La tiendita de los recuerdos

El cormercio ha hecho prosperar a Orizaba, te invitamos a un recorrido por las tiendas de ayer, hoy y siempre…

Jessica Ignot
El Mundo de Orizaba

Desde tiempos remotos, Orizaba ha sido una ciudad próspera gracias al comercio.
Su estratégica ubicación entre el puerto de Veracruz y la Ciudad de México, propició que aquí nacieran y se intalaron las mejores tiendas de la región y el país.
Es en Orizaba en dónde surgió la primera tarjeta departamental a crédito. A esta ciudad llegaban las mejores telas y alimentos. También llegaban las innovaciones tecnológicas de esos tiempos.

Edificios antiguos
Caminar por el Centro Histórico y ver los magnificentes edificios antiguos que aún se mantienen de pie, es recordar todas esas misceláneas, tiendas departamentales, boticas, cantinas, tiendas de tela, tiendas de muebles, de ropa y abarrotes.
El historiador Armando Lopez Macip, hace un recuento de aquellas tiendas que se asentaron en Orizaba y que fueron eje del desarrollo económico de la zona.
“El desarrollo industrial y comercial de Orizaba se hizo más grande con la presencia del ferrocarril mexicano, desde el 1° de enero de 1873, en adelante, ya es otra época”, comentó.
Podían llegar los productos al Puerto de Veracruz, y para el mismo día ya estaban en Orizaba, y por la noche en la Ciudad de México.
Mucha gente vino a trabajar a las seis fábricas textiles instaladas en la zona de Orizaba, además había talleres y tenerías.
Esto obligó a la ciudad a tener comercio para satisfacer las necesidades de todos los inmigrantes que llegaron de Tlaxcala, Oaxaca, Puebla, Hidalgo, Guanajuato y Michoacán.

Hasta la fecha
Familias de Orizaba y también del extranjero empezaron a instalar tiendas importantes en la ciudad, algunas prevalecen hasta el día de hoy, como es la papelería el Sureste de la familia Franco; de otras más, son los edificios los testigos de la actividad comercial de la antigua Orizaba.
Las tiendas de abarrotes tenía mostradores muy grandes, había una muy popular llamada El Buen Despacho.
“La señora llegaba con su canasta y su lista de los insumos que iba a comprar, tenían básculas donde pesaban delante de la gente”, relata López Macip.

Las plazas
Orizaba también ha tenido un comercio popular, lo que antiguamente eran los tianguis en las plazas de Orizaba. Los tianguis estaban instalados en diversas plazuelas de la ciudad, como en San Juan de Dios.
Se contaba también con la plaza del mercado, que estaba ubicada en el terreno donde ahora está el Palacio de Hierro, antes se llamaba la Plaza de la Constitución, a donde llegaban gente de la Sierra o municipios vecinos a vender sus diversos productos.
Orizaba tuvo su Mercado de Hierro, una obra traída desde Bélgica; narra el historiador Armando Lopez Macip que sus instalaciones eran de estructura de hierro, al centro había un kiosco, y tenían naves para los comerciantes muy bien cubiertas y establecidas. El Mercado de Hierro, se ubicaba en el espacio donde ahora está el mercado Melchor Ocampo, que se construyó en 1957.

Alrededor del mercado
Pero alrededor del mercado, tal como está ahora, siempre ha habido tiendas como jarcerías.
También había tiendas en donde expendían el café. Antes todos tomaban café 100% puro, pero que además lo molían al momento y lo envolvían siempre en papel estraza.
Una tienda muy antigua que existió desde el siglo 19, fue la famosa tienda de El Cometa, se ubicaba en la esquina de la Calle Madero y Poniente 2, el último propietario de esta tienda fue el señor Camilo Boschetti, pero sus antecesores fueron la familia Rojina.
En contra esquina de esta tienda, estaba otra, El Siglo de don Gabino Fernández, “era una tienda muy famosa que luego su hijo, Ataulfo Fernández, la transformó en una tienda departamental y en donde un señor que trabajaba con ellos, Esteban Mena inventó una tarjeta de crédito para la propia tienda”, relata López Macip.

Primera tarjeta
En Orizaba hubo esa innovación, de una tarjeta de la propia tienda. En esta tienda era muy esperada la temporada de “El remate del Siglo” en donde la ropa de muy buena calidad, se vendía a precios muy bajos.
Otra tienda antigua en Orizaba y que ya no existe, era El Jonuco, esta tienda primero estuvo en Norte 2, pero luego la pasaron en contra esquina del parque Castillo, en el edificio en donde vivió don Manuel Carrillo Tablas, que es el mismo edificio donde dio su discurso Francisco I Madero en su segunda visita a Orizaba. En El Jonuco se vendían telas y ropa, pero se habían especializado en vestidos de novia.
El almacén tenía un mostrador de madera y una caja registradora metálica muy grande de color plateado. Además vendían Banderas.
Estaba la de El Nuevo Mundo, que era una tienda de unos árabes; y enfrente estaba El Globo, que era una tienda de ultramarinos de la familia Peláez, y que antes estuvo en la calle Real, cerca de La Casa Arrechederra, donde se vendían muebles y diversos artículos hasta llantas. “Esta tienda tampoco existe aunque sí existe el edificio, qué es lo que hoy conocemos el Edificio del Conejo, que era de don Julián Arrechederra, que además de ser un gran comerciante fue un filántropo, fue uno de los principales benefactores de obras como El Hogar Santa Isabel.

Barrios y tiendas
En Orizaba había diversos barrios, que generalmente eran “bautizados” con el nombre de la tienda. Las tiendas le daban el nombre a los barrios, como La Bayuca, La Joya, Los 4 Ases, la cual era una cantina, por citar algunos.
Otra tienda antigua, y que permanece en la actualidad, es El Fénix, don Manuel M Diez, llegó de España y se estableció en Orizaba. Puso su tienda El Fénix, en lo que antiguamente se llamaba la avenida Libertad, que ahora es la calle Oriente 6 en la esquina con la Calle Madero. Pero también tenía una sucursal en Nogales, y al mismo tiempo era socio de quien tenía la tienda de raya en Río Blanco, del señor Víctor Garcín, y que fue incendiada el 7 de enero de 1907.
Después tuvo otro negocio en la calle Real, frente al anterior, que lo llamó Casa Diez y que era un almacén de ropa. Después en el edificio de la tienda El Fénix se instaló almacenes Blanco.
“Y es ahí en donde empieza ya a cambiar la historia de Orizaba porque don Manuel Diez y sus descendientes: Gerardo Diez Alonso y Juan Diez Alonso, así como Fermín Diez Diez, llegaron a trabajar y tuvieron otra proyección, y adquirieron la contra esquina, durante muchos años funcionó El Fénix”, comentó.
En dónde estaba ubicada Casa Diez, se instaló almacenes Blanco, que originalmente era una tienda de telas, pero vendían también muchos artículos.
Después del terremoto del 73, los dueños de Blanco, se dedicaron a comprar todas las casas que quedaban hacia la esquina de la Sur 3 y hacia arriba, de tal manera que el edificio es el que actualmente ocupa Soriana, en 1974 construyeron Blanco, ya con esas dimensiones enormes. Pero la gran innovación es que pusieron estacionamiento subterráneo, que fue el primero de este tipo en la ciudad.
En poniente 3 y Madero estaba almacenes El Palacio, donde antes estuvo telas Junco.
Y en contra esquina, en el edificio que aún existe y es muy antiguo y bonito, estaba el almacén Treborco, que era un almacén de ropa. Más tarde en ese espacio se instaló el Centro Comercial Orizaba.
Caminar por la Calle Madero en la actualidad, y conocer la fascinante historia de las tiendas y almacenes que existieron en la antigüedad, nos hace imaginarnos y evocar cómo fueron.

Pianos y juguetes
En este espacio, también estuvo la antigua tienda La Standart, del señor Petterson, quien le puso a la tienda el nombre de unas máquinas de coser, pero no solamente vendía máquinas de coser sino también vendían pianos, trastos de cocina, y luego se convirtió en juguetería. Después esta tienda se mudó a la Poniente 3 con Sur 2, tenía unos aparadores grandísimos, los niños se quedaban con la boca abierta para ver los juguetes hermosos que se exhibía.
En esta tienda había un personaje excepcional, Luchita, una empleada de la tienda, que cuando cerraron el negocio y liquidaron a su personal, ella en su casa puso su propia tienda llamada: “la nueva Standart”.
Sobre la Calle Madero existía la relojería Cantú, su eslogan era: “un minuto para comprar, y un largo año para pagar”, y es porque vendían a crédito, pero además en la compra de algún artículo le regalaba a sus clientes, en Navidad y fin de año, un pavo o un cartón de cerveza.
Sin embargo, la modernidad vino a acabar con el Centro Histórico, frente al Palacio de Hierro hubo un almacén que fue muy dañado en el terremoto, y a ese almacén y le pusieron de nombre el Palacio de Hierro, que nada tiene que ver con la actual cadena de tiendas departamentales, pero le pusieron ese nombre porque estaba enfrente de el Palacio de Hierro de Orizaba.
También sobre esta área estaba la tienda llamada La Colmena, que era un almacén de ropa y era una casona de dos pisos que fue construida desde 1600 para que fuera el Palacio de Gobierno de la República de indígenas de San Miguel Ahuializapan. Ese edificio fue demolido en el mismo tiempo en que fue demolido el Mercado de Hierro, alrededor de 1957.
Demolieron esa casona y construyeron el edificio que se llama Álvarez Carsain, en donde abajo se pusieron almacenes Diez, y en la calle poniente 3, puso Super Fénix.
“Estamos hablando de un progreso, de una Orizaba comercial, pero para que el comercio tenga éxito, tiene que haber movimiento económico, y las fábricas de entonces, todas funcionaban a su máxima capacidad”, comenta el historiador.
Las zapaterías que había en Orizaba eran un gran negocio, muchas de ellas se surtían de los propios productores locales. Pero empezaron a llegar las grandes cadenas, había un edificio muy bonito que demolieron, estaba ubicado sobre la Calle Madero con Oriente 4, ahí se instaló la zapatería La Canadá.

Los pasajes
También se pusieron de moda los pasajes, lo que ahora es el antecedente de las plazas comerciales, y ahí había un pasaje, adentro estaba en la tienda que se llamaba Discoratas, del señor Ataulfo Fernández.
Los jóvenes acostumbraban a ir a Discoratas, donde había cabinas y se podía escoger el disco para oírlo en ese lugar, los jóvenes pasaban horas escuchando los discos.
Eso sucedía también en las tiendas de publicaciones, en la calle Real junto al río Orizaba, almacén de ropa de los hermanos López, ahí se instalaron los almacenes de La Suiza, y en el sótano de ese lugar había un gran taller de costura. En ese lugar más tarde, se instaló el restaurante Romanchu, del español Román Rodríguez, y junto un bar, pero en la esquina había una tienda de publicaciones, donde llegaban los periódicos nacionales, los locales y también revistas.
Las principales tiendas que hubo en Orizaba fueron de abarrotes, como la del Pabellón en Madero Norte.
Había otra famosa tienda antigua que se llamaba El Iris, ubicada en Oriente 3 y Norte 4, era una tienda miscelánea, donde se encontraba de todo. Tuvo tanto éxito esa tienda que pusieron otra junto al Teatro Llave, a la que llamaron El Iris Nuevo.
Otro negocio muy productivo eran las carnicerías; a los carniceros les iba muy bien porque iban y escogían sus propias reses en el rastro. Habían carnicerías en las colonias pero también en los mercados.

Las automotrices
Empezaron también a llegar tiendas de otro tipo por ejemplo con ventas de automóviles. Las primeras se instalaron en el centro de la ciudad, en donde estuvo la chocolatera La Azteca, y que ahora es una gasolinera en la esquina de Sur 5 frente al Hotel The France, junto a esta, se instaló una agencia de autos de la Ford. Mientras que la Chevrolet se instaló junto al cinema, y posteriormente se trasladó entre la Sur 6 y 4. Ya después fueron yéndose hacia la salida de Orizaba.
Sobre la calle Real estaba la tienda repertorio musical Yáñez, ahora la tienda se ubica en la Calle Madero. Sin embargo, la familia, dueña del negocio, pronto logró posicionar esta tienda como una de las favoritas, sobre todo de aquellas personas del ámbito musical.
Era tanta la confianza que se tenía con los clientes, cuenta López Macip, que particularmente los dueños le ofrecían que se llevaran los instrumentos y luego se los pagara.

Calidad y trato

Las tiendas antiguas tenían un magnífico trato al público. En las tiendas de antes los vendedores y los dueños tenían una educación en donde se desvivían por la atención al cliente, era personal muy dispuesto y rápido en la atención. Además tenían la habilidad de hacer las cuentas de manera muy rápida y precisa.
Orizaba ha cambiado mucho, los supermercados y las plazas comerciales rigen hoy el comercio, aunque son pocas las tiendas que aún sobreviven.
Las personas que tuvieron la oportunidad de conocerlas, sin duda traen a su mente esos recuerdos de haber acudido, del trato de los dueños y empleados.
Quienes no lo vivimos, nos quedaremos con los relatos orales de lo que fueron, pero atesoramos esos edificios que aún permanecen de pie en el Centro Histórico, y que con solo levantar la mirada, nos harán revivir esos momentos de magia.