Paradigmas literarios

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Laberintos literarios …nombre columna

Jorge Pacheco Zavala

Quizá uno de los paradigmas más notorios, es el relacionado con el efecto meta-ficcional y deliberadamente con el meta-textual. Ambos elementos, vistos a la luz de aportaciones literarias como las que encontramos en el cuento “Continuidad en los parques”, de Julio Cortázar, son en esencia, extraordinarios escenarios en los cuales el lector se convierte (voluntaria o involuntariamente), en un protagonista capturado por la historia.
La pretensiosa ambición de asumir un papel en la historia narrada, comienza siempre con un argumento que se desborda de los límites puramente literarios, para comenzar su intermitente recorrido por las líneas divisorias entre la realidad y la ficción.
Asumir que el autor (en su rol de lector), puede entender y entenderse con el otro lector, es casi como presumir de ubicuidad u omnipresencia. Los trazos del cuento de Cortázar nos encaminan, como en una vereda predeterminada, al destino poco probable de la auto-ficción. Somos nosotros, al fin y al cabo, los protagonistas de nuestro propio desamparo frente a la historia que nos invade y nos traspasa.
El arte de la meta-ficción va más allá de la otra realidad pensada por el lector, es una que transgrede la realidad ficcionada y se une a la suma de realidades alternas: el hombre que lee el libro, solo es un lector ajeno que se ve identificado ante el peligro de morir tras el engaño. O es en realidad, una abstracción de la historia contada en donde el personaje se va desdoblando según la historia lo requiera…
La notable construcción paradigmática, hace que la palabra como elemento arquitectónico adquiera vida a cada paso. Mediante una atmósfera absorbente, construida sobre el fundamento de la verosimilitud, logra en suma, trasladar al lector protagonista, y al otro lector extradiegético, al espacio temporal, donde la atmosfera, ha dejado de ser lo más importante, para centrarse en la trama que, finalmente habrá de concluir con la urdimbre controversial.
Este género literario denominado “Mini-ficción”, o “Micro-ficción”, bordea siempre a propósito las realidades más cotidianas de la condición humana. Con la brevedad de un relámpago, hace gala de la “Elipsis literaria”, figura retórica que no todo mundo domina. Es comprensible, ya que vivimos en una era en que todos tenemos algo qué decir, y sin embargo, pocos saben cómo decirlo.
El relato de Cortázar, es un claro ejemplo de que de una u otra forma, las diferentes literaturas, nos van bordeando a nosotros mismos como lectores. La pregunta obligada es: ¿Cuándo el autor captura al lector, también él (el autor) queda cautivo?
El paradigma se impone a la necesidad que el autor le impronta al personaje, que el autor le señala al lector en funciones protagónicas dentro de la historia; y finalmente, el rol que él mismo se asigna como lector víctima de su propio destino.
Por último, el paradigma deriva también en una ficción, debido a que todo paradigma procede de la mente única del lector. El otro mundo que el lector concibe como real dentro del mundo ficticio creado, es su asignación temporal mientras la historia es narrada. Esos dos mundos: el real cotidiano y el ficticio creado, al final parecen cohabitar en la propia experiencia del lector.