Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11,25-27:

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla¡. Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.
Palabra del Señor.

Jesús no rechaza la preparación intelectual de los hombres, pero aclara que en muchos puede ser un obstáculo para entender el plan de Dios.
En nuestros días es muy común ver a grandes expertos en los medios de comunicación, hablando desde su sabiduría sobre la familia, la sexualidad, el número de los hijos, el SIDA, la violencia, la inseguridad, la desintegración de las familias, los divorcios, ante todo ello, resuenan las palabras de Jesús:
“¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla¡.
Porque el reino de Dios no usa los criterios humanos, tiene una sabiduría superior, porque está basada en el amor de Dios y en el plan que tuvo al crear a los hombres.
Los sabios de este mundo no pueden entender por qué Dios ha creado a la mujer capaz de tener una familia numerosa, cuando la pudo crear solo para uno o dos hijos; no puede entender porque a la ”interrupción voluntaria del embarazo“ o aborto Dios lo llama asesinato y lo considera como algo abominable; no pueden entender porque Dios pensó el matrimonio único, indivisible y para toda la vida cuando los grandes de nuestra nación veían que era bueno implantar el divorcio.
Los grandes sabios y entendidos no pueden entender porque los caminos de Dios son diferentes y buenos para el hombre. Dios los revela a los sencillos, a los que se fían de él y les entrega una sabiduría que no aparece en los libros, sino que brota del Espíritu de Dios.