Las 4 victorias de Marissa

Con tan sólo 37 años esta mujer ha vecino al cáncer en 4 ocasiones y siempre sale más fuerte, más animada y con más ganas de vivir

Jessica Ignot
El Mundo de Orizaba

En su cuerpo lleva las marcas de la guerra… Ha vencido al cáncer en cuatro ocasiones y en cada una, ha logrado salir con más fuerza y ganas de vivir.
Es Marissa Chávez Zavala, quien desde hace 14 años ha luchado cuatro batallas contra el cáncer; y eso, cada vez la renueva más, pues la impulsa a emprender proyectos que la ayudan a crecer en su vida personal, familiar y profesional, pero que sobretodo la impulsa a seguir luchando.
Su primer diagnóstico de cáncer lo tuvo a los 23 años, cuando le apareció un nódulo en el seno izquierdo; su oncólogo fue el doctor Candelario, quien la ayudó a vencer el cáncer por primera vez.
Recuerda que desde que tenía 17 años, le aparecieron en el seno pequeñas bolitas, aunque le dieron la atención médica, le dijeron que era propio del crecimiento y desarrollo.

El miedo
Proveniente de una familia tradicionalista donde hablar de la sexualidad y los cambios era un tema tabú, ella se enfrentó al miedo de la autoexploración. Sin embargo, notaba que su cuerpo tenía cambios y justo cuando le salieron los nódulos y crecieron muy rápido en muy poco tiempo, supo que algo andaba mal.
Acudió a consulta, le hicieron un ultrasonido y estudios, entró a una cirugía donde explorarían esas tumoraciones, pero estando en quirófano se percataron que era necesario hacer una mastectomía radical, le quitan varios ganglios linfáticos en el brazo y axila. Era cáncer de mama.
Salió de la cirugía, no sabía que ya no tenía un seno, el médico y su madre le explicaron que fue necesario hacerlo para salvar su vida.

Soledad
Llegó a su casa, cuenta, su familia no la quería dejar sola, pero ella necesitaba ese momento de soledad para asumir lo que le había pasado; lloró por dos horas, y ahora sí, a enfrentar la batalla.
La noticia fue un golpe muy duro para ella y su familia. A sus 23 años tenía muchos planes que tuvieron que redireccionarse para atender la enfermedad.
Venció el cáncer. Su médico, en ese entonces el oncólogo Candelario, la dio de alta, pero con revisiones y un tratamiento medicado por cinco años. Pero ella lo abandonó a los dos años y medio, creyó, tontamente como ella lo señala, que ya no era necesario seguirlo.
Pero al pasar los meses, el destino o la misma vida, quizá, le recordó que ese era un gran error. El cáncer volvió, pero ahora a la mama derecha, no le dijo nada a su familia.
El cáncer hizo metástasis en la columna que le presionaba un nervio y le impedían caminar, el dolor era intenso e insoportable hasta para moverse, quedó inmovilizada.

El héroe
Tuvieron que internarla, llega el doctor Candelario, quien es su héroe… Al percatarse de que era su paciente, la abraza y le dice que no se le iba a ir.
Inicia un tratamiento muy agresivo contra el cáncer, estuvo internada por más de un mes.
“Yo me quería morir, ya no quería vivir, no quería depender de nadie. Me dije: hasta aquí”. Ella se sentía invadida del cáncer, sin ninguna posibilidad de vivir, pero sobretodo no quería pasar de nuevo por quimioterapias y radioterapias que la debastaban.
Por un momento, parecía que estaba perdiendo la batalla. Su médico incluso le dijo a su mamá que se despidiera de ella.
Pero lo logró, venció otra vez la batalla. Esta vez, además de salir victoriosa, aprendió la lección y se apegó fielmente al tratamiento, dejó de trabajar.
Fue un tratamiento muy agresivo que le provocó agua en los pulmones. Fue complicado, pero logró superarlo.
A los 33 años, el cáncer volvió por tercera vez, esta vez le salieron repentinamente 25 bolitas en la piel, cerca del cuello.

La tercera
Le hacen una biopsia y detectan que era maligno. Esta vez no se trataba de un cáncer tan agresivo, así que inicia con las quimioterapias medicadas, no intravenosas.
Volvió a salir adelante, su cuerpo se recuperó… Pero recién acabada de cumplir 37 años cuando empezó a tener problemas con la cadera, las quimioterapias anteriores le causaron daño en la cadera y el esternón.
Los huesos se dañaron. Se debilitaron. Inició radiaciones. En mayo de este año, tuvo complicaciones incluso en la quijada.
Todo estaba relacionado. Pero por la pandemia y al ser persona vulnerable, su oncóloga del IMSS la apoyó con las consultas y tratamientos para valorarla.

Seguimos acá
Nuevamente tuvo actividad tumoral e inició un nuevo tratamiento contra el cáncer de huesos. Tomó un medicamento muy bueno para este tipo de cáncer, pero que lamentablemente le generaron manchas en manos y pies, “eso es nada porque seguimos acá”.
En esta batalla contra el cáncer se ha enfrentado a problemas de desabasto de medicamentos, pero también al buen trato y voluntad por parte del personal del IMSS en conseguírselos para que no suspenda su tratamiento.
Apenas en agosto, su oncóloga le dio la noticia que por cuarta vez superó el cáncer. Hoy lleva 4 meses sin cáncer.
Ella es uno de los pocos casos en donde el cáncer de mama aparece a temprana edad. Sin factores de riesgo porque siempre ha sido una chica con un estilo de vida saludable.

Crecer en todos los ámbitos

El cáncer no ha sido impedimento para que Marissa crezca profesionalmente. Es licenciada en derecho y ya con la enfermedad, estudió contaduría.
Reconoce que el ser formada en una familia muy tradicionalista, donde había muchos tabúes, la orilló inicialmente a callar que le había salido un nódulo y que sentía piquetes.
“No le he llorado mucho a la enfermedad, no es agradable, pero he tratado siempre de ver las cosas buenas que sí tengo en la vida. Siempre he querido ver el vaso medio lleno y no medio vacío”, comentó.
Reconoce que pasar por esto no ha sido bello, pero sí ha sido una gran lección de la cual ha tomado las cosas positivas.
“Me ha enseñado a disfrutar más de la vida, valoro mas todo. El verde de los árboles, el viento, son cosas que le agradezco a Dios todos los días”, comentó.
Ella intentó hacerse operaciones reconstructivas, pero fue muy doloroso y no es porque se sienta incompleta, “yo no valgo un pecho, soy muchísimo más que eso, soy una mujer que me gusta mucho trabajar y que me gusta mucho convivir con mis amigas y con mi familia, trato de darme a la gente que quiero”.
A los 23 años, saber que le habían quitado un pecho para salvar su vida, le causó tristeza.
“Yo no me veo todo el tiempo al espejo sin un top. Cada quien decide cómo quiere afrontarlo, hay mujeres que deciden hacerse unos tatuajes divinos en esa zona, creo que cada quien lo asimilamos de manera diferente, y a mí me gusta ponerme un top. Cuando me veo al espejo es porque ya tengo puesto un top, y eso me ayuda a generar esa barrera en mi cabeza que me ayuda a fortalecerme y definir en mi cerebro que no ha pasado nada y que estoy normal”, comenta.
Pasó de las ganas de no querer vivir, a empoderarse y decidir salir adelante. Su mamá fue su más grande motivación, no quería causarle un dolor de perderla, el dolor que fuera imposible de superar.
Hoy, Marissa además de trabajar en una empresa, es emprendedora, pero además, escribe para una revista, sigue estudiando.

La clave de la superación

La clave para superar cuatro veces el cáncer ha sido no darle importancia, no en su atención y tratamiento, sino en que ocupe su mente o que tenga que estarse lamentando por ello.
“Cuando nos victimizamos hacemos que lo que nos está pasando sea todavía más fuerte, no solamente esperamos a que nos golpee alguien más, nosotros mismos nos estamos flagelando. Yo por el contrario, para mí siempre ha sido muy importante ocuparme”.
Cuando se enfermó por primera vez, a sus 23 años decidió hacer otra carrera. Recientemente se acababa de graduar de la licenciatura en derecho y decidió estudiar contaduría.
La segunda vez que se enfermó, estaba trabajando, pero además decidió estudiar su maestría.
Recientemente acaba de abrir un negocio en Puebla, tiene un spa, además de estar en un proyecto de realizar snacks saludables y productos cosméticos orgánicos.
Le pone atención a su enfermedad para llevar al pie de la letra sus tratamientos, pero no se pone a pensar más allá, por el contrario, busca mantenerse ocupada para no entristecerse o hundirse en la depresión.
El apoyo de su familia y amigos ha sido fundamental. No solo la acompañan y cuidan, sino la impulsan y respetan en su toma de decisiones, pero además, no la victimizan ni la reelegan.
Marissa agradeció a todo el personal médico y de enfermería del Instituto Mexicano del Seguro Social por atenderla siempre como una sonrisa. Jamás ha tenido un maltrato o una mala atención, por el contrario, su apoyo y ayuda es motivante para seguir en la lucha diaria.