2021: Aniversarios y Esperanza

Finalmente llegó el 2020 a su fin. Un año marcado no solo por la pandemia originada por ese avieso bicho de Wuhan, sino por aquella sensación melancólica de desesperanza y desasosiego. Por eso, el paso de un año a otro es más bien simbólico, ya que –aceptémoslo– somos simples entidades deambulando en medio de una maraña caótica de sucesos, viajando sobre un escombro que sentimos enorme, pero que para el universo no es más que un minúsculo grano de arena. El tiempo (o mejor dicho: la medición del tiempo) es completamente arbitraria, y podríamos decidir, entre todos, que el 2020 nunca existió, o que fue un mal sueño digno del más sublime de los psicópatas. En medio de todo esto nos llega un 2021 el cual tiene, tendrá, varios aniversarios que –nuevamente– han de infundirnos la esperanza de que todo podría mejorar, que tiene que mejorar, y que hay celebraciones, hijas de la memoria, que no remiten a un pretérito que jamás vivimos pero el cual creemos mucho mejor que esa historia reciente que nos dejó un sinsabor inconmensurablemente maquiavélico en ese 2020 que se ha ido, gracias al Creador, para siempre.

Este año, por lo mismo, festejaremos el Bicentenario de la Consumación de la Independencia de México. Ya el Gobierno (otra abstracción humana inventada por los homínidos) lo ha definido como el “Año de la Independencia y de la Grandeza de México”. Dentro de este cúmulo de festividades, se encuadran varias dignas de mención: por ejemplo, en Febrero habremos de festejar el bicentenario del Plan de Iguala, y por ende, los 200 años de la bandera tricolor que nos caracteriza (y de paso, también los 200 años de los chiles en nogada). Para mayo, la (las) Batalla de Córdoba, punto final de la guerra independentista en cuanto a la parte bélica; en agosto, los 200 años de los Tratados de Córdoba, mismos que deberían ser no solo una conmemoración regional, sino nacional; y para septiembre los dos siglos de la firma del Acta de Independencia de México y por supuesto, la entrada del Ejército Trigarante a la capital del país. Todos se volcarán alegremente a ensalzar unos, y a denostar otros, la figura de Agustín de Iturbide y pocos recordaremos a Doña María Ignacia Rodríguez de Velasco de Osorio Barba y Bello Pereyra, alias la “Güera” Rodríguez, quizás la verdadera artífice de nuestra Independencia y quien amerita un mayor análisis y mejor recuerdo en nuestra historia.

También debemos recordar este año al primer Centenario de la Secretaría de Educación Pública (SEP), creada por el Presidente Álvaro Obregón Salido en 1921 y cuyo primer titular fue el controvertido José Vasconcelos (la Academia Nacional de Historia y Geografía filial Veracruz dedicó ya varias conferencias en 2019). Para más bien que mal, la SEP ha sido pilar inmarcesible de las políticas públicas educativas de nuestro país y justo es que se le reconozca con justicia y se le recuerde en este año.

De igual forma, y para quienes gusten de recordar otras festividades, habremos de recordar que este 2021 también se celebran 200 años del fallecimiento del gran corso Napoleón Bonaparte, que también influyera, al menos indirectamente, en nuestra Independencia, al invadir España en 1808. Para los fanáticos del tango, se cumplen 100 años del natalicio del eminentísimo Astor Piazzolla; el primer centenario del descubrimiento de la insulina; o si gusta entrar en polémicas, los 500 años de la Caída de la Gran Tenochtitlán, el principal capítulo de la llamada Conquista de México.

Esto, por citar algunos aniversarios que me parecen trascendentes. Sin embargo, lo más importante es celebrar que estamos vivos, que la eterna lucha continúa y que debemos tener y mantener la ESPERANZA. Tenga Vd. un gran, estupendo año.