La evolución del Día de Muertos

Jessica Ignot/El Mundo

Las festividades del Día de Muertos son fechas muy esperadas por aquellas personas que perdieron a un familiar o a un ser querido.

A través de esta fechas hay una conexión especial entre los vivos y muertos. Esa conexión se da a través de las flores, la comida, las velas, los rezos y cantos.

Son tradiciones arraigadas en el corazón, en el alma, es el deseo de saber que ellos, nuestros difuntos, están cerca de nosotros porque no los olvidamos y eso los mantienen en nuestras vidas.

Aunque la celebración del Día de Muertos es milenaria y antigua, ha ido evolucionando a lo largo de los años. Estos festejos se han transformado en base a los estilos de vida, la economía, las creencias, pero mantienen su esencia, la de mantener esa conexión con nuestros difuntos.

Silencio

Estos días eran de profundo respeto para las familias. Durante las festividades se guardaba silencio, no se podía oír la radio, se les pedía a los integrantes de la familia no pelear o discutir, las actividades de la casa quedaban en pausa, pues se enfocaban únicamente a preparar la comida para los altares. Desde un año antes, las familias hacían sus ahorros para comprar todo nuevo, desde los trastes hasta las canastas, y las mujeres de la casa bordaban la servilletas.

Si bien, los días fuertes de estas festividades son el 1 y 2 de noviembre, pocos conocen que las “almas” de los difuntos empiezan a llegar días antes, recuerda Teresa de Jesús, a sus más de 80 años.

Agua y veladora

Ella señala que de acuerdo a las tradiciones que le transmitieron en su hogar. Ella espera a las almas de sus difuntos desde el 28 de octubre. Este día el altar es muy pequeño, se coloca en honor a las personas que murieron en un accidente, se les pone agua y una veladora.

El día 29 de octubre se reciben todas las almas que murieron en desgracia, por ejemplo aquellos que fueron asesinados, como su hermano a quien lo mataron. Se les pone una nueva veladora y también un nuevo vaso con agua.

Para el día 30 de octubre, se recibe a aquellas almas que fueron al Limbo, es decir, aquellos que no fueron bautizados. Generalmente son niños que murieron al nacer o a los pocos días de nacidos. Aquí, de acuerdo a sus costumbres, le pone un vaso de leche a su nieta que murió al nacer, también le pone una veladora pequeña y un platito con sal. Pero hay gente que pone un par de zapatitos.

Para el día 31 de octubre, se recibe a todas las almas de los niños. El altar se coloca especialmente para los pequeños fallecidos. A las 12 del día se les da el recibimiento con un camino de flores de cempasúchil que va desde la entrada de la casa hasta el altar. La madre o familiar del niño fallecido, sale a la entrada de su casa y con incienso va ahumando el camino mientras otro familiar antes de ella va regando pétalos de flores.

El altar se coloca con utensilios de comida en pequeño, para hacer referencia que se trata de niños. No se les pone comida picante, se pone el altar con pan, fruta de la preferida del pequeño que falleció, se les pone juguetes, una foto para recordarlo, se ponen pequeñas canastas o tenates con fruta y dulces, a los tenates generalmente les coloca un lazo para que las almas puedan cargarlo. Se les prepara atole de fresa o de arroz. También se les pone arroz con leche, entomatadas, arroz rojo con pollo, gelatina, frijoles, tortillas, agua, una bebida de sabor.

Generalmente quien coloca la ofrenda es la madre del niño fallecido acompañada de familiares. Se colocan hierbas de olor como Romero, y también se le ponen flores de cempasúchil y moco de pavo.

La ofrenda se recoge el día 1 de noviembre, se hace una oración por sus almas y se les pide que regresen el año próximo; las canastitas de fruta y dulces se reparten a los niños de la familia o vecinos.

Los días grandes

El día primero de noviembre a las 12 del día llegan las almas de todos los difuntos adultos. El altar es colorido, se ponen velas y veladoras, se ponen hierbas de olor como Romero.

Se tiene la costumbre de que todos los trastes que se utilizan para colocar los alimentos deben de ser nuevos y de barro; mientras que las servilletas son bordadas a mano por las mujeres de la familia, trabajo que inician desde un año antes.

El altar es colocado por toda la familia, se prepara la comida principalmente mole, tamales de frijol arroz y pollo. también se pone aquellos alimentos que eran de preferencia del difunto, como barbacoa, tesmole o salsas. No pueden faltar las tortillas, el agua, la cerveza o licor de preferencia del difunto.

El día 2 de noviembre, muy por la mañana, la familia coloca champurrado, atole y pan para qué los difuntos desayunen.

También se les coloca fruta en tenates y canastas para que se puedan llevar para el camino.

En el altar no puede faltar el agua y la sal; hay familias que acostumbran colocar lámparas de aceite para que le den luz al difunto en su regreso.

Las almas se reciben el primero de noviembre a las 12 del día con un camino de flores e incienso. Se despiden el 2 de noviembre a la misma hora y con los mismos elementos.

El altar se recoge entre familia, quién se reúne a comer de los alimentos que fueron colocados en el altar. Muchas las familias creen que estos alimentos de no tienen el mismo sabor debido a que fueron las almas de sus difuntos quienes comieron antes.

Por su parte, Columba Castillo Rivera, señala que de acuerdo a las tradiciones inculcadas por sus padres, a partir del día 30 de octubre, ya no podía escuchar música o la radio, tampoco podían ver televisión, y esto era hasta el día 2 de noviembre cuando las almas de los fieles difuntos ya se iban.

Esto se hacía en señal de símbolo de respeto, “mi papá decía que los principales días en que no podíamos ni oír música ni ver televisión eran los días 31 de octubre hasta el día 2 al mediodía que era cuando los meros días que uno tenía que guardar silencio”.

El respeto

Explica que esto era en señal de respeto de que las almas de los fieles difuntos estaban en los hogares para convivir con sus familiares.

La tradición poco a poco ha ido cambiando, Columba relata que ella escucha música el primero de enero porque pone música para su padre, “es la única música que pongo al mediodía o a veces en la noche, o el día en que se van los despido con esa música”.

A ella también le enseñaron que estos días tampoco debían de pelearse o contradecirse entre ellos, pues sí tenía que guardar absoluto respeto hacia sus difuntos y en caso de que desobedecieron, les decían que sus abuelos o familiares difuntos les iban a jalar los pies por desobedecer.

“También nos decían cuando estábamos pequeños que no nos metiéramos debajo de la mesa del altar porque íbamos a ver cómo llegaban las almas; también nos decían que estuviéramos quietos, que no estuviéramos jugando o corriendo, que no pisáramos el caminito de flores o que no lo brincáramos de un lado a otro”, comentó.

Coincide en que las festividades empiezan desde el día 28 de octubre cuando llegan las almas de las personas que murieron en un accidente.

Ella recuerda que el día 30 se recibe a los niños del limbo o aquellos niños que fallecieron sin bautizar. de acuerdo a sus tradiciones ella señala que a las 7 de la mañana se prendían velitas una por cada niño no bautizado fallecido de la familia, así como un vaso de agua con una flor. Estos elementos no se colocan en el altar sino detrás de la puerta por no ser bautizados y para que no tuvieran pena.

Particularmente en las tradiciones heredadas por sus padres, la señora Columba relata que ella empieza a recibir a las almas de los niños difuntos el 31 de octubre a las 7 de la mañana, les pone pan y chocolate para recibirlos, y poco a poco se van colocando los demás elementos para la ofrenda como son juguetes.

Se les hace una sahumada con copal blanco por tratarse de niños.

También el primero de noviembre recibe las almas de los difuntos mayores a las 7 de la mañana, con chocolate y pan, ahí se da la primeras sahumada con el caminito de flor de muerto o flor de cempasúchil.

A las 12 del día se coloca el resto de la ofrenda alimentos que les gustaban a los difuntos. Se hace una segunda sahumada con copal negro.

Canastas y tenates

“A los tenates y canastas y acostumbra poner una vela y una rama de Romero, porque para su retorno para regresarse a veces se encuentran a la bestia y la vela es para alumbrar su camino y la rama de Romero para defenderse”, comentó.

Las canastas son para las mujeres y los tenates son para los hombres, pero a los tenates se les pone hilo de ixtle para que se los puedan colgar en un brazo o en el pecho.

Cada tenate o canasta van personalizados de acuerdo a los gustos de los difuntos.

Cuando se recoge la ofrenda las flores del camino y las flores colocadas en el altar se lleva al panteón. Igual se llevan algunos alimentos que se colocaron en la ofrenda para convivir y comer en el panteón.

“Ahí te encuentras a personas conocidas y ellas te ofrecen de lo que llevan y tú les ofreces de lo que llevas. La idea es sentarse a comer en la sepultura para convivir con nuestros difuntos”, comentó.