Santa Cecilia

Adriana Balmori de Amieva

Colaboración

No hace mucho tiempo era frecuente despertar el día 22 de noviembre con el tronar de los cuetes, después de habernos acostado con las notas de las mañanitas o “gallos” que los músicos dedicaban a Santa Cecilia. Durante el día las alegres y musicales peregrinaciones para festejarla se sucedían sobre todo en las calles más céntricas. Los mariachis, los tríos, las marimbas, jaraneros y hasta grupos de rock, competían alegremente con sus carros engalanados, y con los acordes de los ritmos de su música en particular, llegaban hasta la iglesia donde es venerada, en Córdoba en la Iglesia de Ntra. Señora de Guadalupe en el famoso barrio de las Estaciones, en Orizaba la reunión es en la plazoleta atrás de la Catedral de San Miguel Arcángel y en Fortín en su ya Parroquia de Santa Cecilia.

Santa Cecilia o Cecilia de Roma fue una una virgen y mártir romana de la Iglesia primitiva, que supuestamente vivió entre los años 180 y 230, todo lo que conocemos de ella está rodeado de suposiciones y poco es lo que sabemos con exactitud, sin embargo está basado en las Actas de Santa Cecilia, documentos anónimos que aparecieron en 480, y fueron traducidos del latín al griego e incluidos en los prefacios de las Misas, por lo que la santa es nombrada en algunos de ellos.

Según estas actas, pertenecía a una noble y acomodada familia romana y había abrazado la religión cristiana, así mismo se había consagrado al Señor, sus padres ignorantes de ello la prometieron a un joven patricio llamado Valeriano. Se cuenta que el día de su boda, mientras los músicos tocaban, ella, gozosa, cantaba interiormente alabando a Dios. Cecilia se negó a consumar el matrimonio y dijo a Valeriano que un ángel protegía su virginidad, y éste incrédulo respondió que si era así, tenía que verlo. El diálogo, se dice fue éste:

Cecilia: Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio, si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí.

Valeriano: Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides.

Cecilia: Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo, verás al ángel.

Valeriano obedeció y fue al encuentro de Urbano I, el papa lo bautizó y Valeriano regresó como cristiano ante Cecilia. Entonces se apareció un ángel a los dos y los coronó como esposos con rosas y azucenas. Cuando Tiburcio, el hermano de Valeriano, se acercó a ellos, también fue convertido al cristianismo y a partir de entonces vivió con ellos en la misma casa, en completa pureza.

Las persecuciones a los cristianos eran continuas y feroces en esa época; Valeriano y Tiburcio desobedeciendo la orden del prefecto Turcio Almaquio de dejar insepultos a los cristianos martirizados, se dedicaron a sepultarlos, fueron aprehendidos y antes de ser decapitados convirtieron a Máximo, su verdugo, por lo que los tres sufrieron el mismo martirio; Cecilia recogió sus cuerpos y los enterró en una tumba cristiana, por lo que también ella fue aprehendida. Condenada a morir ahogada en los baños de su casa, sobrevivió al tormento, por lo que el prefecto ordenó fuera metida en una tina de agua hirviendo, se dice que ella cantaba salmos mientras padecía el sacrificio, incrédulo Turcio Almaquio ordenó que fuera degollada ahí mismo, su victimario la golpeó con su hacha tres veces pero no pudo separar la cabeza del tronco, entonces, despavorido huyó dejándola malherida. Cecilia vivió tres días más, en los que repartió su fortuna en limosnas a los pobres y dispuso que después de su muerte su casa se dedicase como templo. El papa Urbano I con el que tenía una cercana relación la enterró en la catacumba del papa Calixto I donde eran sepultados los obispos y a los confesores.

La existencia y la relación de los tres mártires, Cecilia, Valeriano y Tiburcio con Máximo, mencionados en las Actas, queda así confirmada históricamente. La basílica actual en Roma, llamada de Santa Cecilia in Trastévere se encuentra en un sitio que en el siglo V era una casa doméstica.

Ahora bien ¿por qué patrona de músicos y también de poetas y los ciegos?, no los quiero desilusionar pero al parecer todo se debe a un error de traducción, veamos: Resulta que durante la ceremonia de su matrimonio y mientras Cecilia era martirizada en el agua hirviendo, entonaba salmos mientras se escuchaban los acordes de los instrumentos musicales; así cuando el papa Gregorio XIII la canonizó  le dio ese patronazgo por «haber demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos. Su espíritu sensible y apasionado por este arte convirtió así su nombre en símbolo de la música». A partir de entonces se le representó tocando un órgano, después con un laúd, con rosas, algunas veces con la palma del martirio y más tarde hasta con partituras; pero ¡oh sorpresa!, se descubrió que hubo un terrible error de traducción, ya que cuando los hagiógrafos revisaron códices más antiguos, descubrieron que cuando se tradujo cantantibus organis, como instrumentos musicales, decía en realidad candentibus organis, instrumentos incandescentes refiriéndose al fuelle con el que avivaban el fuego para torturarla. Lo que por lo visto es cierto, es que ella cantaba salmos con singular alegría alabando a su Señor.

El 22 de noviembre es señalado por la tradición como el día de su muerte o de su nacimiento para la eternidad y fue adoptado en muchos países como el Día de la Música y los Músicos. Se cree que el primer festejo en honor de la santa fue un torneo de compositores realizado en Normandía en el año de 1570.

Posteriormente en Edimburgo, Escocia, alrededor de 1695 comenzó a celebrarse este día dedicado a la música; pronto le siguieron otros países como Francia, España, Italia y Alemania. En 1683, la Sociedad Musical de Londres inició los festivales anuales del Día de Santa Cecilia, donde hasta hoy participan grandes compositores y poetas británicos.

Seguramente a nuestro país la devoción llegó durante la época virreinal, ya que es indudable que la música fue uno de los medios de catequesis más utilizados por los frailes evangelizadores, aprovechando el gusto por la música que era innato a los pueblos indígenas.

Notables artistas como Scarlatti, Haendel, Purcell, Gounod, Pärt y otros compositores le dedicaron alguna de sus obras; pintores como la Gentileschi, Benson, Tiépolo, Rafael o Rubens hicieron de ella supuestos retratos. En Roma se fundó la Academia de Música Santa Cecilia e incluso en España lleva su nombre una gran orquesta. No cabe duda: afortunadas consecuencias de un penoso malentendido.

Con respecto a su patronazgo de los ciegos, junto con santa Lucía, no hay nada a ciencia cierta, sin embargo se le relaciona porque la palabra latina caecitas, pronunciado chechitás quiere decir ceguera y es muy parecida a Caecilia que debe pronunciarse Chechilia. Puede ser…