“Duelo por miles”

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Mónica Mendoza

He estado pensando mucho en el duelo.  No en la muerte, sino en ese proceso que viven quienes quedan, quienes quieren al que ya no está, quienes lloran por el que se ha ido.

Ese estadío que a veces puede prolongarse una eternidad. ¿Cuánto se tarda uno en enterrar en el alma a sus muertos?, ¿Cuándo deja uno de llorarles?

Y no pienso en el duelo individual. En realidad pienso en el duelo colectivo.¿Cuándo y por cuánto tiempo lloraremos a los que nos faltan?

Se nos empieza a hacer costumbre contar por miles a quienes mueren por el COVID, a quienes matan en feminicidios, a quienes son víctimas colaterales del crimen organizado.

Ahora estamos como anestesiados. La incertidumbre aún nos tiene prisioneros. ¿En qué momento iremos sintiendo la pérdida de la señora que vendía los tamales a la vuelta de casa y que un buen día simplemente ya no se puso ahí, como cada noche, con su sonrisa eterna? Siempre la saludaba. jamás le pregunté su nombre.

Escucho como la muerte se acerca. Hay amigos de amigos míos en cuya familia ha muerto más de uno.

Hay tíos de amigos queridos. La muerte acecha. No hay curita que sane las almas huérfanas que cada día se acumulan, en este mundo desolado.

Hace varios días que a diario leo entre mis cercanos, la condolencia por la muerte de alguien querido. Alguien a quien ni siquiera se podrá acompañar, para despedir en un funeral digno. Hagamos algo que nos sane, que nos libere y que les libere. Algo que nos permita vivir sin esos miles que ya no están.

No entiendo como simplemente hay quién prefiere ignorar lo que está pasando. Lloremos por ellos pese a no conocerles. Lloremos por nosotros.

Oremos.

Hagamos un ritual, el que sea. Yo encenderé velas.

En mi familia nos enseñaron que así les alumbramos el camino al descanso eterno.

Que en paz descansen.