La vacuna

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Cuenta la leyenda que cuando yo era niño cometía con frecuencia ciertos errores gramaticales que por ser repetidos causaban cierta confusión en mi madre, por ejemplo, repetidamente colocaba la letra “w” en lugar de la “ñ” y en lugar de escribir “muñeco” escribía “muweco”, esta simpática composición aligeraba las molestias de mis maestras pues más que enojo causaba risa. Lo peor era que tras escribir erróneamente la palabra era capaz de pronunciarla erróneamente bien y al escucharla me daba cuenta que había colocado mal una letra; también ocurría que al aprender una nueva palabra era tal mi emoción que confundía su uso; por ejemplo, la primera vez que vi una máquina locomotora de ferrocarril de inmediato la bauticé como: ¡Vacuna!
¿Qué tenía que ver una cosa con otra? ¡Nada! Pero así fue mi niñez, cada cierto tiempo y cada cierto evento “los cables léxicos” se me cruzaban, nunca fue un verdadero problema para mi porque yo sabía que había grupos de palabras o de conceptos que siempre confundiría, así que por ello me aventure a la escritura y trabaje en desarrollar un estilo literario que conservará esa hilaridad pareciendo confundidamente claro en mis percepciones y proyecciones verbales de los haberes de mi imaginación.
Seguro usted también tiene historias y pasajes de dislexia que ahora que es adulto le dan risa, le recomiendo que no se haga ilusiones, aún siendo mayores de edad o entrados en canas este detalle nunca desaparece, al grado que a veces uno tiene que describir la palabra a la que se refiere para que otras personas le ayuden con el nombre del concepto. Es divertido, inofensivo y no tiene cura; de hecho, hace poco olvidé como se le llamaba a la cosa esa que sirve para abrir agujeros en la tierra y dije: cava, en lugar de pala.
¿A que vienen mis historias de infante ridiculo? A que me parece que algo de esto, nos está pasando a todos en estos tiempos de encierro y confinamiento, vamos confundidos por la calle sin saber diferenciar la realidad de la ficción, hemos perdido la capacidad de asombro toda vez que esta pandemia nos quito esa venda de los ojos que nos mantenía incrédulos. Hoy ya no es increíble saber de millones de contagio por un virus extraño, hasta el más modesto ciudadano de lenguaje singular sabe que es “home office” aunque nunca lo haya hecho, todo el mundo habla de las reuniones por “Zoom” y de las compras en línea, la molestia apática de los jóvenes por el mecanismo educativo emergente los hace culpar a las instituciones escolares pero confunden al culpable; hemos sido en general víctimas de nuestro exceso de confianza y la nueva realidad nos confunde aún más que la ficción.
En este punto todos coincidimos que los tiempos son tan novedosos por trágicos al grado que hasta las modalidades de crimen han cambiado, los secuestros se han reducido y la gasolina es relativamente barata si es que se le puede decir así a un bien perfectamente inelástico ¿Y como demonios no? Si la gente no sale a la calle, no usa el auto y se expone menos a la delincuencia, a pesar de ello la “iniciativa” criminal es prolija y ahora el fraude cibernético está en boga en sus distintas modalidades; lo mismo es que le clonen su tarjeta, que le vacíen los pocos céntimos que tenga en su cuenta de nómina o peor aún, que compre usted en alguna tienda en línea una computadora y le llegue por mensajería un kilo de arroz.
El ser humano esta reaprendiendo, esta iniciando un nuevo ciclo en toda la extensión de la palabra y a lo largo de toda la curva de demanda, la conducta del consumidor se modifica y quienes así lo entienden, se adaptan velozmente para obtener las ganancias que los meses pasados nos quitaron así que ¡Hay que subirse a esa curva! entender que hace algunos meses todo era negro y que hoy sin ver aún cielos azules ya se ve más claro el panorama. La cosa pues querido lector, es que este es un punto de inflexión donde o avanzamos o nos hundimos: Sugiero que aprendamos rápido, sin dislexia económica. Vea usted el caso de la empresa “Vinos Santa Helena” que sin dejar de vender botellas de uva fermentada ahora vende por internet bicicletas, patinetas, cobertores y hasta ¡calzones! Es más ¿Se acuerda usted de Kodak? Aquella que vendía equipo fotográfico, pues ahora cotiza en la bolsa de New York como laboratorio, pero de ¡Medicamentos y vacunas!
Total, más vigente que nunca es “renovarse o morir”, más claro que nunca el “hay que morir para vivir” así que entienda usted que lo que esta viviendo es un duelo, una catarsis donde como ya le he dicho hemos muerto sin haber perdido la vida (aún) por ello es lamentable ver como hay quienes literalmente no se han “mojado” en la lluvia, aquellos que “Gobiernan un país como si creciera al 9% cuando en realidad decrece al -9%.” [Romo, A. 2020].
Veo mucho más futuro en los ciudadanos, en los empresarios, en las amas de casa y hasta en los jóvenes que sin apoyos han ido aprendiendo “a tumbos” este año donde pronunciar una palabra nueva es tan difícil como entenderla (como cuando yo era niño). Donde no veo futuro promisorio es en los esfuerzos del gobierno federal que no despierta de su letargo, que vive sumido en 2019 o quizá algunas décadas más atrás y me preocupa porque es urgente que corrijan el rumbo de este país ahora que -en teoría- llegará la vacuna.
Ya se preguntó usted ¿Cómo diantres llegarán la vacuna a las poblaciones vulnerables si no llegan los medicamentos tradicionales? ¿Asaltarán los transportes de vacunas en la cumbres de Maltrata? ¿Habrá mercado negro de vacunas? ¿Se revenderán o falsificarán las vacunas? Uff… de lejos, sin saber nada de política yo veo que lo peor está por terminar en el mundo, pero en México ¡Caramba! Siguen confundiendo la paz falsa que da el poder desde el interior de palacio cuando en las calles se gesta el grito de inconformidad que puede ocasionar que a los gobernantes les pase lo mismo que a mi cuando era pequeño… Que vean salir del túnel una luz a toda velocidad sobre las vías férreas y griten: ¡La vacuna!
El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab