Cocolapan: gloria y prosperidad

Jessica Ignot

El Mundo de Orizaba

Sus muros y ruinas guardan la historia de 184 años de Orizaba. El pasar de los tiempos y la ambición  han hecho estragos en la extinta fábrica de Cocolapan, la primera industria textil levantada en la región que la llevó a ganar el nombre de la Manchester Mexicana.

Hoy, ese edificio está a punto de caer, con él se perderán años de evidencia física de lo que fue una gran fuente de riqueza.

Cocolapan dio la apertura a una de las regiones industriales más importantes del siglo XIX

Lucas Alamán, explica el historiador Armando López Macip, fue el hombre clave para hacer una realidad la instalación y funcionamiento de la fábrica de Cocolapan.

Lucas Alamán, en su cargo como Ministro de Relaciones en el Gobierno Independiente de la República de Antonio López de Santana, creó el Archivo General de la Nación y el Banco de Avío, con el que logró una inversión en este proyecto junto con los hermanos franceses Próspero y Augusto Legrand. Fueron socios hasta 1842, fecha en que Lucas Alamán se desligó, quedando solo en manos de los hermanos Legrand.

Esta fábrica fue levantada como uno de los proyectos mas visionarios para la zona de Orizaba y con ella iniciaría el auge de la industria textil.

Cocolapan tuvo una inversión de un millón de pesos, fue instalada, en ese entonces, con la más alta tecnología para la producción de hilos y telas de alta calidad; modelo que fue copiado por otros industriales de la región.

Dio empleo a más de 600 obreros y tenía casi una producción de una tonelada al día; su instalación propició migración de personas y un incremento importante en la producción y en el consumo de la región.

La construcción de la fábrica comenzó el 3 de marzo de 1837.Tuvo el apoyo del alcalde Manuel Martín de La Llave, padre del General Ignacio de La Llave.

La fábrica fue instalada estratégicamente en el barrio de Cocolapan, donde cerca pasaba el río Blanco; por lo que fue usada la fuerza motriz del agua para el proceso textil, relata Macip.

El edificio de la fábrica, que se construyó en parte sobre la estructura de un viejo molino, constaba de un cuerpo avanzado, el cual constituía el centro del complejo y dos naves adicionales.

En 1850, la fábrica fue vendida a Manuel y Antonio Escandón, quienes lograron la construcción del Ferrocarril Mexicano, por tanto decidieron que el ferrocarril pasara cerca de su fábrica.

Además, hicieron una gran inversión para adquirir maquinaria moderna.

El edificio principal tenía tres pisos de altura. Constaba de tres niveles y tenía una torre donde estaba colocada una campana para llamar a los trabajadores. En el primer piso estaba ubicada la rueda del motor de los telares, la cual era la de mayor potencia en el país.

“Esta máquina tenía un herraje de más de 500 quintales y su costo había excedido los 11 mil pesos. Era prácticamente una rueda gigantesca de más de 9 metros de diámetro que impulsaba toda la maquinaria de esta nave. En este mismo piso también estaba ubicada una escalera doble que conducía a los dos niveles superiores. A espaldas de la escalera se encontraba “el Diablo”, una máquina que limpiaba el algodón mediante la circulación de aire caliente a alta velocidad, o lo que entonces se conocía como “batir el algodón”. En el segundo piso estaban colocadas 120 máquinas llamadas Trowster, y juntas eran capaces de producir diariamente poco más de 908 kg de hilaza. En el tercer piso estaban acomodadas 16 desvanaderas, que se encargaban de producir las madejas”, describe el Boletín de Monumentos Históricos del INAH.

Macip señala que los hermanos Escandón mantuvieron vigente la fábrica de Cocolapan siendo la más importante de la zona industrial del Valle de Orizaba.

Enrique L. Wiechers, quien estableció la fábrica de Cerritos, decidió venderla a comerciantes franceses. Compraron también, acciones de la fábrica de San Lorenzo e hicieron la nueva compañía en 1889 para conmemorar el centenario de la Revolución Francesa, llamada: Compañía Industrial de Orizaba S.A. juntos deciden también construir la fábrica de Río Blanco. Posteriormente compraron la fábrica de Cocolapan y los derechos del agua con fibra eléctrica. Creando el consorcio más grande de México.

La creación de la fábrica de Cocolapan dio vida económica a Orizaba como una ciudad industrial. Además, gracias a su producción eléctrica, se logró iluminar la ciudad. Los primeros edificios iluminados fueron el Palacio Municipal que para ese tiempo era la Casa Consistorial y el Teatro Llave.

En 1903, la fábrica fue modernizada con 400 telares; fue muy redituable su inversión. Sin embargo, en 1904 falleció Tomás Branis que era el presidente del Consejo de la Cidosa, quedando la administración en manos de los franceses. Su fábrica insignia fue la textil de Río Blanco que en su momento fue la más grande y moderna de América Latina.

Los problemas que tuvo la fábrica de Río Blanco repercutieron en la de Cocolapan, el movimiento obrero que se gestó desde 1903 con el Círculo de Obreros Libres y estalló con la rebelión del 7 de enero de 1907.

En 1992 se dio una huelga muy prolongada, aunque Cocolapan pertenecía al sindicato de la CTM, Cerritos a la CROM, Río Blanco a la CROC y Nogales a la CROM, los obreros tenían un solo contrato colectivo, y la titularidad la tenían los de Río Blanco. El conflicto se dio en todas las fábricas hasta que fueron compradas por Juan Mata, quien compró la Compañía Industrial de Orizaba (Cidosa) que albergaba a todas estas factorías.

“Liquidó la compañía y al desaparecer la compañía, quedó desaparecido también el sindicato y ya no tenía razón de ser. Fue una jugada maestra de él porque se deshizo de un sindicato aguerrido”, comentó.

El Tratado de Libre Comercio fue el que provocó el declive de la industria textil, pues empezaron a entrar telas del oriente de diferentes tipos, a bajo precio y también de baja calidad, pero muy vistosas y agradables.

Juan Mata decidió poner en marcha la fábrica de Río Blanco, pero con pocos obreros, todavía invirtió en maquinaria y contrató a algunos. Muchos obreros fueron liquidados al 70% de lo que les tocaba de liquidación con la promesa de ser recontratados en la nueva empresa, pero esto no sucedió, fueron pocos los recontratados y al paso de los años también fueron despedidos.

Debido a que Juan Mata era el concesionario de Ford, como parte de la liquidación ofreció a los obreros diversos automóviles.

La empresa se constituyó ahora como Plamat, en honor a Plácido Mata, un antecesor de Juan Mata. Tuvo problemas con la fábrica de San Lorenzo, los obreros ganaron los laudos y la propiedad de esta fábrica. Con Cerritos, al tener problemas con el SAT, el Seguro Social, el predial, pagó con esta propiedad, que ahora pertenece el Gobierno de Orizaba y fue transformada en un mercado.

Dueño de Cocolapan, Juan Mata, en un arranque de locura, se dedicó a destruirla. Usó maquinaria que el mismo manejaba, “y como niño travieso, él mismo derribaba paredes”, relata Macip.

La fábrica quedó en ruinas, y en 2010 fue adquirida por el empresario Fidel Kuri Grajales para construir un estadio de futbol. Proyecto que no prosperó.

“Me da tristeza porque todavía de niño conocí en todo su esplendor a las fábricas, todos los de la región tenemos o teníamos por lo menos un pariente que trabajaba en una fábrica textil; me da tristeza ver que la Manchester Mexicana ya sólo queda el recuerdo y ninguna de las fábricas textiles se volvió a poner en funcionamiento”, comentó el historiador.

El reloj de la fábrica se lo llevaron, y la cúpula de la fachada principal se cayó.

Como historiador ha hecho la propuesta de que se conserve una parte de história de las fábricas textiles como museo, y del resto de las instalaciones los inversionistas puedan hacer modificaciones para ponerlas en funcionamiento a través de diversos proyectos; sin embargo, el INAH es muy celoso para dar los permisos para las modificaciones de estas textiles, las cuales están en ruinas

Hoy, la fábrica de Cocolapan está en ruinas, atrás quedaron los años de gloria y prosperidad. Solo quedan los muros, pintados de grafitis y debilitados por el paso de los años.