La decisión de vida de Mónica

Acudió a una cita con su ginecólogo y al estar ahí decidió hacerse una mastografía, por lo que le detectaron el cáncer a tiempo y hoy lucha contra esta enfermedad al lado de su familia y tomada de la mano de Dios

Carmen Lara

El Mundo de Orizaba

En el 2017 la vida de Mónica Gonzales Piceno cambió totalmente, ella recuerda que iba a una revisión con su ginecóloga por unos miomas que tenía en la matriz, sin embargo, estando ahí decidió hacerse una mastografía.

En ese momento los miedos comenzaron a apoderarse de ella al escuchar a los doctores decirle que había algo “raro” en su seno y que requería un examen de cono, descubriendo que tenía un tumor del cual la operan para después analizarlo y decirle que era cáncer, en ese momento el mundo de Mónica se derrumbó.

“En julio del 2017 salí de operarme y me dijo la oncóloga que no podía decirme nada, que tenían que mandar analizar el tumor que me quitaron, después de eso me dicen que sí era cáncer y se me viene el mundo encima”, platica.

En ese momento, recuerda que su esposo se acercó a ella y le dijo que no se preocupara, que la iba ayudar y que juntos iban a luchar contra esta enfermedad.

Al ser católica ella se puso en las manos de Dios y le dijo a Dios que si Él decidía que ella se tenía que ir, ella se iba a ir, lo único que pedía era que Dios le ayudara con sus hijos que eran muy pequeños.

Mónica comenzó su tratamiento en el IMSS, iniciando con quimioterapias. Para ella la doctora Damaris fue un ángel, así como las señoritas Alejandra y Conchita que la atendían en sus quimioterapias.

Siempre de la mano

Desde que Mónica entró a la primera terapia, al cerrar los ojos se encomendó a Dios y se decía internamente: “Dios agárrame de tu mano, no me sueltes, que yo de tu mano voy a caminar”.

Admite que fue una persona muy bendecida por Dios, pues durante las seis quimioterapias que recibió, nunca tuvo algún efecto adverso, incluso cuando llegaron las 25 radioterapias no pasó nada, sólo en la terapia número 22 fue cuando se empezó a quemarse un poco.

Como le quitaron los ganglios, no puede recibir nada en el brazo derecho, y tiene un catéter por el cual cada mes va a su “mantenimiento”, como ella lo llama.

Sin embargo, ahí ve a mucha gente que está espantada y tiene miedo, pero ella a través de su historia siempre trata de darles ánimos y pedirles que nunca dejen de confiar y pedirle a Dios, pues Él siempre los escuchará.

A tiempo

Para Mónica una situación de cáncer detectada a tiempo es una bendición, porque tienen la oportunidad de tratarse, combatir la enfermedad y que no queden secuelas o incluso que la enfermedad l lleve a la misma muerte.

Esto, porque dos de sus familiares mujeres, se fueron a una edad muy temprana por el cáncer y todo por el miedo a que alguien las revise, por eso es que invita a las mujeres que se detecten a tiempo, que vayan al doctor, porque ella sabe que sí se trata a tiempo pueden sobrevivir, pues ella está viva.

Actualmente se encuentra en vigilancia y sin ningún medicamento, acudiendo cada 6 meses a su revisión con la oncomédica, para descartar que el cáncer pueda regresar.

El pilar familiar

En esta lucha que tuvo contra el cáncer, el apoyo de su familia fue fundamental, pues fueron el pilar donde ella se pudo sostener para luchar contra el cáncer, sobre todo en su esposo quien en ningún momento la dejó sola.

Incluso su mamá y hermana se fueron a vivir con ella, para poder cuidarla y estar al pendiente de todos sus tratamientos, de manera especial a su esposo es a quién más agradece todo el apoyo brindando durante su enfermedad.

“Esta es una enfermedad que te da ti, pero también le da tu familia, porque ellos están apoyándote y ayudándote, te ven todo lo que sufres y lo que padeces”, platica Mónica.

Todos los días Mónica se levantaba porque tenía una gran motivación: su esposo y sus dos hijos que la impulsaban a seguir adelante cada día, ellos eran su fortaleza.

A raíz del cáncer su vida ha cambiado y ahora ella lo ve como una nueva oportunidad qué le dio Dios para poder vivir diferente y disfrutar más de las pequeñas cosas.

Mónica recomienda a todas las mujeres que están pasando por una situación de cáncer, que se pongan en las manos de Dios, que hablen con él, porque las va ayudar, pero sobre todo que no tengan miedo y que tengan la certeza de que, así como lloran por estar enfermas, Dios las va a ayudar a levantarse.