Entre tradición y creencia

La muerte es un hecho social que se mezcla con nuestras raíces y lo moderno, por eso es que celebramos, señala el sociólogo Gualberto Díaz

Raymundo García

El Mundo de Orizaba

Nadie en el mundo estaba preparado para vivir un luto social por la pandemia del coronavirus que en nuestro país ya alcanzó la cifra de 90 mil muertos (ojo actualizar cifra), indica el Sociólogo e Investigador de la Universidad Veracruzana, Gualberto Díaz González.

La muerte es un hecho social, natural, que es parte de un ciclo biológico humano, explica el investigador.

Por otra parte el sincretismo se refiere a una mezcla o convivencia de varias creencias o formas de pensar en relación con la forma de vivir.

Desde mesoamérica

En Mesoamérica tenemos una relación con la muerte muy distinta a como la tienen otras culturas. Mesoameriaca veía a la muerte, no como una desaparición total de ser, no como algo trágico sino como un tránsito natural de una etapa a otra.

Y por eso es esa relación con la muerte de las culturas mexicanas indígenas que hacen un culto a la muerte porque es el recibimiento de los difuntos y se les ve como una alegría, una fiesta, porque nos vienen a visitar. O bien se va al panteón para convivir con ellos, se come, se canta, se platica.

Es una visión de la muerte muy distinta a las culturas occidentales, que está mas relacionada con la pérdida, con algo trágico, irreparable, lamentable.

La mezcla

Esas dos visiones de alguna forma se han mezclado (sincretismo) porque en las ciudades se conserva el culto a los muertos poniendo en algunas casa altar, se va al panteón pero se ha perdido realmente el sentido mesoamericano del culto a los muertos, se ha perdido en la zona urbana; se conserva más en los pueblos indígenas, como la sierra de Zongolica donde hay un arraigo muy grande del culto a los muertos.

Y en las ciudades es como seguir la tradición pero de una forma más bien culinaria, se va al panteón pero no hay ese arraigo tan fuerte como en comunidades indígenas del país.

La religión

Por una lado tuvo que ver ese choque de civilizaciones, que se produjo en la conquista, como la guerra, donde se sobrepuso una sobre la otra.

Se impuso la civilización occidental española que llegó a esta tierra, sobre la mesoamericana y sometió a las comunidades indígenas del aquel entonces.

Pero el sincretismo como forma arraigada en la creencia, en el pensamiento y en la acción es muy difícil de arraigar. Entonces la religión mesoamericana de alguna forma se mezcló con la religión católica, por eso Tonantzin de repente le nombran también Guadalupe, pero antes era una deidad mesoamericana.

Es una forma de no perder la tradición y creencia y trasladarla a los nuevos símbolos impuestos por la conquista. Por ejemplo otra muestra es que las palabras del nahuatl se conjugan con el idioma español, y todavía en algunas comunidades donde se conserva la lengua del nahuatl, es un tanto como resistencia a la conquista a este proceso tan trágico y devastador que significó para muchos pueblos de mesoamérica.

Para la cultura urbana que está mas influenciada por el occidente, por la tendencia comercial, el consumo y la globalización, se ha perdido más la creencia mesoamericana de culto a los muertos.

Vivir el luto social

Nadie en el mundo estaba preparado para vivir un luto social por la epidemia del coronavirus que en nuestro país ya rebasó la cifra de 90 mil muertos.

No estábamos preparados para convivir con un virus, nuevo, extraño que la ciencia no tenía explicaciones para él. Y en el caso de México aún estamos viviendo esta forma extraña de aislamiento,  convivencia y cuidados porque el virus está, sigue actuando de bastante severa en nuestro país.

Nadie esperaba esta situación y sin embargo como es mundial, de alguna forma el común de la población lo acepta de diferentes manera, algunos cuidándose mas, otros sabiendo que está pero debe hacer su vida, trabajar y salir, pero poco a poco se ha ido asimilando esta idea que el virus existe y que no habrá otra forma más segura hasta que haya vacuna para que se pueda combatir.

Este luto nacional también se ve de diferentes maneras, porque si bien no se esperaban tantas muertes, en un primer diagnóstico, pero las características en nuestro país que ya se han señalado otras veces conllevaron a ello.

Por ejemplo el sistema de salud precario, una población con altos índices de obesidad, hipertensión, diabetes, una cultura del cuidado del cuerpo escasa; esas características potenciaron el riesgo de mortandad en nuestro país, explicó el investigador.

Aún estamos en un periodo muy complicado porque todavía hay rebrotes o lo que llaman la segunda ola, entonces no se sabe en que momento pueda uno ser contagiado. Es una situación muy complicada que mas que luto debemos seguir tomando el debido cuidado, tomar las precauciones para no propagar el virus.

Ánimo social

Las tantas muertes en el país afectan en el ánimo social.

“Lo que se debe hacer como sociedad es tratar de aprender de las enseñanzas, porque este virus llegó para quedarse pero vendrán otros, y mas que lamentarnos tenemos que aplicar ahora y aquí las enseñanzas que nos está dando esta pandemia.

Son enseñanzas muy concretas”, dice el Sociólogo. Primero que el Gobierno entienda que un sistema de salud, precario y desmantelado no funciona para atender la emergencia ante este tipo de virus. Que tiene que atender ello, capacitar a los médicos, equipos.

Y por parte de la población, tenemos que mirar a mediano plazo a cambiar hábitos de vida, el cuidado que nos impone el virus, la distancia social y otros cuidados que ya tenemos muy presentes.

Porque está comprobado que el virus actúa con mayor agresividad para pacientes propensos. Si uno toma medias a mediano plazo, ese virus y otros tendrán mayores complicaciones para actuar en la población si es que ésta ya tomó mayores cuidados sobre su forma de vivir, en cuanto a la alimentación y la salud integral de su cuerpo.

Superarlo

Debido a que se está aún en un proceso donde siguen habiendo más muertes por el coronavirus, el luto social o la cruda moral vendrá después de que pase el tiempo, de que se controle el virus y que ya lamentemos a los muertos.

Es como en las familias cuando muere el familiar se le vela, acuden conocidos, familiares, se les da el pésame pero está en el momento de la transición. Ya cuando se va a a enterrar es cuando viene la cruda moral de la pérdida, de que ya no está, ni nunca estará.

Ahorita estamos en la muerte, en la emergencia, aún no podemos decir que es un antes y un después, “yo creo que el superar las pérdidas, va llevar años, y va a implicar un trabajo muy fuerte de parte de las política públicas para darle a la población la posibilidad de que pueda tener una oportunidad de recordar a sus muertos, memoriales, algo se deberá hacer en términos colectivos para aminorar el dolor que va dejar esta pandemia”, concluyó Gualberto Díaz González.