Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 9,43-45:

En aquel tiempo, como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: “Presten mucha atención a lo que voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.
Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto.
Palabra del Señor.

A quién de nosotros no le gustaría poder ver el poder glorioso de Jesucristo, si te dijeran que dentro de media hora un hombre va a hacer una curación milagrosa cerca de tu casa ¿no asistirías aunque llegaras tarde al trabajo?. Si supieras que un hombre va a hacer un milagro ¿no te aproximarías?, conociendo como somos los vecinos de esta región estoy más que seguro que sí, pues somos muy curiosos y comunicativos.
Pues considero que, de una u otra manera, todos buscamos experimentar el poder de Dios, situación que haría más atractivo el cristianismo, pero Jesús subraya lo fundamental, no sus milagros ni su poder curativo. El subraya el “ser entregado en manos de los hombres”, porque todo aquel que quiera seguir a Dios tiene que ser probado por la persecución y el sufrimiento. Quien no esté dispuesto a correr el riesgo de la persecución por su fe ante la familia, sus hermanos y amistades no puede decirse cristiano. Si tú eres de los que les da pena o pereza seguir a Cristo, simplemente no estás llamado a ser este servicio para el mundo de hoy.
Todo cristiano tiene que experimentar en su propia vida familiar y social el sufrimiento que le correspondió al Mesías por hacer la voluntad de Dios. Así pues, ¡ánimo¡ Dios nos invita a dar testimonio de la fe y de su voluntad ante tu propia familia y vecinos o ¿acaso te da vergüenza Cristo?