Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9,18-26:

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir”.
Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: “Con solo tocar su manto, me curaré”. Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: “Hija, ten confianza; tu fe te ha curado”. Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.
Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: “Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida”. Y todos se burlaron de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.
Palabra del Señor.

Comentario de Luis Germán Alpuche San Miguel,
del Oratorio de San Felipe Neri.
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Cuanta gente parece muerta por algún pecado o vicio, nuestra misma sociedad pareciera que está muerta ante tantas situaciones de descomposición social: corrupción, pornografía, violencia, adulterios. Pero hoy la palabra viene a inyectarnos ánimos, porque se nos presenta a Jesús como aquel que tiene poder para resucitar a los que están muertos.
El Mesías tiene poder de devolverle la vida a todo aquel que por sus pecados se encuentra muerto en su egoísmo, sumido en la desesperación, sin encontrarle un sentido a su vida. Todos aquellos que no le encuentran un sentido profundo a su vida, que creen que todo les ha salido mal, que su vida ha sido un fracaso, miren a Jesús, permitan que se acerque a ustedes a través de la Iglesia para que por el poder de su palabra él les devuelva la vida.
A los ojos de Jesús la humanidad no está muerta, él sabe que nuestra existencia tiene remedio en él, pero también sabe que necesitamos la gracia del Espíritu Santo para que todos aquellos que se encuentran destruidos reencuentren el camino del amor y la felicidad. Fuera de Dios el hombre permanece muerto y destruido en sus pecados.