Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9,35-38:

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.
Palabra del Señor.

Este Evangelio es actual, Cristo sigue recorriendo la historia de los hombres, su poder no se ha agotado, sino que en todo tiempo y lugar se va haciendo presente curando toda enfermedad física o del alma.
Porque dondequiera que se necesite a Cristo él está presente, anunciándonos que el reino de los cielos está cerca, que la muerte y el sufrimiento ya han sido vencidos con su muerte y Resurrección, que no hay nada que no tenga remedio en él.
Todos los sufrimientos que el hombre tenga tienen remedio para Dios, no hay nada que Cristo no pueda sanar y remediar. El se compadece del joven que ha caído en algún vicio, de la madre que no encuentra la solución a los problemas con sus hijos, del esposo que ve como su matrimonio de va destruyendo, la viuda o soltera que no soportan la soledad, en fin, cualquier sufrimiento Cristo lo mira y quiere sanarlo, búscalo en las Escrituras y en los Sacramentos, deja que su gracia sane lo más profundo de tu ser.
Este Evangelio es para aquellos que tienen problemas y sufrimientos, para los que han recurrido a todo para ser felices, que en su desesperación han recurrido a brujos, amuletos, cartas, que han tocado puertas en todas partes y no consiguen el camino para la felicidad.
Para todos los que tienen dolencias hoy la palabra les invita a levantar la mirada a Cristo, él es el único Salvador de todo lo que oprime al hombre.