Lectura del santo Evangelio según San Lucas 5,36-39:

En aquel tiempo, Jesús les dijo a los fariseos una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El añejo es mejor‘ ”.
Palabra del Señor.

El Reino de los Cielos es algo completamente nuevo para cualquier hombre, implica una nueva manera de pensar, de sentir y de vivir como resultado de la presencia de Cristo resucitado en el hombre.
El vino nuevo del Reino no puede vivirse en esquemas moralistas ni espiritualistas como muchos quisieran relegarlo, no va de la mano con la brujería, ni las limpias, ni los vicios ni con la corrupción sino que influye en toda la persona y sus relaciones sociales. Implica por lo mismo un deseo profundo de conversión, de apartarse del pecado dejándose tocar por la gracia de Cristo.
Aquel que quiera seguir viviendo en el alcoholismo, en la ira, justificando su pereza para no trabajar, seguir culpando a los maestros por la propia mediocridad en el estudio, buscando orientación en los brujos, o seguir robando a la empresa, no puede alcanzar la felicidad, pues continúa en el vino viejo.
Cristo es el vino nuevo, pero espera que el odre que es tu corazón sea nuevo, con deseos renovados de ser diferente. Cuando dejes que la presencia de Cristo te impregne, verás como toda tu realidad cambia, el trabajo será menos pesado, sabrás como educar a tus hijos,
Hoy es buen día para iniciar un cambio de corazón. Cristo te ayudará si lo deseas. A vino nuevo, odres nuevos.