Vencedora de una doble batalla

Alejandro Aguilar
El Mundo de Córdoba

Una voluntad excepcional se construye a través de vencer las dificultades y levantarse de las tragedias. Es el caso de Verónica Vázquez, que enfrentó y supera el cáncer de mama, y a la vez, el dolor de perder a su esposo cuando más lo necesitaba.
“Para mí es maravilloso despertar y ver la luz del día y claro levantarme y darle gracias a Dios por un día más que me deja abrir los ojos y me deja ver a mi hijo, mi trabajo, mi madre, mis hermanos, el darle gracias y volverlos a ver”.
Esta expresión de Verónica esconde diversas dificultades que tuvo que afrontar y superar casi al mismo tiempo. Apenas con 34 años de edad y siendo oficinista, recordó cómo el cáncer de mama fue apenas la primera prueba de vida que tuvo que atravesar desde 2015, cuando descubrió un pequeño tumor en el pecho.
“Yo inicié con una bolita, me la detecté, acudí al seguro, me hicieron todas las pruebas eso fue en junio y para septiembre me estaban operando pero ya había crecido mi tumor, en septiembre me operan y en octubre empezaron las quimioterapias luego fueron radios y ahora estoy en vigilancias”.
Teniendo su hijo en ese entonces 7 años de edad, venía una segunda prueba, aún más difícil. Su esposo enfermó de chikungunya y luego comenzó a agravarse, justo cuando ella apenas salía de las quimioterapias y pasaba al tratamiento de las radioterapias en el mes de febrero del 2016.
Aún convaleciente, Verónica sacó fuerzas para trabajar, cuidar a su esposo en el hospital y seguir con su tratamiento.
“Él estuvo un mes en el hospital y para mí era trabajar, ir a verlo, quedarme en las noches, un día y un día no, y el desgaste de la quimioterapia, de desvelos de estar ahí con él viéndolo, al pendiente de él”, cuenta.
Pero la vida le tenía deparada una dura prueba, pues su esposo no resistió la enfermedad y después de varios días hospitalizado, falleció.
“Él falleció cuando iniciaba yo las radioterapias… fue una frustración, desesperación, fue un dolor, fue impotencia, porque no era nada más yo, era también mi hijo”, recuerda.
Tras perder a su esposo, el tratamiento contra el cáncer de mama se extendió a quitarle la matriz, además de tener otros efectos negativos en su salud, entre ellos una neumonía que también superó.
Y es que el dolor más grande que tuvo a pesar de todo, fue la tristeza de su hijo cuando perdió a su padre, ya que se negaba a creerlo, por lo que Verónica tuvo que ser más fuerte de lo que sentía que podía ser.
“Todavía tenía que luchar con el dolor de mi hijo que es algo es mucho más fuerte. Mi hijo estaba como que no lo aceptaba y pues yo tenía que ser fuerte para él, ayudarlo y sin embargo, mi enfermedad, el fallecimiento de mi esposo y complicaciones que vinieron después, todo fue muy rápido”, recuerda.
Con voz entrecortada y al punto del llanto, reconoce que esto fue solo una serie de pruebas de vida, por lo que externó que jamás perdió la actitud positiva para vivir y la fe que fue su mayor apoyo y su hijo, su razón por seguir adelante.