La última guerra de México (1)

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Héctor E. Ortega Castillo

Corría el día 13 de mayo de 1942. Era miércoles y todo parecía en calma en las aguas del Golfo de México, cuando el submarino alemán U-564 tipo VII-C (es decir, un monocasco con motores más grandes y pesados y, por lo mismo, más lento aunque con un sistema de inmersión más veloz), comandado por el KL (Kapitänleutnant) Reinhard Suhren torpedeó e inutilizó el buque tanque petrolero mexicano “Potrero del Llano”, siendo las 23:55 horas de ese fatídico día en que fallecieron 14 tripulantes de la embarcación, de los 35 que la componían.
Contrario a lo que se dice, el “Potrero del Llano” no fue hundido, sino simplemente inutilizado. El ataque dióse a unas cuantas millas de la península de Florida mientras el navío enfilaba hacia el norte. México entonces, fiel a su tradicional política antiintervencionista, era una nación neutral, en tanto el resto del planeta se despedazaba en una guerra que lo mismo se daba en Europa, que en el norte de África, en el Lejano Oriente o en el Océano Pacífico. La acción germana (que sería publicada dos días más tarde) causó sorpresa en tierras del Anáhuac, máxime porque no se trataba de un navío beligerante, sino una embarcación petrolera, que transportaba 46,000 litros de petróleo adquiridos por los Estados Unidos y que además, no estaba artillado.
El ataque obedecería a una disposición –poco difundida– del Alto Mando Alemán, que ordenaba que fuesen atacados los barcos de cualquiera de los Estados sudamericanos (y se entendía a México como uno de estos) que fueran armados (aunque no era el caso del “Potrero del Llano”), sin previo aviso, excepto los de Argentina y Chile, y del mismo modo atacar a “los barcos mercantes que divisaran en la zona debería suponerse que viajaban al servicio de los Aliados”. Es decir, el ataque al primer buque mexicano en Aguas Internacionales dióse por suministrar petróleo a un país beligerante: Estados Unidos (que entró a la guerra el 7 de diciembre de 1941, unos meses atrás).
No obstante la vox populli insistiría con tozudez (y aún lo hace) que el ataque sería perpetrado por Estados Unidos, que obligaba así a México entrar en la guerra. Como si nos necesitasen para eso, pero en fin.
Por supuesto que el gobierno de Manuel Ávila Camacho exigiría a Alemania (y de paso a Italia y Japón, si bien no tuvieron nada que ver con el ataque, a excepción de ser “cuates” del pandillero de la cuadra) una explicación razonable y una satisfacción al honor nacional mancillado, mismas que nunca llegaron. En cambio, una semana más tarde, el 20 de mayo cuando venía de regreso a Tampico, fue hundido (este sí) el segundo buque petrolero –que por cierto venía vacío, pues ya había descargado–: el “Faja de Oro”; esta vez por el submarino nazi U-106 tipo IX-B (submarinos de gran alcance para operaciones transoceánicas), al mando del Kapitänleutnant Hermann Rasch. Y como eso, lejos de buscar una respuesta diplomática, ya “calentaba” al huésped de Palacio Nacional, decidió declarar la guerra a Hitler y sus aliados. Por cierto que el “Faja de Oro” fue torpedeado, cañoneado y hundido a unas millas de Cuba, cerca de Cayo Hueso. En esta ocasión fallecieron 9 de 37 tripulantes.
Lejos de lo que suele creerse, estos no serían los únicos barcos atacados. Semanas más tarde, submarinos alemanes también atacaron otras embarcaciones mexicanas, con bandera mexicana, sin artillería y perfectamente iluminados: el “Tuxpam” el 26 de junio a tan solo 40 millas de la Barra de Tecolutla, por el submarino U-129 y horas más tarde (ya siendo 27 de junio), el mismo sumergible hunde al buque “Las Choapas” frente al faro de Santiaguillo, cerca del Puerto de Veracruz. Un mes más tarde, el 27 de junio, el U-171 ataca y hunde, en costas texanas al “Oaxaca”, que no era un buque petrolero, sino un carguero que transportaba maquinaria pesada, azúcar sin refinar, piña y el menaje de casa del cónsul mexicano en La Habana y que iba rumbo a Tampico desde Nueva Orleáns. Finalmente el mismo U-171 atacó y hundió el 4 de septiembre al petrolero “Amatlán”, a 62 millas de Tampico.
(Continuará…)

[email protected]