La Consumación de la Independencia: Segunda parte

Adriana Balmori A.
Colaboración

El 28 de septiembre, los recién nombrados miembros de la nueva Junta Gubernativa, se reunieron en el Palacio  para redactar el Acta de Independencia del nuevo Imperio Mejicano, de la que se hicieron dos copias, que fueron redactadas por Juan José Espinosa de los Monteros, el secretario vocal de la Junta y firmadas por 33 de los 38 miembros de la Junta junto con Iturbide en su calidad de presidente de la Regencia y Juan O’Donoju, último Jefe Político Superior de Nueva España. Los cinco restantes no acudieron por motivos de salud.
Acta de independencia del Imperio Mexicano, pronunciada por la Junta Soberana congregada en la Capital el 28 de septiembre de 1821.

Nación Mexicana
La Nación Mexicana que, por trescientos años, ni ha tenido voluntad propia, ni libre uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido.
Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados, y está consumada la empresa, eternamente memorable, que un genio, superior a toda admiración y elogio, por el amor y gloria de su Patria, principió en Iguala, prosiguió y llevó al cabo, arrollando obstáculos casi insuperables.
Restituida, pues, esta parte del Septentrión al ejercito de cuantos derechos le concedió el Autor de la Naturaleza y reconocen por inenagenables y sagrados las naciones cultas de la tierra; en libertad de constituirse del modo que más convenga á su felicidad; y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios; comienza a hacer uso de tan preciosos dones, y declara solemnemente, por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es Nación Soberana, é independiente de la antigua España, con quien, en lo sucesivo, no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha, en los términos que prescribieren los tratados; que entablará relaciones amistosas con las demás potencias y cuantos actos pueden y están en posesión de permitir las otras naciones soberanas: que va á constituirse, con arreglo a las bases que en el Plan de Iguala y Tratado de Córdoba, estableció, sabiamente, el Primer Jefe del Ejercito Imperial de las Tres Garantías; y en fin que sostendrá, á todo trance, y con sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos, (si fuere necesario) esta solemne declaración, hecha en la capital del Imperio á 28 de septiembre del año de 1821, primero de la Independencia Mexicana.

Las copias
De los dos ejemplares originales del acta, uno de ellos estuvo exhibido y resguardado en el salón de sesiones de la Cámara de Diputados hasta que durante el incendio de la Cámara en 1909 quedó reducida a cenizas. La otra copia, por increíble que parezca, en 1830 fue robada del Palacio Nacional, llevada y vendida en el extranjero. Al enterarse de este hecho, Maximiliano de Habsburgo, inició pesquisas y la recuperó. Siempre la tuvo a buen resguardo, sin embargo cuando fue fusilado, Agustín Fischer tuvo acceso a ella y la sacó del país.
Años más tarde, el anticuario español Gabriel Sánchez ofreció el acta al historiador Joaquín García Icazbalceta, quien la compró, permaneciendo en su familia hasta 1947 cuando su hijo Luis García Pimentel, la vendió al noble y coleccionista Florencio Gavito. Éste, en su testamento dejó estipulado que al morir él, se entregara el Acta al Gobierno de la República. El 14 de noviembre de 1961 el documento fue entregado de mano propia por Florencio Gavito Jáuregui vizconde de la Alborada, hijo del fallecido Gavito al presidente Adolfo López Mateos. Así mismo se entregó el peritaje de los estudios que se realizaron para comprobar su autenticidad y que consistieron en un minucioso estudio grafológico y paleográfico, con película infrarroja, ultravioleta y otros filtros y mediante los cuales se comprobó que el Acta es una de lasdos originales firmadas en 1821.
El documento que mide 52.9 x 71.8 centímetros, se conserva en el Archivo General de la Nación y según una experta: “desde el año 2010 el Acta de la Independencia se encapsuló en una especie de caja con un sistema que genera una atmósfera especial que, gracias al gas argón, que es inerte, garantiza que las condiciones de humedad, temperatura y de presión sean las óptimas para mantener estables las propiedades de los textos. Además, el documento se puede exhibir al público sin que sufra cambio o daño alguno”
Innegable es pues, que Agustín de Iturbide fue el artífice y consumador de nuestra Independencia.

Adriana Balmori de Amieva
Seminario de Cultura Mexicana
Consejo de la Crónica