Disueltos y cremados, los 43 normalistas de Ayotzinapa

De la Redacción

De acuerdo a la narrativa de un testigo de lo ocurrido en la noche del 26 de septiembre de 2014, en Iguala, policías, militares y sicarios detuvieron a los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, para ser entregados a la organización criminal Guerreros Unidos. Algunos de los cuerpos de los capturados fueron disueltos en ácido, otros fueron desmembrados y enviados a cremar en una funeraria.
Lo anterior, de acuerdo al expediente al que tuvo acceso el periódico Reforma, en donde un hombre identificado como “Juan”, quien sería un presunto líder de Guerreros Unidos, dijo a la Fiscalía que también se detuvieron a 30 personas más, pero sólo una parte del total fueron interrogados en el 27 Batallón de Infantería, ubicado en la capital del estado de Guerrero. Después, fueron entregados al grupo criminal para que los desaparecieran, algunos ya muertos.
Asimismo, la llamada “verdad histórica” elaborada por la entonces Procuraduría General de la República del sexenio de Enrique Peña Nieto, queda de nuevo refutada por este testigo protegido, al referir que parte de los restos de los jóvenes fueron “sembrados” en el basurero de Cocula, para dar celeridad a las investigaciones y determinarse que ahí habían sido incinerados.
Las revelaciones de “Juan” han llevado, en esta administración federal, a la detención del capitán José Martínez Crespo y a la liberación de 17 órdenes de aprehensión más contra militares relacionados con los hechos.
Martínez Crespo, quien sigue su proceso en la cárcel del Campo Militar Número 1, fue señalado por “Juan” como operador de la detención de los normalistas, quien incluso quiso apresar a otros heridos que estaban en un hospital.

Hay más de 43
“Deseo señalar que no solamente se ejecutó a 43 estudiantes y las personas que murieron en Santa Teresa, sino que hubo más personas muertas en el evento del 26 y 27 de septiembre de 2014, las cuales pertenecían al grupo de Onésimo Marquina Chapa y de Isaac Navarrete Celis, y que se metieron a Iguala, siendo un total como de 70 u 80 personas el total de muertos de esos hechos”, declaró “Juan” el 10 de febrero de 2020.
Guerreros Unidos buscaba a sicarios rivales (Los Rojos) que les debían dinero y que se infiltraron entre los estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, los cuales fueron interceptados a bordo de autobuses que habían tomado en Iguala, con la intención de trasladarse a la Ciudad de México para protestar por la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.
Un grupo de personas fue detenido directamente por integrantes de Guerreros Unidos, otro se lo llevó la policía estatal, y a otro el Ejército, trasladando a algunos a las instalaciones del 27 Batallón de Infantería, en donde los interrogaron para saber quiénes eran los sujetos que venían del grupo contrario.
De ahí fueron entregados a una célula de Guerreros Unidos conocida como “Los Tilos”, los cuales procedieron a su de-saparición, diluyendo cuerpos en ácido y sosa cáustica para verter restos líquidos por coladeras y el drenaje.
De acuerdo a la declaración de “Juan”, en un domicilio de Lomas de la Cumbre y Lomas de la Concha, Colonia Tacuba-11 de Marzo, de Iguala, otros muchachos fueron destazados a machetazos y hachazos, para llevar los restos a la funeraria “El Ángel”, en donde tardaron dos días en cremarlos.
Los restos que no se alcanzaron a incinerar fueron esparcidos en Taxco, cerca de unas minas abandonadas, e Iguala, poco antes de llegar al pueblo de Coacoyula.
Asimismo, una parte de las cenizas fueron entregadas por los narcos a un agente de la policía ministerial de Guerrero de nombre Wenceslao, el 3 o 4 de octubre de 2014, con el fin de que las autoridades locales tuvieran resultados en sus investigaciones. El mismo día en que entregaron las cenizas, las autoridades estatales fueron a dispersar los restos, e inclusive a “sembrar” casquillos y cartuchos entre las piedras en el basurero de Cocula.
Esta operación desarrollada entre narcos y autoridades estatales tenía el propósito de responsabilizar a la gente de nivel más bajo en la organización delictiva, y no a los capos, de la desaparición de los normalistas, refiere el reporte hecho por Reforma.
La entonces PGR de Jesús Murillo Karam estableció en el “hallazgo” de Cocula la denominada “verdad histórica” del caso Ayotzinapa y procedió a la detención de algunos sicarios, del entonces alcalde perredista de Iguala, José Luis Abarca, y de su esposa, María de los Ángeles Pineda, y de policías municipales.