más en esta época en que el saber universal se encuentra a un googleazo).
La Escuela, desengañémonos de una vez por todas y aceptémoslo sin ambages, es solo una transición, un paso obligado para la añorada generación de riqueza de nuestros hijos y no nos importa pagar bastante por lograrlo. Pero, ¡Oh decepción! al alumno no le interesa aprender, ni al padre de familia que este aprenda (con que sepa sumar, restar y tenga una ortografía aceptable basta). Aguantar seis, nueve o diecinueve años desde el preescolar hasta la universidad (a nivel licenciatura como mínimo) es una carrera de resistencia en donde el premio es un papel que se llama certificado, diploma o título que garantizará ante la empresa (y ante la sociedad) que el egresado PUEDE hacer algo, no necesariamente que SEPA HACERLO.
Lo cual, nos da como resultado que la Escuela no es un centro del conocimiento, sino el lugar que sirve para crear empleados calificados… después de todo, esa es la exigencia mundial en su perverso engranaje.

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