Dante Octavio: ilustre Caballero Pluviositano

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Héctor E. Ortega Castillo

“El alumno siempre tiene la razón… siempre y cuando yo se la dé”.

Quedóseme grabada esta frase del Muy Ilustre y entrañable Ingeniero Dante Octavio Hernández Guzmán, allá por 1999, cuando en tiempos más mozos tuve el privilegio de impartir clases de Teoría de la Comunicación en la Escuela Morelos, fundada y dirigida por él durante más de un cuarto de siglo. Fue Dante Octavio –como cariñosamente me refería a él– quien me daría mi primera oportunidad como docente, derrotero del que no me he apartado hasta la fecha.

La frase lapidaria, lejos de resultarnos despótica y autocrática, habla de la excelente disposición del Ingeniero para con sus pupilos (de los que yo sería honrosamente uno de ellos entre 1986 y 1989), a quienes siempre nos concedía una encomiable confianza en nuestro sentido común. No por nada, año con año, diciembre tras diciembre, organizaba festivales culturales en los que participábamos, ya fuera con la tradicional rama navideña, poesía, canto o hasta fonomímica, que estaría muy en boga en aquellos ayeres menos pandémicos y más esperanzadores. Dante Octavio confiaba en sus alumnos. Así como nosotros lo apreciábamos y confiábamos en él, apelando sempiternamente a su gran sensatez como juez en las querellas estudiantiles que, pacientemente, dirimía en su acogedor despacho cuando se encontraba en el edificio que alguna vez fuera el ilustrísimo Colegio Nacional Preparatorio de Orizaba; y más tarde haría lo propio en su nueva sede, en la casona que fuera hogar de Don Manuel Montes Argüelles.

Pluviositano de cepa, nació el 23 de mayo de 1949 y graduóse en el muy orizabeño también Instituto Tecnológico como Ingeniero Industrial. Como ya se ha mencionado, dedicóse a la enseñanza. Vastísimo currículum en estos menesteres habría de generar a lo largo de toda su fructífera vida, siendo miembro numerario y Vicepresidente de la Academia Mexicana de la Educación de Veracruz, a la que también publicaría su boletín para la corresponsalía Córdoba y Orizaba.

Por cierto que no hay que olvidar que tenía su propia imprenta desde 1994 y hasta 2007. Recuerdo el 13 de abril de 1994 en el Club Moctezuma, cuando nacería el periódico “Cambio 2000”, del que conservo algunos ejemplares, y que fuera dirigido por el Ing. Dante O. Hernández y otro orizabeñísimo personaje que fuera su gran amigo: el Lic. Enrique García Vera (quien también partiría a las esferas celestes este año). A este periódico le sucedería “Ars Literarum” (1998), órgano informativo de su escuela, como también lo fue “MComunidad Morelos” (2001), y las revistas culturales “Ex Libris” (1998) y “Palabra Libre”. Y pese a que muchos criticarán esto, también mencionaremos la revista “A los toros”, que dirigiera el Ing. allá entre 1994 y 1996.

Impulsa la cultura y muy especialmente la historia y la literatura. Amplio es su repertorio como autor, pero entre sus libros, un sitio muy especial estaba en los de Historia de Orizaba, a no dudarlo, su tema favorito y al que dedicaría sus mejores escritos. Verdaderas investigaciones a profundidad, entre las que destacan “Ignacio de la Llave. Un héroe olvidado” (plaqueta, 1990), “Monografía, cronología histórica y datos estadísticos de la región de Orizaba” (1994), “Diccionario enciclopédico de la región de Orizaba” (1994), “Pinceladas orizabeñas” (1995), “Orizaba en tiempos de toros” (1998), “La villa de Orizaba y sus antecedentes” (plaqueta, 2000), “Imágenes en movimiento de Orizaba” (historia del cine en la región, 2001), “Orizaba en la independencia” (2002), “General Ignacio de la Llave. Defensor del Liberalismo” (2003), “De mi libreta de apuntes taurinos de antaño y hogaño” (2004), “Orizaba y su escudo” (2006) y “La prensa y los libros de la Colonia y su influencia en la cultura de Orizaba” (2011); todas estas obras de consulta imprescindibles en la biblioteca de todo orizabeño. Por supuesto que me han faltado otras, pues también incursionó en el ámbito de la poesía, el libro de texto y el cuento.

Encomiable también fue su labor como divulgador cultural al frente de sus colecciones “Itz’papalotl” (‘Mariposa de obsidiana’, al que pertenece mi primer libro “La prensa de Orizaba”, y cabe decir que el Ingeniero Hernández siempre impulsó a noveles autores como quien esto escribe) y la serie “Los hijos de Ahauializapan”, plaquetas de diversos autores que, en justicia a su memoria, deberían de seguir publicándose.

Qué decir de su labor social en la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material de Orizaba (1989-1993), la Feria Expori (1992) y la Asociación Orizabeña de Promoción a la Comunidad (1993), y Director del Archivo Municipal de Orizaba desde 2005 hasta 2013, y a quien se le debe la preservación y rescate de importantísimos documentos de nuestra memoria. Por supuesto, Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia y Geografía filial Veracruz desde octubre de 2015 y fundador de la misma.

El 29 de noviembre de este calamitoso 2020, Dante Octavio se bebió de golpe todas las estrellas y se volvió en aquello que más evocaba, siendo ya historia, leyenda y tradición.

 

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