la lucha por la igualdad en salud

Dra. Matilde P. Montoya, la lucha por la igualdad en salud

Adriana Balmori de Amieva

Seminario de Cultura Mexicana

Consejo de la Cónica

El 26 de enero se cumple un año más de la muerte de la Dra. Matilde Montoya y por ello quiero recordar quien fue esta luchadora que hace honor a su nombre, puesto que Matilde es un nombre de origen alemán que significa “valiente guerrera”. Gracias a la tenacidad, con la que enfrentó el rechazo de la sociedad conservadora y machista del México del siglo XIX que puso incontables obstáculos en su camino, fue la primera mujer que pudo

graduarse como médica en la República Mexicana.

“Mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin” es un dicho que se aplicaba con todo el rigor de sus palabras en el México decimonónico. En la Facultad de Medicina, al igual que las demás facultades de la Real y Pontificia Universidad de México, durante más de 250 años no se encuentra registro de alguna mujer inscrita como alumna. En alguna se les permitía asistir como oyentes, nada más.

Matilde Petra Montoya Lafragua (1857-1938), muy joven ingresó a la Escuela Nacional de Medicina y recibió su titulo de partera en mayo de 1873. Al cumplir los 18 años en 1875 se instaló en la ciudad de

Puebla, donde ejerciendo como partera alcanzó enorme prestigio y clientela, desafortunadamente sufrió de calumnias y difamación. Prueba de ello fueron los ataques en varios periódicos locales, publicando violentos artículos en los que convocaban a la sociedad poblana a no solicitar los servicios de esa mujer poco confiable, acusándola de ser ¡masona y protestante!, razón que la obliga a partir hacia Veracruz. Pasada la oleada de ataques, regresó a Puebla y pidió su inscripción en la Escuela de Medicina. Fue aceptada en una ceremonia pública a la que asistieron el Gobernador del Estado, todos los Abogados del Poder Judicial, numerosas maestras y muchas

damas de la sociedad que le mostraban así su apoyo. Sin embargo, los sectores más radicales redoblaron sus ataques, publicando un artículo encabezado con la frase: “Impúdica y peligrosa mujer pretende convertirse en médica”.

Agobiada por las críticas, Matilde Montoya regresa a la Ciudad de México, donde por segunda vez solicitó su inscripción en la Escuela Nacional de Medicina ahora para estudiar la carrera de médico. Varios docentes y alumnos opositores solicitaron que se revisara su expediente antes de los exámenes finales del primer año, objetando la validez de las materias del Bachillerato que había cursado en escuelas particulares. A Montoya le

fue comunicada su baja. Solicitó a las autoridades que si no le eran revalidadas las materias de Latín, Raíces Griegas, Matemáticas, Francés y Geografía, le permitieran cursarlas en la Escuela de San Ildefonso por las tardes. Su solicitud fue rechazada, ya que en el reglamento interno de la escuela el texto señalaba “alumnos”, no “alumnas”.

Desesperada, Matilde Montoya escribió una carta al Presidente de la República, General Porfirio Díaz, quien dio instrucciones al Secretario de Ilustración Pública y Justicia, para que el Director de San Ildefonso permitiera que Matilde cursara las materias en conflicto.

Tras completar sus estudios con

buenas notas y preparar su tesis, Matilde Montoya solicitó su examen profesional. Nuevamente se topó con el obstáculo de que en los estatutos de la Escuela Nacional de Medicina se hablaba de “alumnos” y no de “alumnas”, por lo que le fue negado el examen. Una vez más, dirigió un escrito al Presidente Porfirio Díaz, quien emitió un decreto para que se realizara de inmediato el cambio de estatutos. Hubo quien publicó que Matilde Montoya se había recibido por decreto presidencial.

Escribió su tesis sobre un tema novedoso en su tiempo “Microbiología: Trabajo escrito para el examen general de Medicina, Cirugía y Obstetricia, Técnica de laboratorio en algunas

investigaciones clínicas”. Para su examen profesional, el 24 de agosto de 1887, en lugar de disponer el Salón Solemne de Exámenes Profesionales, se le asignó un salón menor.

Faltando pocos minutos para el examen, llegó un mensajero avisando que el Señor Presidente Porfirio Díaz salía a pie de Palacio Nacional, acompañado de su esposa Carmelita y algunas amistades, para estar presente en el examen profesional de la Srita. Montoya.

Rápidamente abrieron el salón de actos solemnes, donde se realizó el examen cumpliendo con todos los puntos reglamentarios. Matilde Montoya contestó correctamente y fue aprobada por unanimidad. Al otro

día, Matilde realizó su examen práctico y en representación del Presidente Díaz, estuvieron, su Secretario Particular y el Ministro de Gobernación. Después de recorrer las salas de pacientes, con distintos casos, la examinada pasó al anfiteatro, donde realizó en un cadáver las disecciones que le pidieron, siendo nuevamente, aprobada por unanimidad. Al día siguiente la mayoría de los periódicos festejaron la victoria final después de tantas batallas de la Señorita Matilde Montoya, Primera Médica Mexicana.

Gracias a esta valiosa y valiente mujer se nos abrió el camino a las mujeres que quisimos estudiar profesionalmente la medicina y sus

ramas, y me da mucho gusto que se le reconozca de manera oficial, prueba de ello es que muchos de los datos anteriores los encontré en los documentos de la Secretaría de Salud.