Avenida Colón

Héctor E. Ortega Castillo

Las ciudades evolucionan y no hay nada inamovible. Con este exordio abriremos boca para puntualizar que no habría nada de extraordinario en cambiar la nomenclatura de alguna (o algunas) de las calles de la ciudad, toda vez que, si bien su nombre encuéntrase arraigado en las mentes pluviositanas, también es cierto que estos nombres no provienen de la más lejana antigüedad, perdiéndose su origen en la noche de los tiempos, para decirlo de manera poética. Mas para comprender un poco acerca de esta proposición, menester es el referirme un poco a la historia de la hoy Avenida dedicada al Almirante de la Mar Océana: Cristóbal Colón, en Orizaba.

No siempre se llamó así. Las calles, en la mayoría de las poblaciones de la Colonia, eran nombradas por alguna característica que las distinguía, como conducir a alguna iglesia, o edificio (Calle del Calvario, por ejemplo), alguna particularidad, o que en ellas viviese alguien destacado en la comunidad, o tal vez haya sucedido un hecho destacado. Hurgando entre historiadores añejos, no se encontró referencia alguna sobre la calle que nos ocupa. Empero, podemos señalar que la historia de la Av. Colón comienza a gestarse a partir de 1717. Unos meses atrás, un voraz incendio devastó el ingenio azucarero de los Nogales, en el pueblo de Ostotipac. Los sobrevivientes solicitaron ser reubicados, erigiéndose así el Pueblo de Santa Anita en el año citado.

Este pueblo ubicábase en los terrenos llamados El Varejonal (es decir, donde abunda la hierba alta y agreste: un gran lote baldío, pues), entre el cerro de Borrego y el río Orizaba (a fin de no confundir al amable lector, utilizaré las nomenclaturas actuales). Contaba con sus propios edificios y una capilla dedicada a la santa (esta última se localizaba en la actual esquina de Colón y Sur 8). Desde el centro de San Miguel Ixhuatlán (el barrio donde actualmente está el centro de Orizaba: catedral, palacio de hierro, etc.) se hizo una calle que conducía al cercanísimo pueblo, con un puente de por medio, llamado Puente de Santa Anita, que se construyó en 1766. La calle principal del pueblo, consistente en 5 manzanas, también le llamaban “Santa Anita”. El crecimiento de la población, su ulterior nombramiento como villa, y diversas vicisitudes, hicieron que el pueblo fuera absorbido por Orizaba, y pasó a ser un barrio más de la ciudad.

Para 1854 proyectóse erigir la Alameda en los terrenos que actualmente abarca (como no refiero la historia de dicho parque, me concentraré en la de la Avenida Colón únicamente), por lo que tras las gestiones correspondientes, finalmente el pueblo y la capilla desaparecieron. Ensanchóse la calle, escindiéndola de esas dos manzanas que abarca la Alameda, dejándola en solo 3.

Para fines del siglo XIX, la calle ya era bastante larga, y dividíase en varias nomenclaturas: desde la Alameda hasta el puente era “Calle de la Alameda”; después Calle del Calvario (de Sur 2 a Sur 7), Cora (Sur 7 a Sur 13), Yedra (Sur 13 a Sur 17) y tras las huertas donde ahora está la Biblioteca Couto, reiniciaba en la Sur 23 como Calle del Árbol de Oro. Estos nombres sobrevivieron hasta el primer cuarto del siglo XX.

En 1892, la ciudad volcóse en los festejos por el IV Centenario del Descubrimiento de América, llevándose a cabo diversas actividades, especialmente culturales; entre ellas, un desfile histórico por la Calle Real, discursos, Juegos Florales, etc. A iniciativa de la Sociedad Científica y Literaria “Sánchez Oropeza”, y de su presidente (y Rector del Colegio Preparatorio) Lic. Silvestre Moreno Cora (1837-1922), frente a la alameda mandóse erigir el busto escultórico de Cristóbal Colón (curiosidades de la vida: están desaparecidos los bustos de Cristóbal Colón y de Moreno Cora: ambos ubicados hasta hace pocos años en la misma avenida) y se renombró la Calle de la Alameda, por “Calle Cristóbal Colón”: pero únicamente de la Alameda al Puente Santa Anita. Por cierto, este fue reconstruido como actualmente se aprecia, en 1910, llamándolo “Puente Teodoro A. Dehesa” y, tras el triunfo de la Revolución, como “Puente Rafael Tapia”. De cualquier forma todo mundo le decimos “Puente Colón” por extensión al nombre de la avenida.

En 1925, el Ayuntamiento de Orizaba cambió por completo la nomenclatura de todas las calles de la ciudad; es a partir de entonces que la ciudad divídese en nortes, sures, orientes y ponientes. Quedaron como ejes dos calles: Francisco I. Madero (que se llamaba “5 de Mayo”) y Cristóbal Colón, que abarcaba tres manzanas originalmente y que a partir de ese momento, sería conocida toda la arteria, dividiéndose tan solo en Colón Oriente y Colón Poniente.

Hay más información, mas la estrechez del espacio me obliga a la brevedad del texto. Es el amable lector quien debe preguntarse si no sería tal vez hora de que pudiese modificarse el nombre de esta calle por uno más acorde a estos tiempos.

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