La gratitud también lleva sal y limón, la historia de Don Isaac

Don Isaac a sus 78 años sale todos los días a vender sus jícamas para llevar el sustento a casa, hace unos días se volvió famoso en redes y hoy agradece todo el respaldo recibido

Carmen Lara

El Mundo de Orizaba

No saber leer, ni escribir, llevó a Don Isaac Guzmán a emplearse en diversos trabajos durante su juventud, sin embargo, con el paso del tiempo y los años ya no pudo hacerlo más, así que buscó la manera de salir adelante auto empleándose vendiendo jícamas con chilito, limón y sal.

Llueva, truene o como esté el clima, Don Isaac sale todos los días a vender. El pasado 12 de septiembre, ante la crisis económica, la pandemia y el hecho de no haber vendido absolutamente nada , Don Isaac se quebró.

Lloró de desesperación, de impotencia y de dolor por no poder llevar el sustento a casa, esto sin percatarse que una joven lo observó y sintió su dolor, por lo que subió su historia a redes, cambiándole la vida. Hoy la ayuda le ha llegado a Don Issac de muchos lados, hecho que le hace sentir infinita gratitud y le hace ver que no todo está perdido en este tiempo en el que más nos necesitamos unos a los otros.

Todos los días

De lunes a viernes, cuando el reloj marca las 12:00 en punto, Don Isaac inicia su trayecto al trabajo, saliendo de Jalapilla, Rafael Delgado, para recorrer las calles de la ciudad de Orizaba empujando su carrito naranja, con el que oferta sus jícamas y el que le hace llevar el sustento a casa todos los días.

Don Isaac tiene 78 años y lleva dedicándose al comercio 46, pero antes de ser vendedor de jícamas, trabajó en el mercado, como albañil, cortando café, juntando leña y hasta fue cargador, pero el tiempo no pasó en vano, las fuerzas se le fueron apagando poco a poco y teniendo cada vez más gastos, se le ocurrió comenzar a vender sus famosas jícamas.

Así fue que empezó a recorrer las calles de la ciudad con su carrito, donde además de llevar sus frutas, llevaba consigo sueños, esperanza y la fe de que todos los días venderá algo andado por las calles del Tecnológico (ITO), la escuela Veracruz y La Concordia.

La necesidad

La necesidad que vive en su hogar, es la que ha llevado a Don Isaac a salir a las calles a trabajar a pesar de sentirse cansado, “en la casa yo me obligo a salir, porque la mujer (pareja) que tuvo mi hijo nos dejó dos bebés hace nueve años”, cuenta.

Don Isaac decidió seguir trabajando y luchando por estos dos niños, sus nietos, para que no les falte nada y ese es su motor e impulso desde hace 9 años para seguir saliendo todos los días a vender.

Por la pandemia del Covid-19, se vio en la necesidad de descansar forzosamente durante tres meses, hecho que le causó frustración y tristeza, hasta que llegó el momento en que Don Isaac ya no pudo esperar más, pues en casa los gastos seguían creciendo y tenía que hacer algo.

“Yo no quiero ver a esos niños como si no fueran nada de mí, para mí ellos lo son todo, los quiero como si fueran mis hijos y yo no quiero que les falte de comer y todo lo necesario, por eso es que me obligo a salir, aunque sea poquito, pero hay vamos saliendo”, relata Don Isaac.

La ayuda

Con el riesgo del Covid-19, la poca gente en las calles y la crisis económica, Don Issac no tenía buenas ventas, pero en días pasados la vida le demostró que todo puede cambiar de un segundo a otro.

Y es que él no contaba conque una joven orizabeña publicó una foto de él y su tan famoso carrito naranja en la que decía que Don Isaac no estaba teniendo ventas e invitó a todos a apoyarlo.

Y es así como la ayuda llegó a él, pues al siguiente día varios orizabeños le hicieron “el gasto” y vendió todas sus jícamas.

“Gracias al movimiento que hicieron, ya voy con tres días que he estado acabando mis cosas, yo le doy gracias a los clientes y a los conocidos que están haciendo todo esto por mí, pero también a los que no conozco que han visto la foto y me ayudan”, explica Don Isaac.

Don Isaac agradece de todo corazón a aquellas personas que han acudido a comprarle jícamas e invita a toda la población que no solo lo ayuden a él, sino también a todas las personas que vean vendiendo en la calle porque las necesidades de quienes trabajan así es porque sus casas tienen bocas que alimentar.

“A mi me preguntaban que qué era lo que necesitaba, pero a mí me da pena pedir algo, pero sí de buena voluntad tienen, siquiera que me obsequien unos cuadernos o libretas para mis nietos”, solicita Don Isaac.

Él relata que ha sido muy difícil sacarlos adelante, porque cuando eran pequeños solo se preocupaba por la comida, pero ahora que sus nietos tienen 8 y 9 años, también tiene que solventar los gastos de la escuela.

Le dan despensa

Gracias a la labor altruista de la orizabeña Alexa Díaz, Don Isaac, recibió este 15 de septiembre una despensa y ayuda económica, fruto de varios orizabeños que decidieron aportar su granito de arena y ayudarlo.

Por su parte Don Isaac, se mostró muy agradecido con las personas que lo apoyaron, pues aunque no lo conocen y nunca le han comprado  sus jícamas, decidieron ayudarlo un poco.

Tras regalarnos unos minutos de su preciado tiempo para agradecer a todos, Don Isaac vuelve a su carrito naranja, desde donde se le ve cortar la fruta, agregarle sal y limón y sonreír, porque hoy además de llevar unos pesos a la casa y comida, también lleva fraternidad y amor.