¿El fin?

Y sin embargo…

¿El fin?

J. Antonio Marín
@jantoniomarin

La belleza acaba, y el futbol brillante también. El Futbol Club Barcelona, que tras dominar Europa en títulos y buen futbol, comenzó años atrás el cierre de uno de sus ciclos más exquisitos, y diría que el más exitoso de su historia.
Es cierto que en el deporte como en la vida lo más importante es ganar, pero para algunos románticos las formas cuentan. El Barcelona, primero de Johan Cruyff, luego de Frank Rijkaard y finalmente de Pep Guardiola, demostró que se puede ganar y convertir al futbol en arte.
El ‘Tiki taka’ fue y es uno de los estilos que más gustó a los aficionados del Barcelona, pero también a sus rivales. Era un deleite ver cómo se hilaban 10, 20, 30 y hasta 40 pases previos a una jugada de gol.
El campo de juego se convirtió en una especie de tablero de ajedrez donde casi siempre los blaugranas sabían colocar de mejor manera sus piezas para dejar en jaque a sus oponentes; hubo algunos que rompieron su juego a base de una buena estrategia o un juego brusco, pero al final el Barsa continuaba encantando a propios y extraños.
La piedra filosofal del último Barcelona triunfador fue sin duda el astro argentino Lionel Messi; pero también el pampero se convirtió en el principal mal del equipo.
Messi, todopoderoso de un equipo que en Europa ha brillado en los últimos 20 años, mandaba y orquestaba cada movimiento; jugadores y técnicos debían tener el visto bueno del rosarino.
Hoy, Barcelona ha finiquitado su propio error. Dejarle a Messi, su más grande figura, el poder de decidir. Algo que tarde o temprano pasaría factura.
Al ‘Diez’ argentino seguro le quedarán 2 o 3 años en el máximo nivel antes de pensar en el retiro; su nivel ha ido en decadencia, ya no es el mismo. Y el Barcelona tiene dos opciones. Mantenerlo y dejar que sea Ronald Koeman quien decida completamente el camino que deberá tomar el club, o aceptar las posibles ofertas del Inter de Milán o Manchester City y desprenderse así de su máximo ídolo por unos 200 millones de euros.
Nada es para siempre, el romance de Messi y Barcelona parece llegar a su final.