Haciendas, entre orgullo y explotación

Se estima que durante el Porfiriato, en México había 14 mil haciendas, actualmente quedan poco más del 25%; en la región casi han desaparecido pero han dado lugar a comunidades

Yamilet Gámez

El Mundo de Orizaba

Región.- En la región existieron diferentes haciendas donde se cultivaban productos agrícolas, los paredones de algunas todavía se encuentra en pie, mudos a las injusticias hacía los trabajadores, ahora en ruinas, otras han sido demolidas, han desapareciendo para dar paso a nuevas edificaciones.

Donde existieron haciendas se formaron las comunidades que hoy en día se conocen, sin embargo, tras la Conquista, en la región hubo importantes edificaciones, algunas han soportado el paso del tiempo, sus gruesas paredes de piedra se resisten a la extinción.

Tras la Conquista, llamó la atención la riqueza de la región, por su basta extensión de predios, con tierra fértil para el cultivo, además de contar con importantes fuentes de agua.

Es así como en la región se comenzaron a levantar las construcciones de estas haciendas, las primeras comenzaron a ser edificadas por allá del siglo XVII, tras el reparto de tierra que la Corona española otorgaba a personas adineradas, políticos, altos mandos para generar economía.

Distinguidos visitantes

El historiador y cronista, Armando López Macip, mencionó que una de las haciendas más importantes fue la de Jalapilla donde está comprobado que uno de los huéspedes frecuentes fue el emperador Maximiliano, quien en su última visita al cantón de Orizaba estuvo 41 días.

Hacienda de Jalapilla

“Donde se ubicaba la Hacienda San José Jalapilla, ahora existe una unidad habitacional”.

Destacó que las propietarias de la hacienda eran las señoritas Angela y Luz Bringas, quienes figuraban entre la sociedad por ser acaudaladas y albergar en su hacienda a más de 600 peones.

“Maximiliano se hospedó ahí tres veces, en la última que fue en 1867 pasó cerca de 41 días”.

Comentó que este lugar albergaba un ingenió azucarero, se cultivaba café, caña y se elaboraba azúcar y aguardiente, contaba además con 30 caballerías.

Describió que era una hacienda muy productiva esto se debe gran parte debido a su ubicación y cercanía con el agua del río Blanco y Orizaba. “Era muy grande, tenía suficiente agua.

El casco del edificio existió hasta hace unos 50 años, después fue fraccionado y ahora es una unidad habitacional, aún quedan algunos restos y la iglesia era parte de la hacienda”.

Hacienda de Cuautlapan

Otra gran hacienda fue la de Cuautlapan, ahí se cultiva diferentes productos agrícolas contaban con árboles frutales, caña de azúcar, dando empleo a cientos de campesinos.

El propietarios en el siglo XVII fue don Isidro de la Poza y en siglo XIX el dueño fue don José Joaquín Pesado que tenía haciendas en otros estados.

Don Isidro de la Poza hospedó a los frailes franciscanos que vinieron en 1793 de una misión, ahí fue donde se gesto el nacimiento de lo que hoy conocemos como el convento de San José,; don Isidro y su esposa Ana le manifestaron a Fray Juan Buenaventura el 18 de marzo de 1793 que le darían dinero para iniciar la obra y si esto se concretaba se llamaría San José por ser la víspera de San José.

Años más tarde el rey de España dio la autorización en 1797 de la fundación del Colegio Apostólico de Propaganda de San José de Gracia.

Otras haciendas

de la región

La Hacienda de Tuxpango también figuraba por su imponente extensión territorial, se cultivaba la caña de azúcar, albergando a cerca de 400 peones y sus familias.

“La hacienda de Tuxpango llegó a tener su propia moneda, llegó a tener mucha importancia y uno de los apoderados del lugar fue el licenciado Carlos Aguilar Muñoz”.

El Guayabal antes también fue una hacienda, donde ahora existe una unidad habitacional que lleva este nombre.

La Hacienda de Tocuila hoy Dos Ríos, era una gran hacienda.

“El Cristo” era un rancho como el de San Joaquín, propiedad de don Manuel Carrillo Tabla en el siglo 19.

En Escamela también hubo una hacienda, ahora están los arcos de Ixtaczoquitlán.

El Espinal, era una sola propiedad, que fue expropiada en 1932 a doña Inés Terrazas, pues era una propiedad inmensa.

La primera de todas fue la hacienda del Ingenio de los Nogales de San Juan Bautista, fue uno de los primeros ingenios de América.

Al Virrey Antonio de Mendoza le gustó el lugar y se convirtió en el primer propietarios, posteriormente, de ahí salió la dinastía de Orizaba, los Viveros, Suárez de Peredo y los Urtados de Mendoza.

Este lugar más que Hacienda era conocido como el Ingenio y se cultivaba caña de azúcar y aguardiente.

“Las Haciendas se dedicaban más al cultivo y en los ranchos tenían establos, árboles frutales, café, la zona del espinal tenía árboles de aguacate, de café, plátano, tenían animales y algunos terrenos de cultivo.

Los propietarios eran personas con mucha riqueza, eran terratenientes, gozaban de muchos privilegios”.

De hacienda a congregación

El Encinar antes fue una Hacienda, ahora es una congregación que pertenece al municipio de Nogales, y sobreviven algunos paredones, pero anteriormente se trabajaba en el cultivo de maíz.

El trazo de esta hacienda permitió que hora exista un lugar con calles amplias, con vías de comunicación importantes, desde su época con el paso del ferrocarril y posteriormente las carreteras que lo rodean al lugar.

Ojo Zarco en Nogales, Tecamalucan y El Mezquite en Acultzingo cuentan con los vestigios que han sido testigos durante años de parte de la historia de México.

En estas haciendas agrícolas se sembraban maíz, avena, sorgo y hasta tabaco.

La de Tecamalucan era una hacienda agrícola, fue escenario de la Segunda Intervención Francesa, en sus prósperos terrenos sembraron avena y sorgo.

Se dice que en sus habitaciones descansaron los emperadores Maximiliano y Carlota, tenía dos extensiones, las haciendas menores de Ojo Zarco y El Mezquite, en Ojo Zarco sembraban maíz y El Mezquite era un área de descanso.

La hacienda de Tecamalucan, actual Agencia Municipal, por decreto Presidencial en el año de 1932 pasó a formar parte del Fondo Legal de Veracruz; ahí por espacio de siete años hubo una extensión de la Escuela Normal Veracruzana.

También en ese lugar descansaron las tropas del Ejército Mexicano en el año de 1862 antes de las batallas de Acultzingo el 28 de abril y Puebla el 5 de mayo.

Declive y deterioro

En la época del Porfiriato existieron cerca de 14 mil haciendas en todo el territorio mexicano, están en pie actualmente cerca de 3 mil 600 y sólo el 1% están protegidas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Y es que con el triunfo de la Revolución Mexicana y el reparto agrario, las haciendas fueron divididas, la tierra fue repartida a los campesinos.

“Los edificios se deterioraron, algunos fueron destruidos durante la Revolución y como a los dueños les expropiaron la tierra, ya no cuido, nadie respondió por su cuidado, pero en su momento fueron construcciones muy bonitas”.

Fueron algunas centro de explotación

Ya lo dice el Himno Nacional Mexicano, “Y tus templos palacios y torres, se derrumbe con horrido estruendo y sus ruinas existan diciendo de mil héroes la Patria aquí fue”.

La realidad es que las Haciendas eran lugar para los acaudalados, orgullo de terratenientes, pero no para los campesinos, los peones que fueron explotados y quienes se levantaron en armas en la Revolución para que la tierra fuera de quien la trabajaba.

Se sabe que en las Haciendas tenían su propia moneda, donde comerciaban, comida, ropa, abarrotes, entre otros y de esta manera los hacendados controlaban el ingreso que recibían los peones.

“Los trataban casi como esclavos, en las Haciendas los patrones eran dueños de todo, hasta de las mujeres, había abusos, las mujeres que se iban a casar primero debían pasar la noche con el patrón, son cosas que pasaron”.

Artos de la explotación, los campesinos se aliaron, hoy estas ruinas forman parte de la historia.

“Más si osare un extraño enemigo, profanar con su planta tu suelo, piensa oh patria querida que el cielo, un soldado en cada hijo de dio”.