Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 11,15-20:

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Este expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.
Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino?. Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién lo arrojan los hijos de ustedes?. Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder del Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios”.
Palabra del Señor.

Cuando los hombres se cierran a Dios, cuando anteponen sus razonamientos o sus pasiones a los mandatos de Dios, su visión de la realidad se ve opacada, ya no pueden percibir la acción de Dios en sus vidas y a todo le dan una interpretación deformada desde su propio egoísmo. Es lo que les sucede a los fariseos y a muchos hombres, que aun viendo la acción de Dios en sus vidas las atribuyen al demonio.
Cuantos al ver la presencia de Cristo a través de la Iglesia la reducen a intereses políticos, fanatismo religioso o ignorancia. Todo ello sin reconocer la presencia de Cristo en la Iglesia que reconstruye matrimonios, que saca a los jóvenes del pandillerismo y la drogadicción, que le devuelve el sentido de vivir a tantas personas que habían sido destruidas en su vida, que da frutos de santidad y ayuda a tantos pobres.
Es por ello que es importante pedirle a Dios que nos ayude a percibir su presencia en la Iglesia y en los acontecimientos históricos, para que descubramos la presencia del reino de Dios que llega con Jesús. Si Jesús no nos da su espíritu y nosotros nos abrimos en la fe a su palabra, no tendremos sabiduría para descubrirlo actuando en nuestras vidas.