La dictadura de Porfirio Díaz y la Revolución

Jesús Víctor García Reyes*
34 años de sometimiento y violencia al pueblo de México desencadenaron la Revolución mexicana. Masacres a los pueblos yaquis, triquis y mayas, fueron las insignias que presumió el dictador y asesino de los obreros de México.
Porfirio Díaz fue un militar más que político. Sus ambiciones mercantiles lo hicieron lacayo de las burguesías de su tiempo. Traicionó los ideales de libertad y justicia, propios del liberalismo juarista y asumió el rol de guardián de los capitales transnacionales de su época. Gobernó contra el pueblo rural y urbano que formaba el mapa nacional. Copió la forma de vida de la burguesía francesa e imitó sus modas y gustos a costa de las miserias de los mexicanos.
Díaz protegió a los caciques rurales que hicieron su riqueza con la explotación a campesinos y jornaleros agrícolas. Las tiendas de “raya” esquilmaron el paupérrimo salario de los trabajadores de su tiempo.
La revolución estalló el 18 de noviembre de 1910, en Puebla con el asesinato de los cuatro hermanos Serdán, prominentes activistas contra el régimen de la dictadura militar. Madero había llamado a tomar las armas el 20 noviembre a las seis de la tarde, dado el fraude electoral cometido por la dictadura. Se robaron urnas, para ello usaron a las policías locales y al propio ejército federal al servicio del régimen.
Los ciudadanos y vecinos de los pueblos y regiones del país estaban hartos de la represión a los indígenas, obreros e intelectuales liberales y de izquierda que estaban contra la dictadura militar porfirista.
Semanas antes del levantamiento armado, Porfirio Díaz había dado una entrevista a un periodista norteamericano que cubría el proceso electoral en México. En la entrevista disfrazó sus intenciones de reelegirse por enésima ocasión, tratando de engañar a la opinión pública de que “México estaba preparado para entrar en democracia”.
Hizo todo lo contrario a lo dicho. Por la fuerza y anulando el voto popular (robándose las urnas), volvió a sentarse en la silla presidencial pretendiendo ser “el padre de todos los mexicanos”. Lo cierto fue que sólo hizo el ridículo en las páginas de la historia nacional.
Historiadores de la talla de Enrique Florescano, Lorenzo Meyer y Daniel Cossio Villegas han demostrado en sus investigaciones universitarias, que Porfirio Díaz fue un “pelele” del capitalismo internacional de su tiempo. La revolución estalló y, en Orizaba y Córdoba los partidarios de la misma organizaron brigadas de ataque al “anciano régimen” publicando periódicos murales que pegaban en las esquinas de las calles. En pequeñas imprentas caseras, se imprimieron volantes que se repartían en plazas y parques, siendo esto motivante para los obreros anarquistas, agraristas y socialistas de la región.
Todo Veracruz se levantó en armas contra el cacique nacional y atacaron los cuarteles de las policías al servicio de la dictadura. Las haciendas fueron saqueadas e incendiadas y los propietarios fusilados. En la Revolución murieron un millón de mexicanos.
Triunfó Madero y pretendió gobernar con una política de “centroderecha” (era espiritista y creía en el más allá), situación que aprovecho Victoriano Huerta para traicionarlo y asesinarlo, con la complacencia de Félix Díaz, pariente del dictador.
¿Qué nos enseña la historia nacional al respecto estimados paisanos? Nos enseña muchas cosas, entre ellas a desconfiar de los “falsos profetas” (Díaz se sentía un iluminado), que decían llevar a la nación por el camino de la “decencia”. Su pensamiento positivista (conservador y autoritario), le dio fama de asesino y su gobierno fue una dictadura. Su “decencia” no era más que dominación despiadada apoyada con el uso y abuso de sus policías rurales y el ejército federalista de los “pelones”.
En Orizaba y Córdoba el pueblo salió a pelear con lo que tenía. Los vecinos no se acobardaron frente a la tiranía. Los hacendados vivían como reyes y el pueblo como mendigo. También la historia patria nos enseña que Francisco y Madero, un “idealista ranchero” del norte de México, no debió confiarse del viejo dictador.
La democracia no llegaría por “gracia divina”, había que luchar fuerte, apoyar su gobierno en el reparto agrario, la lucha campesina e indígena y en armar sin miedo, a los obreros y jornaleros del país. Esto NO lo hizo. Al contrario desarmó a Villa y los zapatistas, los confinó a sus respectivas haciendas, acorralando con ello la justicia social.
Por ello el fracaso de la Revolución burguesa de México (título original de este artículo). Los generales que vinieron después de Victoriano Huerta hicieron lo que quisieron con la Revolución popular de 1910. Carranza, Obregón y Plutarco Elías Calles la prostituyeron con su visión de hacendados, comerciantes e ilustrados ricos de su época. La revolución mexicana derivó en lo que no debía ser. Una Revolución administrada por la burguesía contraria a las necesidades de los trabajadores de México.
No obstante se logró aprobar los tres artículos eje de la lucha. Los artículos tercero, veintisiete y ciento veintitrés. Educación, tierras a campesinos y derechos obreros.
Por desgracia la Revolución quedó en manos de los “nuevos” explotadores“ del pueblo, es decir los capitalistas nacionales y extranjeros.
¿Por qué afirmamos que la revolución mexicana fue burguesa? Sencillamente porque no profundizó los cambios básicos en la estructura económica capitalista del país, en la cual se asentó. Se hizo, entonces una revolución social que no incidió en el cambio radical de su base económica. No hubo entonces una revolución económica que alterara el patrón de explotación a los asalariados (obreros, jornaleros agrícolas, peones, empleados), No se modificó la relación trabajo/capital. Los nuevos ricos, controlaron, como lo hacen hoy, los medios de producción, la riqueza, las máquinas, los edificios, las herramientas, las tierras y el capital, pagando sólo un miserable salario, al proletariado, sólo el necesario para la explotación del capital. Los mineros sufrieron la mayor explotación de su tiempo.
Los ricos capitalistas surgen cómo la nueva clase dominante de México. De ahí derivan los banqueros, grandes comerciantes y los políticos corruptos del régimen del PRI. Al respecto recomiendo leer al Dr. Luis Javier Garrido, ilustre historiador de la UNAM y el Colmex, que profundiza al respecto.
El PRI pretendió anular la lucha de clases con la pretendida unión de clases sociales (es decir de ricos y pobres), con tal postulado en su declaración original de principios, buscaba anular la lucha revolucionaria de las clases sociales (pobres contra ricos) que luchan, cada uno por su lado para alcanzar fines distintos.
Arnaldo Córdoba, padre del actual presidente del INE, fue un hombre de izquierda y catedrático de la UNAM en la Facultad de Ciencias Políticas, escribió muchos libros, entre los que destaca la tesis expuesta, brevemente en este artículo de análisis periodístico. Los neoliberales salinistas lo corrompieron todo. Los conservadores (Salinas, Fox, Calderón), pretendieron ocultar la historia nacional, borrando de los libros de texto los pasajes de las luchas del pueblo. El civismo, la filosofía y la historia eran sólo materias para perder el tiempo, decía Fox. Ahora sabemos que no. Son la memoria histórica de la nación mexicana.
Saludos gentiles lectores.

*Politólogo (UNAM). Sociólogo (BUAP). Administrador Público (INAP). Catedrático. Investigador universitario.

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