‘Apuesto por lo humano’

Jessica Ignot

El Mundo de Orizaba

Evelyn Vergara es Guardia Municipal desde hace 8 meses, ahora es integrante de la brigada municipal Covid-19 donde participa en los filtros sanitarios instalados en el centro histórico de la ciudad.

Su trabajo es de proximidad social, debe indicarle a la gente que no puede permanecer junta, que debe de guardar su distancia, que usen su cubrebocas de la manera correcta y que respete las normas que se requieren para permanecer en el centro, que es una zona de alto contagio.

Jamás imaginó que su trabajo como Guardia municipal pudiera enfocarse a convencer a las personas de tomar las medidas sanitarias que indican las autoridades para evitar contagios.

Su trabajo es más difícil de lo que se puede ver o imaginar, Evelyn y los 14 policías más que permanecen en los filtros sanitarios del centro histórico tienen que enfrentarse día a día a la necedad de las personas, a la ignorancia y hasta a los insultos.

“Muchas veces le indicas a la persona que para ingresar al filtro sanitario se tiene que poner el cubrebocas, y se lo ponen al momento, enfrente de ti se lo ponen, pero se dan la vuelta y se lo quitan. Es difícil mantener que la gente cumplan con los lineamientos”, comenta.

El desánimo

Cuando la gente toma esta actitud, Evelyn siente desánimo, porque muchas de estas indicaciones se le dan a las personas para el cuidado propio de su salud.

“Si me causa un poco de desanimó porque me pregunto: ¿qué es tan difícil ponerse el cubrebocas? ¿O guardar su distancia de la persona que está junto?”, se pregunta.

Quienes están en los filtros no solo están enfrentándose a los enojos e insultos de los ciudadanos, están de pie durante doce horas, están expuestos a la lluvia, al frío o al intenso calor, con hambre y sed… Es el trabajo que les tocó hacer, pero lo hacen con gusto, sobretodo si eso sirve para prevenir contagios.

“Muchas veces nos dicen groserías o nos da empujones, hay miradas feas, y son muy cortantes”, cuenta.

Los elementos utilicen cubrebocas, algunas veces caretas y guantes, aún cuando están protegidos no dejan de estar en una zona de alto riesgo.

Ella, en muchas ocasiones ha dejado pasar por alto esos insultos que le hacen los ciudadanos, justifica que pudieran estar pasando por un mal momento o un mal día, y tal vez se desquitan de esa manera. Eso le ha permitido mantener la calma y no responder a esos insultos.

A menudo se enfrentan a que la gente le comenta que el coronavirus no existe, que no creen en la pandemia y por tanto no se quieren proteger.

Esta situación viene de cualquier tipo de persona, sin importar estrato social, sexo o edad. La gente es renuente a las indicaciones.

Después de la guardia

Para Evelyn, el trabajo no solamente termina en las calles tras 12 horas de permanecer en pie indicando la gente que debe protegerse.

El trabajo sigue en casa, sobre todo en las medidas preventivas y de desinfección que tiene que tomar antes de llegar a su hogar.

Al terminar su trabajo en las calles, se desinfecta tanto en las manos, cara y ropa. Utiliza líquidos sanitizantes que le proporcionan en su área de trabajo.

Aún así, al llegar a su casa ella tiene su propio ritual de desinfección. Llegando no puede acercarse a su familia de manera inmediata.

Se desinfecta las botas de trabajo y la ropa, ingresa inmediatamente a bañarse, coloca la ropa en una bolsa. Se cambia y desinfecta. Lava su ropa aparte de la de su familia.

Reconoce que tiene miedo no de contagiarse, sino de llevar el contagio a su casa.

“Me da miedo llegar a la casa y no saber si llevas el virus, si vas a contagiar a tu familia o a tus hijos”, destaca.

Aún con el riesgo que implica, a ellos les gusta tener este trabajo de proximidad con las personas. Incluso ayudando a los adultos mayores a ponerse de manera adecuada su cubrebocas, pues muchos no saben cómo utilizarlo.

Cuando hay una fila larga y ella detecta a una persona adulta mayor formando, le pide permiso a los demás usuarios de pasarla adelante para que pueda retirarse a su casa y no estar mucho tiempo en riesgo.

“Muchas veces les digo que sí puede pasar a esta persona porque ya está grande, algunos se humanizan y dice que sí. Eso es lo que a mí me motiva, me gusta hacer ese trabajo de proximidad social”, admite.

Por ver estas acciones en la gente, dice, vale la pena estar bajo la lluvia o bajo el sol, tantas horas parados haciendo esta labor.