El “cachito” de avión

Hoy que se da a conocer el ganador de la rifa del avión presidencial, traemos un cuento que nos pone a pensar, ¿qué hubiera pasado si el premio realmente hubiera sido la aeronave?…

Daflin García

El Mundo de Orizaba

Cuando despertó, descubrió que había ganado el avión presidencial… y típico, ¡no se la creía!, sin embargo, al verse parado en el hangar presidencial junto al monstruoso Boeing llamado “José María Morelos y Pavón”, pensó “valió la pena atrasarme en la tanda… y qué decir de mi AMLO, los fifís han de estar que arden porque ¡sí cumplió!”.

¡Todo parecía como de película!, la blanca areonave decorada con el tricolor nacional por un costado estaba lista para partir con todo y piloto a bordo. Eso sí, no más habían una agüita en el frigobar y un paquetito de cacahuates enchilados, de esos combos que venden en el Oxxo a 25 pesos, porque pues “estamos en austeridad”.

El viaje

Genaro nunca había volado y sintió que las tripas se le pegaban en la garganta al momento de despegar, a pesar de estar en el cómodo asiento reclinable de piel del armatoste ese. ¿Destino?, no, no lo había, él sólo quería volar y ver cómo son las nubes más allá de esa capa grisácea que lo cubre todos los días y saber si es verdad que la Cedemex parece una mancha pintada de café desde las alturas. Y así, sin más ruta partió.

Una vez tomada cierta altura, se puso a revisar el famosísimo avión que se ganó por 500 pesitos: Cama kingzize, baños más grandes que el cuarto que le rentaba a doña Soco en Iztapalapa y una pantallota de 45 pulgadas sólo para él.

Realmente parecía que estaba viviendo un sueño, cuando de pronto, el avión perdió altura y las tripas se le revolvieron de nuevo.

Como pudo se arrastró hasta la cabina donde el piloto rezaba a gritos mientras trataba de mantener el timón. “¡Dios te salve María, ayúdanos por mi tontería!”, repetía.

Genaro muerto de miedo y con voz entre cortada preguntó que qué pasaba y el piloto le dijo: “es una falla por combustible, la verdad es que como no hay recursos, mandé a ponerle huachirbosina porque no me alcanzaba para la turbosina… así que si sabe lo que le conviene póngase a rezar conmigo”.

El afortunado ganador de la gran rifa del avión entendió que no iba a salir de esta vivo y mientras la aeronave caía en picada sólo alcanzó a cerrar los ojos… y cuando despertó, descubrió que había ganado el avión presidencial.

La renta

“¡Ah chingao, esto ya lo pasé!”, se dijo Genaro mientras estaba de nuevo en ese hangar junto al monstruo con alas que casi lo mata.

“Si me trepo, me muero”, pensó. Así que mejor optó por rentar el avión a esas compañías de lujo que se anuncian por el Facebook y que, según su cuate “El Mincho”, su hacker de confianza, no cobran por impuestos, ni renta, ni personal y se gana buena lana.

Y el avión fue rentado por un ricachón, cadena de oro al cuello y gafa polarizada aún en la noche, para ir de la Cedemex a EEUU con un montón de paquetes.

Genaro estaba tranquilo en su cuartito comiéndose una Maruchan con salsa Valentina, cuando abrieron su puerta de un patadón que casi se traga hasta la cuchara.

“¿Eres el dueño del avión presidencial?”, preguntó un chavito con aspecto pandroso. “Ssss-sss-sí”, titubeó Genaro.

“El patrón casi se mata por tu culpa, tu avión ese está defectuoso y pa’colmo perdimos todos los pericos que les íbamos a dar a los gringitos, así que te la pelas”, le dijo el chamaco mientras sacó un revólver.

Genaro sintió de nuevo las tripas en el cuello y sólo cerró los ojos al oír los disparos… y cuando despertó, descubrió que había ganado el avión presidencial.

“¡No mameeeeeees!, esto ya fue… ¿qué pedo?”, se repetía mientras volvía a estar en el frío lugar donde ese avión, que ahora parecía tener ojos, lo miraba y lo retaba.

El préstamo

Pero ahora Genaro prestó el maldito avión para que grabaran una serie, esas de matones que tanto le gustaban.

Por agradecimiento, los productores lo invitaron a la grabación y ya en el set, la escena de una explosión se salió de control y… sí, Genaro lo vio venir de nuevo caería en el jueguito aquel de la nave… cerró los ojos y cuando despertó, descubrió que había ganado el avión presidencial, pero ahora no estaba en el hangar, seguía tirado en su catre aunque rodeado por dona Soco y sus 8 hijos que lo zarandeaban para que se levantara porque en la tele habían dicho que él se había ganado el avión presidencial.

Después de darse un abrazo y tomarse una foto con AMLO y contestar preguntas atosigantes de los periodistas, al fin pudo entrar a su súper premio.

“Otra vez nos vemos las caras… culero”, le dijo con desprecio al avión, mientras lo recorría.

La llamada

Sí era justamente como el de sus sueños, pero olía como al pinol que avienta todas las mañanas la del cuarto 13, que queda justo arriba del suyo.

“¿Qué hago?, si me subo me mato, si lo pongo en renta, me matan los narcos, si lo presto igual me muero… ¿Qué hago?, la neta es que esta chingadera yo no la quiero”, dijo en voz alta, alzó las manos y algo se le cayó de la chamarra.

Era una tarjeta de presentación. “¿Problemas con tu premio? Comunícate con el Lord P al 0180056737362”.

Sin pensarlo mucho marcó y una voz conocida lo saludó. “Hola qué tal mi querido Genaro, espérame un momentito, porque estamos a nada de aterrizar en Oaxaca, estamos a un minuto; no, a menos, como a 5 minutos”.

Y con esas palabras, Genaro supo lo que debía hacer.