Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 11,47-50:

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley: “¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los padres de ustedes asesinaron¡. Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro.
Por eso dijo la sabiduría de Dios: ‘Yo les mandaré profetas y apóstoles, y los matarán y los perseguirán‘, para que así se le pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo. Sí, se lo repito: a esta generación se le pedirán cuentas”.
Palabra del Señor.

No siempre es fácil reconocer a los auténticos profetas, ya que un profeta es un enviado de Dios para anunciar su voluntad, marcarle el camino a un pueblo que normalmente se ha apartado de las sendas del Señor. Su mensaje no siempre es agradable, no aceptado por la mayoría, puede parecer retrógrada, obscurantista o fanático al no estar de acuerdo con los proyectos o opciones de una sociedad, su mensaje no depende de los proyectos históricos realizados por los líderes políticos sino depende del proyecto de Dios.
Un profeta siempre denuncia una situación de pecado y proclama el retorno del corazón a Dios. Por lo mismo es atacado y visto muchas veces como un obstáculo al cual hay que quitar.
Nuestro país tiene un largo historial de rechazo a los profetas de Dios, basta mirar la historia la cual da testimonio de ello. Son innumerables los profetas asesinados o perseguidos, cuyo supuesto delito fue exhortar al pueblo a poner a Dios como centro de su vida, romper con sus pecados y vivir el amor a Dios y al prójimo.
Hoy día los nuevos profetas también son rechazados, piensa en el Papa Benedicto XVI, en el mensaje que dirigió la madre Teresa de Calcuta, en fin, innumerables profetas que invitan a volver el corazón a Dios. Decía el Papa Juan Pablo II que uno de los grandes problemas del hombre contemporáneo es su rebeldía ante Dios. Ojalá y tú seas dócil a su voz y no lo rechaces.