Fé, Esperanza y Caridad

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Desde El Portal

Marcela Prado Revuelta

Me acuerdo perfectamente de mis clases de Doctrina, los sábados por la tarde, con el Padre Mario en la Iglesia de San José, donde aprendí las Tres virtudes teologales: Fé, Esperanza y Caridad. Había que repetirlas hasta que las decíamos “de corridito”. Me acuerdo.

Ya un poquito mayor, en Filosofía y Letras, encuentro que Miguel de Unamuno en su obra “San Manuel Bueno Mártir”, la caridad la representa el personaje principal, la narradora Ángela es la esperanza y el tontito del pueblo, Blasillo, es quien representa la fé pura, la fe del carbonero. En sus Soledades Antonio Machado, en los autos sacramentales del Siglo de Oro Español y en otras muchas obras literarias, aparecen las Tres Virtudes Teologales. ¡Mira nomás donde anda la doctrina, pensé!

Pero crecí un poquito más y entonces, en la Facultad de Derecho, encuentro que la “fe” (fides), forma parte de un “fideicomiso”. (fideicomissum, en latín, es decir, fides y comissus), todo ello en las cátedras de Derecho Romano, que era una de mis favoritas porque de tal derecho emanan la gran mayoría de las leyes.

Había que responder al maestro: “Un fideicomiso es un contrato en virtud del cual una o más personas, los fideicomitentes, transmiten bines, dinero o derechos, a otra persona, fiduciaria, (que puede ser persona física o moral), para que administre los tales bienes en beneficio de un tercero, llamado fiduciario”…

La clave del asunto era la confianza. Nada más.

Pero, en este momento, francamente, no tengo la menor certeza de la confianza: con la extinción de 109 fideicomisos mexicanos, aprobada por mayoría por un Poder Legislativo federal, (que no tiene nada de poder y no sabe ni madres de legislación), porque se quedaron volando poco más de 68 mil millones de pesos. Repito. 68 mil millones de pesos…

Quizá me quede un algo de confianza de que, al llegar a la Cámara Alta, los señores senadores, hagan el maldito favor de no aprobar lo que ya aprobaron los señores di-puta-dos mexicanos, esos de los que no saben Derecho y no gozan de ningún poder. (Bueno, tienen el poder de cobrar sus honorarios, eso sí. Calladitos se ven más bonitos, aunque lo dudo mucho, viendo las fachas).

No cabe por aquí la lista de los 109 fideicomisos que están en la tablita ni se trata de ello. Usted búsquelos en algunos medios, porque no todos se atreven a hablar de estas cuestiones, ¡Faltaba más!, por si las moscas.

Pero lo primerito que tocó tierra fué el huracán Delta… junto con el FONDEM. No hay ni un peso para los desastres naturales y, si lo pensamos bien, en este momento todo México vive un desastre natural, social, político, económico y etcétera, del que no nos salvan ni las Tres Virtudes Teologales de mi clase de Doctrina.

A la FE le acaban de dar en toditíta la madrépora. De la “Esperanza” de México mejor ni hablamos porque me pongo a llorar o a decir palabrotas que no debo decir porque soy gente educada.

Queda la CARIDAD: esa que están ejerciendo “desde endenantes”, con las becas, las rifas, los dineritos de ninis, de Jóvenes Destruyendo el Futuro, (el de ellos y el de este País), la inclusión de extranjeros en la Guardia Nacional, los contratitos para la parentela, los chavos huevas que se dedican a la agresión en redes, los viajes a “Extranjia” y otras cosas de las q ue prefiero no acordarme, porque a mí, igual que a usted, no me queda ninguna caridad para perdonar esta tragedia que vivimos los mexicanos/ciudadanos, que somos más.

Nos vemos en el 2021. Más nos vale no equivocarnos.