Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 6,7-8.14-15:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el padre les perdonará a ustedes sus faltas”.
Palabra del Señor.

Este tiempo cuaresmal es importante que nosotros nos demos tiempo para poner nuestro corazón delante de la presencia de Dios, le hablemos en nuestro interior y al mismo tiempo guardemos silencios necesarios para escuchar su voz.
Porque la oración es iniciar un diálogo confiado entre dos personas que se aman, que desahogan su corazón, compartiendo tanto los momentos difíciles como los momentos agradables, donde se escucha atentamente al otro su palabra que ilumina las decisiones que debo tomar y me corrige cuando estoy equivocando el rumbo de mi vida.
La oración no es una palabrería vana, es permitir que la voz de Jesús resuene en el silencio de nuestro corazón, por ello es necesario que propicies las condiciones interiores necesarias para que se pueda dar este diálogo, tal vez escuchando un poco menos de música, viendo un poco menos la televisión, dando espacios para la lectura y la reflexión de tu vida con sus problemas, reconciliándote con aquellos que tienes alguna diferencia.
La oración es el diálogo entre tu y Dios que tanto te ama. Regálate esos momentos de oración que tu alma tanto está necesitando para recuperar la paz. Dios te está esperando.