Envidiar a nuestros vecinos del Norte

La voz en corto

Octavio Rodríguez Pasquel Bravo

En otras ocasiones he hablado de que la envidia es uno de los peores sentimientos que puede albergar el ser humano, algo que afortunadamente no he sentido ante persona alguna, aunque sí hacia otros pueblos que han logrado conservar sus pasos democráticos, que no son perfectos pero que son perfectibles.

Al escuchar el discurso de Biden al tomar posesión de la Presidencia de los EE.UU. sentí una profunda envidia de que este hombre sin estridencias habló de su Constitución de los valores que les inculcaron los que ellos llaman Padres de la patria.

Seguí sintiendo envidia cuando habló de unir a su país respetando razas, religiones e ideas, poniendo de ejemplo que gobernará lo mismo por los que votaron por él como por los que no lo hicieron, por igual a conservadores y liberales, resumiendo lo que otros anhelamos, la unión de todos ellos.

El contraste de lo que pasa en nuestro país en lugar de defender la Constitución por politiquerías que trata de destruir los pasos balbuceantes de nuestra democracia, que había ido construyéndose con organismos que eran un freno para el poder absoluto, siendo el último de los reductos el actualmente tan atacado INE que permitió la alternancia de la Presidencia de la República del PRI al PAN y del PAN al PRI culminando del PRI a Morena.

Es un organismo que debemos defender con las uñas de los ataques de un Dictador en ciernes.

El Departamento de Salud de los EE.UU.

Lo presentó Biden en días pasados conformándolo con científicos y sabios en la materia, con los cuales, no dudo, tomará las decisiones correctas para atacar la temible pandemia, muy distinto a nombrar partidarios aunque no sepan de la materia en que se desempeñen como Bartlett en la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y podíamos seguir señalando a incompetentes en casi todos de sus colaboradores, sólo burócratas de la política.

A pesar de todo el porcentaje de aceptación de López Obrador sigue estando alto, lo que sucedía con Fidel Castro en la Cuba depauperada, que la describe Leonardo Padura el mismo que ha recibido entre múltiples Premios desde la Princesa de Asturias de las Letras por el conjunto de su obra con sus novelas policiacas y con el estupendo El Hombre que Amaba a los Perros y actualmente con él “Como Polvo en el Viento” que está en los primeros lugares en varios países entre ellos el nuestro, es un canto a la amistad, al amor, a las lealtades es una obra que recomiendo ampliamente y en uno de los pasajes en que se preguntan cómo llegaron a la pobre situación a la que ya me he referido, y uno de los personajes dijo que se debía a la ignorancia, a las mezquindades y la envidia de su pueblo que se asemeja mucho al nuestro, que con un discurso que vivan los pobres y mueran los que tienen algo, diciendo: no me importa quedarme tuerto si mi vecino se queda ciego.

Discursos de odio que dividen pueblos y lo someten.

 

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