Limitan a las niñas Usos y Costumbres

En comunidades indígenas de la región se rigen por este conjunto de normas, que establecen que las niñas deben aprender las albores del hogar, y a veces “frenan” sus sueños de estudiar

Yamilet Gámez

El Mundo de Orizaba

Ciudad Mendoza.- De acuerdo a los Usos y Costumbres aún vigentes en la zona serrana de la región, las niñas adquieren responsabilidades en las que se les encasilla para contribuir en los trabajos de casa, sin embargo, poco a poco se está avanzando para romper con la desigualdad.

Ser niña en las comunidades indígenas implica realizar diferentes actividades del hogar que son enseñadas por las madres de familia, a quienes en ocasiones no se les permite acudir a la escuela para prepararse, ya que se les a instruido, desde pequeñas, para cumplir con su rol de esposas y madres.

Es común observar que las mujeres llevan consigo a sus hijas para enseñarles e inculcarles actividades que van desde la recolección de leña, lavado de ropa en los ríos y las actividades dentro del hogar, principalmente la preparación de alimentos y la elaboración de tortillas.

En cuanto a los niños, se les observa acompañados de sus padres, quienes les enseñan el procedimiento para la elaboración de muebles rústicos de madera, la siembra y cultivo de maíz y otros frutos, así como el pastoreo y cuidado del ganado, entre otros trabajos que requieren mayor esfuerzo.

A pesar de que las autoridades intentan concientizar mediante pláticas, talleres y otras actividades para que las mujeres conozcan sus derechos desde pequeñas, el arraigo de sus usos y costumbres está muy marcado y minimiza las acciones para romper con los estereotipos.

‘Es papel de la mujer servir al hombre’

Según las estadísticas del Instituto Municipal de la Mujer, a cargo de su directora Adriana Romero, en la zona de Necoxtla y La Cuesta persiste la violencia contra la mujer, principalmente psicológica y física.

Las niñas crecen en este ambiente, observando cómo sus madres son violentadas por sus padres.

Y para el Instituto, significa un reto para lograr que las niñas dejen de ver como algo normal el hecho de sufrir violencia por los hombres.

Para atender la problemática, se han realizado diferentes propuestas, para que mediante juegos, cuentos y diferentes dinámicas, las niñas conozcan sus derechos y rompan con el vínculo de violencia que viene de generaciones atrás.

La falta de capacitación, el hecho de que las niñas no tengan acceso a una mejor educación debido también a la falta de recursos económicos, las ata a un mínimo desarrollo como personas.

Ante esto, se se han promovido diferentes talleres para impulsar el autoempleo y que las madres fomenten estos conocimientos en sus hijas y tengan una herramienta más para ser independientes, sin embargo, la respuesta no es suficiente.

“Fomentamos actividades para que las niñas conozcan sus derechos, para que tengan un mayor interés y accedan a la educación.

Sin embargo, nos a costado mucho trabajo lograr que se expresen pero en general si tenemos buena respuesta.

Se busca que desde el preescolar los niños se den cuentan que no es necesario inculcar roles para la niña o el niño, si no que tengan esa libertad, que en casa tanto la mamá como el papá participen en actividades del hogar o de trabajo para ser el pilar económico de la casa.

Vemos que los niños comienzan a captar el mensaje y así tengan una perspectiva más abierta de los roles; con ellos se trabaja con cuentos y la aceptación es buena”, agregó.

Es urgente que se ‘rompa el molde’

Aunque son mínimos los casos en la zona serrana, han surgido mujeres que desde niñas han tenido la inquietud de superarse y tener una mejor vida.

Un claro ejemplo es la sub agente municipal del Ejido La Cuesta, Martha Matamoros González, quien también en su niñez y juventud sufrió violencia y discriminación, pero la necesidad de tener mejores oportunidades la llevaron a emprender diferentes actividades que le permitieron tener una carrera de liderazgo en su comunidad y ahora apoyar a las mujeres que sufren violencia.

Debido a que existen un cambio en la manera de pensar de la población en las comunidades, hombres y mujeres trabajan en conjunto para un beneficio común.

Así como la representante de este poblado indígena han surgido maestras, promotoras de salud y otras profesionistas que desde niñas han tenido un cambio de conciencia para romper con los estereotipos.

Poco a poco se observa que las niñas en las instituciones educativas tienen mayor participación y esto les permite ser ejemplo para las más pequeñas.

Por potra parte, aunque el uso de las redes sociales aún está limitado, ha jugado un papel importante entre las jóvenes y niñas para expandir su conocimiento y ampliar su visión sobre la vida.

“En la sierra las actividades para mujeres y hombres están muy marcadas; las mujeres inculcan las actividades comerciales a las niñas y los hombres participan en faenas, en actividades de construcción y trabajos rudos, son trabajos muy diferentes que hacen tanto niñas acompañadas de sus mamás como niños acompañados de sus papás.

Sin embargo vemos que también las redes sociales han servido para que las niñas tengan otro panorama y ellas busquen salir adelante, tener otros empleos o autoempleos, muestra de ello es el crecimiento del comercio y el turismo en la zona alta.

Le han apostado al turismo y al comercio gracias a que la pandemia fijo los ojos de los pobladores en la naturaleza y es algo que ofrece la zona serrana y está siendo aprovechado por las mujeres para emprender en la puesta en marcha de comedores turísticos.

Como autoridades, como instituto se debe apoyar con programas para que crezcan y tengan un desarrollo que impacte de madera positiva en las mujeres y repercuta en la niñez”.