10 joyas del MAEV

Conoce los cuadros más destacados de la colección del Museo de Arte del Estado de Veracruz y un poco de su creación así como de sus artistas

Raymundo García
El Mundo de Orizaba

La ciudad de Orizaba alberga uno de los museos mas importantes del país: el Museo de Arte del Estado de Veracruz (MAEV), ubicado en el antiguo recinto del Oratorio de San Felipe Neri, construido en el siglo XVIII, y que cuenta con más de 700 obras de gran valor artístico, de destacados artistas Mexicanos y extranjeros, entre estos una colección basta de las obras del pintor Diego Rivera.
Por su estilo, técnica e inigualable talento son muchas las obras que son dignas de admirar, sin embargo estas son las diez más emblemáticas que este museo tiene y que debes conocer:

1
Papelerito o Retrato de niño pordiosero, 1876
Carlos Rivera [atribuido]
Óleo sobre tela
El artista pintó, entre otros temas, el óleo Papelerito, conocido también como Retrato de niño pordiosero, posiblemente como resultado de un encargo académico a partir de un tema definido, como era usual en las enseñanzas de San Carlos. En la obra se plasma una figura con porte digno, contrastante con la pobreza reflejada en la indumentaria, y alejándose de los estereotipos que representaban generalmente a estos personajes. El voceador mira al espectador de frente, sin avergonzarse de su condición social.

2
La Barranca de Santa María y el Pico de Orizaba, 1836
Johann Moritz Rugendas
Óleo sobre tela
La Barranca de Santa María desde la hacienda El Mirador, en Huatusco, representa una pieza única. En este paisaje, Rugendas suma a la dificultad de pintar la atmósfera con sus variables climáticas la elocuente manera de interpretar la topografía de las altas montañas, logrando con ello representar lo profundo y lo lejano: la enorme variedad botánica que habita la topografía desde Orizaba hasta Huatusco a través de las cañadas que rodean el Citlaltépetl.

3
Retrato de la Srita. Coussin (Retrato de dama en azul con pañuelo), fecha no registrada
Juan Cordero
Óleo sobre tela
Este retrato exhibe las dos corrientes estéticas que marcaron el rumbo del arte durante el siglo XIX: el clasicismo académico y el romanticismo. En esta obra se muestra una admirable calidad técnica de ejecución, patente en el manejo de transparencias; en términos del colorido, el blanco sobre blanco, enfatizado por el juego de trazos azules, le otorga vida y movimiento a la indumentaria. La modelo, sentada en una silla con respaldo de terciopelo rojo, tiene la pose clásica exigida por la academia decimonónica. Las manos de la mujer atraen la mirada del espectador por su delicadeza, lo mismo que el abanico y el pañuelo minuciosamente resueltos. En contraste, las figuras trazadas con menor precisión, y que adornan la pieza de porcelana en la mesa, le otorgan a la imagen un toque romántico, enfatizado en el gesto sereno y melancólico de la retratada.

4
Hacienda de Monte Blanco, Veracruz, 1873-1879
José María Velasco y Eugenio Landesio
Óleo sobre tela
La pintura Hacienda de Monte Blanco es una obra única en la historia del arte mexicano; no tiene firma, sin embargo, es el resultado del talento artístico de dos autores que la pintaron entre 1873-1877. En la pintura no aparece la firma del maestro Velasco, quien manifestó no querer apropiarse los honores de tan bella composición y cuya autoría original correspondía a su maestro Eugenio Landesio, quien no concluyó su obra por haber anticipado su viaje de regreso a Italia, su país natal.
Ante la historia de la autoría compartida, se comprende mejor la admiración que despierta esta realización pictórica del paisaje veracruzano en torno al Pico de Orizaba. Sin duda un sello inconfundible de los pinceles de Velasco puede advertirse en los detalles con los que define, en los primeros planos, los árboles de la región subtropical de altura: fresnos, encinas, ceibas y otros arbustos, así como las imprescindibles hojas elegantes de las mafafas, cuya espectacular longitud sigue despertando el asombro de los viajeros.

5
La Asunción, fecha no registrada
Miguel Cabrera
Óleo sobre tela
Esta obra destaca como un digno ejemplar de la producción en caballete del autor oaxaqueño, quien fue uno de los pintores novohispanos más reconocidos, prestigiados y prolíficos de su tiempo y que dedicó buena parte de sus estudios y quehacer artístico a los temas marianos. Su carrera artística, cuyo inicio ha sido fechado hacia 1740, cobra también notoriedad pública por sus célebres “pinturas de castas” y por haber fundado, en 1753, la primera academia de artes en México, la cual estuvo en funciones durante casi tres décadas.
La imagen representa, simultáneamente, la Asunción y la Coronación de la Virgen. Se distinguen en ella ciertos recursos iconográficos, compositivos y cromáticos plenamente identificados en las representaciones marianas del barroco europeo, los cuales fueron plenamente asimilados por la tradición artística de la Nueva España: las figuras de Cristo y Dios Padre se disponen simétricamente en el plano superior, mientras sostienen la corona sobre la cabeza de la Virgen; culmina la representación de la Trinidad el Espíritu Santo, simbolizado por la paloma que remata el eje central de la composición. En el plano inferior, ángeles y querubines elevan, desde la esfera terrenal, la figura protagonista ataviada con túnica blanca y manto azul, colores que simbolizan la pureza y la eternidad o divinidad, respectivamente. Asimismo, se distingue una luna creciente, alusiva a los valores de la divinidad femenina y la fecundidad, sobre la que reposa el cuerpo arrodillado de la Virgen María.

6
Retrato de dama de negro, 1918
Ignacio Rosas
Óleo sobre tela
Ignacio Rosas, es el autor de esta obra única dentro de la retratística del arte mexicano de la primera mitad del siglo XX: La Dama de negro, 1918.  En la obra se puede admirar la seducción de la modelo en la ligereza del cuello, las manos de dedos afilados y hombros redondeados; el resultado en una figura en continua ondulación sugerente de caricias e invita a no olvidar su presencia más allá del cuadro en el que habita. La excelencia del arte de Ignacio Rosas, conocido por algunos críticos de arte como el Renoir mexicano.
El Museo de Arte es el único acervo en México que cuenta con el mayor número de obras del artista orizabeño Ignacio Rosas. Aun cuando hay obras de Rosas en el Museo Nacional de Arte, el museo Banamex del Palacio Iturbide o el Museo Casa Isidro Fabela, la colección IVEC-MAEV es la más completa por conservar diferentes técnicas y temas, lo que vuelve a la colección un tesoro invaluable del arte mexicano, patrimonio del Gobierno de Veracruz y orgullo de la sociedad orizabeña.

7
El Pico de Orizaba, fecha no registrada
Joaquín Claussell
Óleo sobre tela
El Pico de Orizaba, atalaya y custodia de la ciudad de Orizaba, ha sido inspiración frecuente para muchos artistas. Uno de estos grandes artistas del paisaje mexicano es Joaquín Clausell, campechano de origen y visitante constante en playas y tierras veracruzanas. En la Ciudad Luz conoce a los principales artistas impresionistas como Camille Pisarro y Claude Monet quienes lo introdujeron en su círculo de creadores afanados en considerar la luz y la instantaneidad como los factores sustantivos de la obra de arte.
Clausell se instaló en el Impresionismo y dentro de esta corriente está considerado como el más alto representante en el arte mexicano. En su obra paisajística destacan lo mismo las marinas y roquedales que bosques y llanuras.
El Museo de Arte del Estado de Veracruz exhibe El Pico de Orizaba en toda su belleza. Su realización destaca por la composición en sección áurea, una paleta cargada de verdes y azules, con blancos espesos emanados de los cielos y la cumbre nevada del volcán; las pinceladas son cortas y espesas, sin rastros de dibujos previos y con un modelado sustentado únicamente por el manejo del color.

8
Desnudo con girasoles, 1946
Diego Rivera
Óleo sobre tela sobre masonite
El inmenso óleo de Desnudo con girasoles (1946) es un ejemplo de cómo con diferentes formatos, medios y tamaños siempre pudo representar con exactitud la riqueza y exuberancia, no sólo del trópico, sino de todo el país. El óleo monumental es parte de toda una serie de mujeres desnudas de espaldas con grandes mazos de flores, en este caso de girasoles, que expresan cabalmente, por un lado, un último desarrollo del tema de vendedoras de flores. Vendedoras ahora llevadas a su esencia, a la idea de madres de la tierra, de abundancia, que varias veces expresó en sus murales, y que uniéndolas a las imágenes que había hecho por esos años de desnudos femeninos de intenso color moreno, cargan con la máxima connotación de fertilidad.

9
Pico de Orizaba, 1906
Diego Rivera
Óleo sobre tela
Primer obra adquirida para Veracruz por el Gobernador Teodoro A. Dehesa. “Pico de Orizaba” muestra la escuela de su maestro, José María Velasco, el paisajista mexicano del siglo XIX. Antes de partir a Europa, durante su formación en la Academia de San Carlos Rivera tendrá como maestro a Velasco, de esta época corresponde  “Pico de Orizaba” (1907). Obra temprana que le dará la oportunidad, a los 21 años, de irse becado a Europa por el mecenazgo de Don Teodoro A. Dehesa, gobernador de Veracruz.

10
Porfirio Díaz, 1902
Josep Cusachs
Óleo sobre tela
El retrato ecuestre de Porfirio Díaz presenta al militar orgulloso de sus triunfos bélicos al frente del ejército que combatió a los invasores de su patria.  La pintura magnifica la presencia física del general Díaz quien, siendo una persona de talla mediana luce grandeza como jinete en el primer plano, vestido con uniforme azul, botonadura de oro y botas altas. Está al frente de un doble ejército, el de carrera militar y el compuesto por gente común, de la leva, sin uniformes y con más voluntad para el combate que armas para enfrentar al enemigo. La pintura muestra ese liderazgo como también la satisfacción   como jefe militar del deber cumplido. Dentro del orgullo esta también el reconocimiento a sus ejércitos que hicieron posible la cadena de hechos históricos que permitieron al presidente Benito Juárez afirmar la república restaurada.