Los intocables y la Ley Seca

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Marcela Prado Revuelta

“Los intocables” se veía en blanco y negro y mi señor padre ocupaba el centro del sillón, porque era una de sus series favoritas. Y la mía también. (Hasta la fecha, desquito cualquier desaguisado con mis series policíacas, siempre y cuando tengan muchísima acción. He dicho).
Y es claro que Los Intocables y una infinidad de películas de gánsters y el “crimen organizado”, que le dicen, nació alegremente con la Ley Voltead, es decir, la prohibición de alcohol en los Estados Unidos, que “prohibía la manufactura, venta, transporte, importación y exportación de licores intoxicantes” en Estados Unidos y todo el territorio “sometido a su jurisdicción”. (La Ley Seca se ratifica en 1919 y muere el 5 de diciembre de 1933)
Y allí va Al Capone y otros como él que en el mundo han sido. Amasan inmensas fortunas con la producción, transporte, distribución y venta del prohibido alcohol, porque en la naturaleza del hombre está “llevar las contras”: si me lo prohíben, exactamente eso me gusta.
En México, se aplica la Ley Seca a partir de 1915, hace apenas 105 años. Era la época en que los buenos caricaturistas retrataban a los diputados de sombrero, vestidos de charros, empistolados y con el pomo o con un diamante en la nariz. (Aunque no estoy muy segura de que en este momento no existan, pienso).
La restricción en la venta de bebidas alcohólicas se aplicaba 24 horas antes de los procesos electores, durante toda la jornada de los comicios y la fuerza pública y hasta las fuerzas armadas podían “prestar auxilio” para que se obedeciera el mandato.
Pero aunque usted no lo crea, la Ley Seca en México sigue en vigor, conforme al Artículo 300, Párrafo 2, de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, publicada en el Diario Oficial de la Federación, el 23 de mayo de 2014, que a la letra dice:
2. El día de la elección y el precedente, las autoridades competentes de acuerdo a la normatividad que exista en cada entidad federativa, podrán establecer medidas para limitar el horario de servicio de los establecimientos en los que se sirvan bebidas embriagantes.
Como toda ley, no es muy clara. Así que se incluye también la venta, no sólo el servicio, de bebidas embriagantes.
Lo que todavía no han podido regular son las “colas” que se hacen en las tiendas de conveniencia, supermercados, mercados, la tienda de la esquina, el tendejón del final de la cuadra en la colonia, la cantina clandestina y cosas peores: en cuantito se acercan los comicios y se oye el rumor de la ley seca, sopetecientos veintisiete mil mexicanos de acá de este lado, escarban la cartera y se “previenen” de la ley seca, ¡faltaba más!, cuya aplicación provoca un derrame económico no mensurable para los expendios de chelas, rones, vinos, whiskys, mezcales, tequilas y otros marrascapaches, que no es cosa de pasar los comicios sin anestesia general, si mira nomás como estamos de la vez pasada compadre…
En los años veintes del siglo pasado la Ley Seca propició el nacimiento de Al Capone. En estos años veintes del Siglo XX, no estamos mejor.
Miro las colas previas a los comicios y pienso en que, un ejercicio ciudadano, en que debemos cumplir con una obligación, (votar), y ejercer un derecho, (votar), se convierte en farra, francachela, que traigan las otras y es claro que se tacha a lo tarugo un papelito del que depende el bienestar de todo un País…
No se cuántos años más se tardarán en derogar la Ley Seca, que en la práctica es absolutamente nula.