Origen del timbre postal mexicano

Héctor E. Ortega Castillo

Tan antiguo como la primera imprenta en Orizaba, es el timbre postal, fechado en 1838 y obra del inglés Sir Rowand Hill, quien lo propone como comprobante de pago por el envío de la correspondencia. Algo novedoso, pues hasta ese instante todo se manejaba mediante sellos. Aun así, pasaría un par de años para introducir la primera estampilla, también británica, por cierto, y que llevaría –como no– la efigie de la Reina Victoria. Y es que con la introducción de la estampilla, vendría, por supuesto, la del sobre postal, ya que el correo cobraba en función del número de pliegos que se enviaban y ya se imaginará Vd. que resultaba bastante gravoso enviar una carta como las de antes. Por ello, William Mulready ganaría un concurso de ideas por una cubierta estándar de franqueo pagado. A partir de 1840, el correo ya no volvería a sufrir cambios apreciables, hasta la llegada del e-mail a fines del siglo vigésimo.

Mas tratemos ahora del santo grial mexicano: el primer timbre postal de aquestas tierras del Anáhuac, que sería menos monárquico y más republicano, pese a que hubo que esperarse casi dos décadas. Y corría así el año de 1856 cuando el C. Presidente de México, General José Ignacio Gregorio Comonfort de los Ríos, decretase la impresión de las primeras estampillas postales, el 21 de febrero, aunque no se pondrían en circulación sino hasta el 1 de agosto de dicho año; esto es, hace 164 años para ser más precisos. Hiciéronse varias estampillas de disímiles colores para poder diferenciarlas de acuerdo a sus precios: azules para las que valían medio Real (la moneda de cambio de aquellos ayeres), amarillos para los de un Real, verde para los de dos Reales, rojo para los de 4 Reales y lila para los de 8 Reales. Y estas primeras estampillas republicanas, liberales, jacobinas y representativas, habrían de mostrar la imagen de Don Miguel Hidalgo y Costilla, considerado como el Pater Patriae, o “Padre de la Patria” Mexicana.

El diseño y grabado del Cura de Dolores fue obra de don José Villegas, célebre ilustrador y Jefe de la Oficina del Sello de Estampillas e Impresos del Gobierno. Para la creación de este timbre utilizó el huecograbado en una placa de cobre y fue impreso en una hoja de sesenta ejemplares, cada una en diez hileras de a seis, para ser recortadas a mano, ya que por aquellos tiempos aún no existía otro método menos engorroso. Dicho timbre habría de durar bastante tiempo, pues no estamos en momentos o lapsos seguidores de alguna moda determinada. En 1861 se puso en circulación otra emisión, ésta vez con siete valores (precios) diferentes. No fue sino hasta la llegada del Monarca de la Barba de Oro y el Segundo Imperio, cuando cambióse la imagen del timbre postal, trocándolo por dos emisiones más: Águilas Imperiales y Maximilianos.

Don José Villegas utilizaría, a no dudarlo, la imagen creada de Hidalgo: aquella de la cual hay que desconfiar demasiado, puesto que los primeros retratos del Héroe de Dolores no se realizarían sino hasta unos quince años después de su muerte (es decir, hasta 1826), el primero de los cuales fuera publicado por el periódico cultural “El Iris”, mismo que de acuerdo a sus editores, estaba basado de manera “fidedigna” en el Hidalgo real. Un par de años más tarde, en 1828, aparece una litografía ilustrada del sacerdote en el libro “Trajes civiles, militares y religiosos de México”, de Claudio Linaldi y que es bastante más popular a últimas fechas, mostrándonos a un Padre de la Patria ataviado con una capa negra y un sombrero de ala ancha con una enorme pluma como ornato.

Lo que muchos historiadores se niegan a admitir es que el autor de la imagen del Hidalgo que conocemos, ese de nuestros actuales billetes de doscientos pesos y de los antiguos de cien y de diez, es Don Lucas Alamán, quien describiese al epítome de la Libertad Mexicana de la manera siguiente: “(…) de mediana estatura, cargado de espaldas, de color moreno y ojos verdes vivos, la cabeza algo caída sobre el pecho, bastante cano y calvo, como que pasaba ya de sesenta años, pero vigoroso, aunque no activo y pronto en sus movimientos…poco aliñado en su traje, no usaba otro que el que acostumbraban entonces los curas de los pueblos pequeños”. Gracias a Alamán (quien asegura haberlo conocido) tenemos nuestra tradicional imagen de Hidalgo, el único de los héroes independentistas que no mandó a hacerse ningún retrato en vida, como sí lo hicieron Morelos, Guerrero e Iturbide.

Ese mismo Hidalgo es quien quedó inmortalizado en el primer timbre postal mexicano, a 164 años de su emisión.

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