“El sol en el ocaso”, 1521

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Desde el Portal

Marcela Prado Revuelta

Debo tener medio aburridos a mis tres lectores y medio, con esto de los números y la Historia que se repite como se le da la gana. Ni modo.

Pero ocurre que, según el Archivo General de la Nación, el 9 de Enero de 1521, fue coronado Cuauhtémoc, el último emperador azteca.

El párrafo de la AGNMex, es impresionante:

“Un día como hoy, pero de 1521, fue coronado el último tlatoani mexica, Cuauhtémoc, cuyo nombre, que significa “águila que cae” o “sol en el ocaso”, resultó premonitorio, pues le tocó ver la caída de México-Tenochtitlán tras dos años de guerra contra una poderosa coalición de diversas nacionalidades indígenas que aprovechó en su beneficio la irrupción de los españoles. #AGNMex (SIC)

Es impresionante, porque habla de una “poderosa coalición de diversas nacionalidades indígenas”, que “aprovechó en su beneficio, (de los indígenas), la irrupción de los españoles”.

No habla de “conquista española”. No habla de que Hernán Cortés, (llegado a lo que hoy es Veracruz apenitas en abril de 1519), “había conquistado México-Tenochtitlán”.  No habla de que los “conquistadores conquistaron” la capital de los aztecas, riguroso, peligroso imperio con sus “guerras floridas”.

Habla de un previsible movimiento de nacionalidades indígenas que estaban hasta el penacho de pagar impuestos, en especie y en hombres y en oro y en plumas y cacao y pescaditos y sepa la madrépora, a los poderosísimos imperiales de Tenochtitlán. Hasta el penacho estaban, digo. El “gordo de Cempola” estaba más enojado que nadie. Y a los tlaxcaltecas no los detuvo nada, amparados en los caballitos que llegaron a las playas de Chalchihuecan.

Tomaron su desquite a lanza, escudo y otras armas que no conozco.

Trescientos años, 7 meses y 15 días más tarde, el 24 de Agosto de 1821, en Córdoba, Veracruz, Agustín de Iturbide, (el criollo) y Juan 0’Donojú, (el peninsular), firmaron el Tratado de Córdoba, para finalizar una etapa colonial, utilizar por primera vez el nombre de “nación mexicana” en lugar de “Nueva España”, y Santas Pascuas, que en este momento estamos. En Santas Pascuas.

Y, en este momento, faltan unos cuantos meses y días para que, el próximo 24 de Agosto, se festejen, (palabra que no me gusta), los 200 años de la auténtica Independencia de México. En Córdoba, Veracruz. Mi tierra.

Doscientos miserables años.

Somos una nación muy joven y, por lo tanto, en términos de la Historia, andamos más bien como en la preadolescencia, (que es la etapa más bien tarada de los seres humanos, cuando todavía no sabemos, a los quince, “que el amor de mi vida” tarda como quince días, hasta que se encuentra el verdadero).

Todavía andamos buscando, como Nación, como País, el verdadero amor.

La Democracia auténtica, por ejemplo.

(Estoy mirando la sonrisa del profesor de Historia de México, el Lic. José Vargas, cuando le hacía, en la Prepa, preguntas más bien sin respuesta)

Cuauhtemoc, “Águila que cae” o “El sol en el ocaso”, si fue premonitorio. Cayó su imperio que, como todos los imperios, agotó la paciencia y la resistencia y una “lealtad” basada en el poder de las armas.

El sol se puso. El águila cayó. De lo más alto.

El “último tlatoani” fue vencido no por la “irrupción”, sino porque la Historia marca unos límites que desconocemos.

Fue vencido por sus pares, hartos. Hasta el penacho de hartos.

Hoy, 9 de enero del 2021, trescientos años más tarde del “sol en el ocaso”, estoy mirando otro “sol” en el ocaso, que no utiliza armas, sino la mentira, para sostenerse en el poder.

Al ratito, quien se siente el “penúltimo tlatoani”, llevado a la silla de emperador mexica, hace dos años y 32 días, caerá por su propio peso.

Y nada más.

 

EL MUNDO DE ORIZABA