No me olvides

Hands writing on old typewriter over wooden table background

HÉCTOR E. ORTEGA CASTILLO

 

Dicta una antigua leyenda del Medievo que un caballero con su armadura y su hermosa prometida paseaban en un bosque, montados en recio corcel. Al pasar por la orilla de un río la dama vió un grupo de flores azules meciéndose en el agua. Al punto, solicitó a su amante que se las recogiera; mas el audaz caballero resbalóse y cayó en el río. La pesada armadura impedía sus movimientos y lo hundía cada vez más. Con su postrer aliento, alcanzó a tomar las pequeñas y azules flores y extendiendo su brazo se las dio a su amada, diciéndole “No me olvides”, antes de hundirse completamente y morir ahogado.

La minúscula flor de cinco pétalos azules ha significado desde entonces la eternidad del amante, la belleza de la amistad y la pureza de la fraternidad. Esto último reflejado en la Alemania del régimen nazi hace ya casi un siglo.

Cuando Adolf Hitler llegó al poder, casi de inmediato inició una tremenda persecución dirigida hacia diversos grupos (no solo hacia los judíos como habitualmente se cree), como los gitanos, los homosexuales, etc. Entre estos, estaban las sociedades secretas, especialmente la Francmasonería. Hitler y sus esbirros propusiéronse erradicar a esta Orden a partir de 1937 persiguiendo a sus miembros, llevándolos a campos de concentración o, simplemente, ejecutándolos (como también ocurriría en distintos países totalitarios). Se estima que murieron entre ochenta y doscientos mil masones en Europa durante los aciagos años del nazismo.

Los Hermanos Masones tuvieron que volverse mucho más discretos. Así pues, los emblemas tradicionales de la Escuadra y el Compás tuvieron que desecharse, pues ya no representaban seguridad. No había forma de reconocerse en la calle y mantener viva la llama masónica, hasta que en 1938 la Grossloge Zur Sonne (Gran Logia del Sol) comenzó a utilizar la flor “Nomeolvides” como símbolo de reconocimiento entre los francmasones, quienes iban por la calle luciéndola en la solapa de sus trajes. Hiciéronse numerosas insignias metálicas (o pins) con esta flor, que incluso se utilizaron en los campos de concentración europeos como señal de reconocimiento entre los masones perseguidos.

Poco después de finalizar la Segunda Guerra, en 1947, se reinstauró la Gran Logia de Alemania. Su Gran Maestro Theodor Vogel en 1948, al fundar una nueva logia en la localidad bávara de Selb propuso (y se adoptó) el pin de la flor “Nomeolvides” como emblema oficial de la Primera Convención Anual Francmasónica, y de esta forma, honrar a los valerosos masones que se mantuvieron en pie con la esperanza de preservar la lucha en bien de toda la humanidad, enalteciendo también a aquellos que continuaron con los trabajos masónicos incluso en las condiciones más adversas. Como la fábrica y los moldes aún existían, Vogel encargó una enorme cantidad de insignias de la modesta florecilla que gratuitamente distribuyó a todos los masones en visitas oficiales, especialmente Canadá y Estados Unidos. Siendo en la actualidad aun, uno de los más importantes emblemas que distinguen a la Francmasonería Alemana.

Fue así como ésta humilde y sencilla flor, pequeña e insignificante para muchos, contiene entre sus pétalos toda una historia de esperanza y de resistencia.

[email protected]