Convirtió a su hija en leyenda

Todos los nogalenses conocen la historia de la pequeña Geliquita, quien falleció a los 12 años, su tumba se convirtió en el santuario de su madre quien la adornaba con juguetes y dulces

Lucy Rivas A.

El Mundo de Orizaba

Nogales.-“Geliquita” como así le conocían y llamaban seguramente sus familiares y conocidos, fue una niña amada por sus padres e inmortalizada en su tumba por su madre y por la sociedad en el panteón Benito Juárez.

Parte de su vida se ha convertido en leyenda, algunos ciudadanos cuentan que la señora Guadalupe Durand madre de la pequeña, por tres administraciones municipales estuvo a cargo de la administración de cementerio municipal, y señalan que en su juventud ella se casó con un doctor español, pero no lograron tener hijos.

Se dice que ellos adoptaron a una bebé, quien y convirtió en su vida entera de los dos, pues la procuraban en cada momento, sin embargo, tiempo después al quedar viuda con la pequeña se dedicó en cuerpo y alma a atenderla sobre todo cuando la pequeña enfermó, y después de pasar varios años con parálisis cerebral poco a poco se deterioró hasta perder la vida.

La vida de la pequeña se vio interrumpida por la llegada de su muerte, un 30 de abril de 1976 a la edad de 12 años, sin embargo la historia de su infancia ha traspasado el tiempo y su historia se sigue contando.

Convierte tumba en su ‘habitación’

Toda vez, que tan grande fue el dolor de su madre al perder a su pequeña hija, le mandó a construir una tumba en forma de habitación o una casita, en la que le dedicaron tiempo y amor en cada detalle.

En su interior pareciera una habitación, lucia llena de muñecas y juguetes que eran de su propiedad con los que en vida le gustaba jugar como sus muñecas Barbie, la cuerda de saltar, juegos de té, la estufita, pelotas, entre otros.

Además, dentro de la habitación había una grabadora que seguramente tocaba sus canciones favoritas, y que en vida su madre le reproducía en cada una de sus visitas, eran al estilo clásico, y a veces la dejaba prendida una cajita musical que todo el tiempo estaba tocando para mantener la armonía y paz en su lugar.

Su mamá no decidió enterrarla, prefirió que la embalsamaran para tenerla siempre cerca, y dentro de la habitación la tenia sentada como si estuviera jugando; como si estuviera con vida, parecía “una muñequita de porcelana”.

Quienes la conocieron, señalan que siempre iba al panteón y hablaba con ella como si solo estuviera dormida, y en ocasiones les decía que su hija les respondía.

En ese entonces, quien la veía en el panteón llegaron a pensar que la señora padecía de sus facultades mentales, pensando que había quedado trastornada por la muerte de su pequeña, la realidad es que su amor fue muy grande y no soportaba su muerte.

Se dice que cada año, le celebraba fiestas de cumpleaños, y mandaba a traer niños de la misma colonia cercana al cementerio, daba dulces, pastel, hacia piñatas, y ella le tocaba música en un viejo órgano que tenia, y de no tocar todo le ponía música clásica en una grabadora que aún se conserva dentro.

Se cuenta que tanto fue el amor de madre  que le llegó a celebrar sus quince años dentro del mismo cementerio con invitados, pastel, chambelanes y el tradicional vals.

Ordena cura que sea sepultada

Cuentan las personas que conocieron a esta familia, que en una ocasión al llegar un nuevo cura a la parroquia de Nogales, le hizo ver a la madre de la pequeña que debía dejarla descansar y que no era permitido dentro de la iglesia que quisiera tratarla como si estuviera en vida.

Le advirtió que de no enterrarla seria excomulgada de la religión, por lo que ante el llamado del cura fue sepultada, y determinó dentro de la misma colocarla en un ataúd y se mandó a construir una pared al interior de la habitación, y por fuera colocar una fotografía de la pequeña.

Amor de madre, traspasó la muerte. Se dice que con el paso de los años, la edad y enfermedad de la señora Guadalupe Durand Morales le impidió seguir visitando la tumba de su hija, hasta que falleció el 3 de junio del 2007.

Ella por muchos años le cuido y procuró que la tumba se mantuviera en buen estado, la que es la tumba de su hija y ahora de ella, por que las dos están juntas.

Si viviera “Geliquita” tendría la edad de 57 años, pues su nombre verdadero es María Angélica García Duran, nació el 21 de noviembre de 1963, sin embargo su estancia en la tierra fue corta.

Algunos comentan que a la fecha aún se le ve jugar entre las tumbas y dentro de su casa, sin embargo ahora ya descansa junto a ella su madre quien falleció Guadalupe Durand.

Hasta el momento es la única tumba que tiene esta arquitectura dentro de panteón municipal , que cuanta con luz eléctrica y sus familiares pagan por este servicio.

Hasta hace unos años atrás, familiares cercanos acuden a realizar limpieza y poner una ofrenda dentro de la casita, como un símbolo que siguen vivas – madre e hija- dentro de sus corazones y que no se olvidan, sin embargo algunos al tratar de preguntarles algo más de lo que cuenta esta historia, se limitan a hablar.

Lo cierto es que son leyendas urbanas que no se dejan de contar,  y en años a anteriores de Todos Santos, al arribar muchos visitantes al panteón municipal, es una de las tumbas mayor visitadas y su historia una de las más contadas, pues personas curiosas arriban al lugar a conocer a “Geliquita” la niña que ha quedado inmortalizada por el amor de su madre.