¿45 o 46? Elecciones norteamericanas

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Cada 4 años, el mundo centra su atención en un evento de mundial consecuencia. Ningún proceso político es tan relevante para el orbe como la elección del presidente norteamericano, decisión que compete únicamente a ciudadanos de ese país que cuenta con una población de más de 300 millones de habitantes pero que debido al tamaño de su planta productiva da empleo a muchos inmigrantes provocando una ola de consumo en los destinos de dichas remesas, así que más allá de las decisiones exclusivas de cada norteamericano, la elección en Estados Unidos de Norteamérica es significante por su impacto en las decisiones de los grandes capitales debido al tamaño de su economía que ya sobrepasa los 21 billones de dólares. Otro gran factor es el tamaño de su mercado de capitales que ronda los 25 billones de dólares en volúmenes de operación equivalentes al 41% de la capitalización mundial de inversiones, esto sin dejar de mencionar la relevancia de su hegemonía al interior de grandes organismos reguladores como la ONU, el Banco Mundial y sobre todo el Fondo Monetario Internacional -quien regula la oferta monetaria y los sistemas financieros mundiales- hegemonía que se fortaleció desde mitad del siglo XX en aquella famosa conferencia monetaria llevada a cabo en el Hotel Mount Washington que todos conocemos como el “gathering” de Bretton Woods donde entre otras cosas se fijó el dólar como moneda internacional de cambio y se estableció el patrón oro.
Como puede constatarse, los Estados Unidos de Norteamérica han sabido aprovechar muy bien las oportunidades que la historia contemporánea las ha ofrecido ya que su preponderancia no estriba sólo en una poderosa infraestructura sino en el grado de polarización que el resto de las naciones tiene para con ellos por su grado de influencia superlativo en las grandes decisiones del planeta. Muchas veces escucharemos la crítica incisiva sobre este papel desmedido y violatorio de las soberanías que ejerce esta nación y otras agradeceremos su intervención en asuntos que requieren movilizar recursos financieros que otros países no tienen; así mismo habrá críticas contra el dólar norteamericano (USD) pero todos querrán tener reservas o ahorros en dicha moneda por su valor como refugio financiero. Así, puede usted notar que las elecciones en el vecino país del norte son importantes para quienes están a favor y por supuesto para quienes están en contra de este modelo de gobierno dominante. Basta preguntarle a Vladimir Putin ¿No?
Ante este contexto el mundo permanece expectante -como lo señale antes- ya sea por la elección de un nuevo líder mundial (porque eso es lo que se elige, un liderazgo internacional) o porque se presenta una variante que hace este evento aún más interesante: La potencial reelección del presidente en turno por 4 años más o la llegada de un nuevo mandatario… Y aquí es donde nos encontramos, en medio de una pandemia de catastróficas proporciones, con la mitad de la población mundial en miopía social extrema, algunos pensando que todo es falso, que no existen riesgos y otros asegurando que el mundo ya no será el mismo.
Esta crisis de salud que nos mantiene a todos polarizando el planeta sobre si ¿Usar cubrebocas o ser valientes? se suma a la mayor crisis económica en la historia económica reciente, donde un virus que no mata al total de la población puede desarticular la frágil economía mundial y no por culpa del modelo globalizador sino porque la economía no es reflejo de pensamientos ideológicos sino una muestra de la debilidad humana.
En medio de este caos gobierna actualmente el país más poderoso del mundo un hombre que ha estimulado la economía norteamericana llevando al extremo las políticas fiscales expansivas, absorbiendo un déficit con mayor empleo, intentando devolver a esa nación el valor que se piensa ha perdido pero que en realidad es terreno que de manera natural han ganado otras naciones como China y por supuesto el conglomerado europeo, Donald Trump es el presidente número 45 y el más volátil de la historia, el más fuerte impulsor de los mercados pero el más obsesionado con la reelección por su perfil empresarial y de negocios.
No hay duda que en su momento (hace 4 años) la votación favoreció a los republicanos porque el ciudadano norteamericano había tenido un presidente populista, un político y estadista de extracción demócrata, un Barack Obama que protegió a los inmigrantes y que procuro armonizar con el mundo y proveer de “un poco” de riqueza a todos por igual, sin embargo el electorado en 2017 quería menos solidaridad mundial y más grandeza; discurso que Trump supo armar y vender bien para llegar a la presidencia. Pero, para bien o para mal bajo la coyuntura actual no sirve de nada que unos cuantos alcancen los rendimientos financieros que la liquidez les ofrece, no sirve de nada que los norteamericanos se sientan satisfechos hacia el interior de su ideología republicana porque esta crisis ha trastocado no sólo pensamientos sino los bolsillos de todos, así que los estímulos fiscales, los estímulos monetarios, las bajas tasas de interés son sólo un paliativo de esta crisis pero lo que se requiere en realidad para echar a andar de nuevo la economía más grande del mundo, de la que nos guste o no dependemos muchos (entre ellos la mayoría de los ingresos por comercio exterior mexicanos) se requiere insisto un nuevo liderazgo, una dirección que enfoque los esfuerzos en la economía y no sólo en los mercados financieros.
La atención sobre los grandes agregados de la economía es tan imperativa como urgente y sería sabio para la gran unidad norteamericana que entendieran que la etapa de Trump ha terminado y no porque en materia de derechos humanos sea lamentable su desempeño sino porque lo que cambió es el mundo, lo que se ha modificado es el escenario, así que será necesario traer al hijo pródigo de Scranton, Pennsylvania: Joe Biden, quien ha sido un internacionalista destacado poseedor de un perfil más social y menos pro mercado; un abogado que está dentro del sistema desde tiempos de Jimmy Carter y que parece estar frente a su momento, por el bien del mundo y créame, por el bien de México se requiere la llegada del presidente número 46 a la Casa Blanca.
*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab