Raíz de lucha y cosmovisión

Jessica Ignot

El Mundo de Orizaba

Los jóvenes nahuahablantes de la Sierra de Zongolica enfrentan racismo, discriminación, marginación y pobreza. Pero esto ha propiciado que empiecen a tomar liderazgos para hacer un cambio en sus comunidades y reivindicar su lengua, su cultura, sus tradiciones y formas de vida.

Estos jóvenes están buscando que otros jóvenes de sus comunidades se apropien de sus orígenes, tengan sentido de pertenencia y empoderen su identidad.

Florinda Calihua Zoquitécatl, originaria de la localidad de Tilica en el municipio de Tehuipango, es de las pocas mujeres de su localidad que logra terminar una licenciatura, egresó de la carrera de Gestión Intercultural para el Desarrollo de la Universidad Veracruzana Intercultural. Ella es nativa hablante de idioma náhuatl y trabaja de promotora de Lenguas Indígenas del programa INPI.

Ella, es una joven resiliente que busca mantener y desarrollar sus raíces a través del linaje, sabiduría e inteligencia ancestral.

Como joven, reconoce que es fundamental restaurar el papel de los jóvenes en las comunidades, que pasen de ser espectadores a restaurar el liderazgo y empoderamiento de sus raíces indígenas, su cultura y cosmovisión.

En el marco del Día Mundial de la Juventud, señala la importancia de reflexionar sobre las juventudes indígenas, que mantienen una lucha día a día para sobrevivir en medio de la marginación, pobreza, discriminación y racismo, que de no hacerlo, los puede despojar de sus raíces.

Los jóvenes en las comunidades indígenas desempeñan un papel importante en sus comunidades, no hay tiempo para el ocio, además de estudiar, tienen que trabajar en el campo, aprender a sembrar, a limpiar la milpa. Ellas, tienen que aprender a echar tortillas, cocinar y también a sembrar.

Hombres y mujeres jóvenes de las comunidades deben ser solidarios con su gente, ayudar en las actividades comunitarias. “Tenemos actividades naturalizadas, los jóvenes lo percibimos de esa manera, es algo ya naturalizado que nos enseñaron nuestros propios padres”, comentó.

El rol que tiene un joven indígena es precisamente seguir los usos y costumbres desde sus comunidades, sus culturas, el seguir aprendiendo de las cosmovisiones, del patrimonio biocultural que tiene sus comunidades indígenas, comparte.

Pero el joven indígena también asume el rol de ser fuerte, de no rendirse ante una sociedad que lo discrimina, que le violenta sus derechos, que lo orilla a salir de su comunidad a buscar mejores oportunidades de vida.

“La lucha que seguimos teniendo es seguir aprovechando nuestras capacidades para mejorar. Buscamos seguir manteniendo nuestras raíces culturales y ancestrales, tratamos de seguir difundiéndola entre nosotros mismos, también hay que autorreconocernos como jóvenes indígenas, independientemente de la modernidad y la tecnología”, comenta.

Reconoce que hay un menosprecio hacia el joven indígena, a menudo la sociedad no cree que sean capaces de lograr tal o cual cosa, pero el joven tiene capacidades desarrolladas que acompañan de sus usos y costumbres para tener logros.

Un joven indígena vive la discriminación hasta en espacios públicos, ya sea en la escuela en centros de salud, en oficinas y delegaciones, en diversas instituciones públicas; y esta discriminación viene porque muchas veces no saben hablar español o no lo hablan de manera fluida, los discriminan también por su ropa, por su apariencia, por su color de piel, por sus expresiones.

Esta discriminación que se ejerce en los grupos de jóvenes indígenas es cruel y fuerte, “la discriminación nos llega a pegar, como jóvenes indígenas debemos de empoderarnos, aunque la discriminación nos pega mucho, nos hacen llegar a un límite de querer abandonar nuestro origen”, comentó.

El Día Mundial de la Juventud, dice, no sólo es un día para festejar, es un espacio para seguir visibilizando esta juventud de la que no se habla, pero que está en constante lucha.

Los jóvenes dentro de sus comunidades tienen un futuro incierto, tienen muy pocas posibilidades de formarse como profesionistas, tienen poco acceso a la educación, a servicios de salud dignos, a empleos estables y bien remunerados.

Hoy en día, cada vez hay más jóvenes que salen de sus comunidades en busca de mejor calidad de vida, de preparación académica y de mejores condiciones de trabajo.

“Si tenemos que emigrar, tenemos un futuro con ciertas oportunidades; el chico que decide eso, es un poco más arriesgado, pero muy valioso porque no deja de seguir luchando”, y  agrega: “El racismo ha existido y siempre va a seguir existiendo, es triste”.

Muchos jóvenes están haciendo grandes esfuerzos para salir de sus comunidades para estudiar una carrera universitaria; la pobreza es una gran limitante para ello, pues muchos de ellos trabajan para comer, si quieren estudiar tienen que trabajar el doble para tener dinero para el pago de las inscripciones, los pasajes, materiales de práctica y todo lo que requiera la universidad.

Reconoce que es importante que los jóvenes como ella asimilen la riqueza cultural de sus orígenes, que se sensibilicen para valorar su cultura, su sentido de pertenencia, su lengua y sus tradiciones.

Muchos jóvenes que migran se apropian de otras culturas, a veces por los actos de discriminación de los que son objeto.

“Se está viendo un poco más de movimiento con los jóvenes indígenas en cuestiones de trabajar con las culturas y trabajar con las lenguas indígenas, se ha enseñando a escribir o shablarlo promoviendo la parte cultural o tradicional de las comunidades; pero mi percepción aspira a más, que sean los propios jóvenes indígenas los que se integren cada una de las manifestaciones culturales, pero para ello es necesario seguir trabajando en procesos de reivindicación de la cultura indígena”, comentó.