La travesía de un cordobés

Jazmín Suazo
El Mundo de Córdoba

Roberto Ángel Arrucha estudió Derecho e hizo un máster en Economía. Hace 10 años, cuando decidió irse de Córdoba, trabajaba en medios de comunicación de Xalapa donde escribía editoriales, los ingresos económicos no eran los suficientes, las oportunidades laborales eran escasas, y sobretodo, la situación de inseguridad derivado a la guerra contra el narcotráfico fue un detonante en su decisión, pues dice, vivía en constante riesgo.
“Siempre tuve curiosidad de viajar y estaba buscando el pretexto adecuado para hacerlo y esas fueron las causas. No había un plan y empecé a buscar las opciones posibles: intercambios, voluntariados, maestrías, cursos e incluso amigos que vivían fuera para pedir recomendaciones de cómo hacerlo y al final mande mi postulación a voluntariados, pero no fue fácil por los requisitos, más por el idioma, pero al final pude logrado con un voluntariado en República Checa”, dice.
Aunque hay momentos de flaqueza, más cuando se enfrentó a culturas y un idioma que desconocía, empezar desde cero, extrañar la familia, la comida, amigos y la vida en México, era lo que a veces le hacían dudar en regresar.
La vida en otro país no es fácil, acepta, por eso considera que desde su experiencia, en el extranjero te tienes que convertir en útil y valioso para los demás, es indispensable para poder sobrevivir en otros mundos.
“Lo que cargaba eran buenas intensiones pero muy pocas habilidades, uno no se da cuenta lo insignificante que es hasta que tienen que salir al mundo y darse cuenta que en realidad eres un humano más y tienes que volverte valioso, aprender cosas nuevas… dejar malos hábitos”.
También reconoce que ha conocido lo mejor y el peor lado del humano. Pese a las culturas que pudiera haber de por medio, considera que los humanos en cualquier parte del mundo no son tan diferentes porque todos tienen sueños, aspiraciones, miedos y valores, y eso permite que se puedan conectar con otras personas por diferentes que sean.

Mejores experiencias

En el recorrido de estos 20 países se queda con lo bueno y malo de cada una porque eso le ha brindado las experiencias, el conocimiento, pero considera que en este tiempo algunos lugares han logrado que se desarrolle en mente, cuerpo y espíritu.
Europa y en el norte de Asia fue donde mejor pudo desarrollar mejor la mente por su economía, por los educación formal que tienen sus habitantes. Donde creció espiritualmente fue en el sur de Asia: India, Nepal, Vietnam y África: Kenia, Ruanda y Marruecos porque le permitieron entender y explorarse asimismo. Y en cuerpo, donde su comida y hábitos mejoraron fue en Vietnam, Japón, Tailandia y sur de Europa, porque su comida es sana, natural y sin nada de alimentos procesados.

Córdoba desde la lejanía
Lo mejor de ser cordobés, dice, es que le encantan las montañas que la rodean y tener la posibilidad de estar a una hora de la playa o a una hora del volcán más grande de México, y eso lo cataloga como una bendición.
“Me encanta el café y Córdoba tiene uno de los mejores del mundo; su ubicación y el café son de las cosas que más he apreciado, así como también la cultura Veracruzana, su comida, la música, y es lo que más extraño. Aunque lo que veo como potencial en Córdoba es que pueda actualizarse, en dejar de ser una ciudad industrial y comercial, y más bien convertirse en una ciudad que pueda ofrecer más cultura y se vuelva más tecnológica”, dice desde Austria.
Roberto acepta que hay situaciones que no extraña de Córdoba, como el que no puede ir a un río sin que esté contaminado, la calidad del aire que es malo por el exceso de fábricas y autobuses, así como su transporte público que es pésimo, deficiente y caro.
“Me gustaría que hubiera más lugares para cambiar y no depender del coche, definitivamente lo que no extraño es que haya muy pocos lugares culturales, le hace falta algo más y eso se logra recuperando la ciudad y quitando espacios a los coches”.

“Sueños gigantes, pies pequeños”

Con 10 años de camino recorrido, Roberto necesitó compartir sus vivencias y lo hace a través de su libro: Sueños gigantes, pies pequeños, el cual cuesta 120 pesos, y a partir de eso busca realizar un documental que pueda ser una guía para todo aquel que quiere viajar y que quiera conocer culturas; el mundo desde una manera más significativa.
El libro promete ser digerible, en el que narra 13 historias las cuales cada una representa una lección aprendida en un país diferente, es por eso que el primer capítulo se lo dedica a la “curiosidad” la cual aprendió en el desierto de Marruecos.
El segundo capítulo a la “identidad”, de cómo aprendió en la India a dejar su identidad mexicana y transformarla en algo más global. El tercero está escrito por la “empatía” con los demás y esa vivencia fue en Kenia. En el cuarto, aprendió a reconocer que el conocimiento es muy poderoso para cambiar algo y eso se lo enseñó Europa. “Es un aprendizaje de vida en un país específico”.

ONG por la educación

Más allá del conocimiento, de los viajes, Roberto quiso aterrizar uno de sus anhelos, y es la creación de una Organización No Gubernamental (ONG) “Global School for Social Leaders”, que ayuda a educadores y estudiantes de cualquier parte del mundo a que puedan aprender más sobre cuestiones sociales, liderazgo, innovación social y sustentabilidad, la cual ya tiene seis años.
“Creamos programas educativos en Europa, Asía o en África para aprender cosas sociales y de sustentabilidad, por eso es que también he viajado y conozco varios países”.