‘Gracias a Dios me atendí a tiempo’

Paco Montes
El Mundo de Córdoba

Carla es una entre cientos de personas sospechosas de Covid-19 que enfrentó los síntomas y salió victoriosa. En su oficina todos presentaron infecciones respiratorias, incluyendo pérdida del gusto. No hubo oportunidad para practicarse la prueba, creyó que tenía dengue pero el médico le comunicó que por sus malestares sufría de Covid-19. En lugar de deprimirse, optó por mantenerse firme y avanzar. Hoy está a punto de retomar sus actividades.
“Fui al Seguro, al área de Urgencias pero debido a la contingencia, no te dejan entrar al hospital, te atienden en la puerta, te preguntan tus síntomas y dependiendo entras a urgencias o te mandan al módulo especial. Obviamente me mandaron al módulo”, cuenta Carla.
Ahí, quien la atendió le explicó que todas las enfermedades respiratorias comienzan igual por lo que no podían diagnosticarle covid pero tampoco descartarlo, así que le dieron una incapacidad por tres días, con paracetamol y loratadina, “me dijeron que con eso debía estar mejor, de lo contrario tendría que acudir nuevamente y entonces ya lo manejarían como posible Covid”, dice.
Pero el medicamento no funcionó, los síntomas empeoraron, el dolor era mayor y la fiebre constante. “Lo más insoportable para mí era el dolor de cabeza y ojos, era demasiado fuerte”.
Ese día recibió una llamada, era uno de sus compañeros de trabajo a quien le contó sus síntomas, él le compartió que él había pasado por lo mismo, y además había perdido el sentido del olfato y del gusto, así que le recomendó a un médico que estaba atendiendo casos covid-19.
El doctor tenía agenda llena, pero aceptó atenderla a las 11 de la noche. “En cuanto entré con él ya no podía ni caminar derecha por el dolor, me pregunto que me dolía y enseguida me dijo que era covid. Yo soy de presión muy baja, jamás en mi vida había tenido la presión alta y cuando llegué con él iba así, tenía temperatura alta y al revisarme la respiración me dijo que se escuchaba obstruido. Yo no me había percatado de eso, se me tapaba la nariz pero podía respirar bien por la boca”, cuenta.
Cuando le contó a su familia, ésta se asustó, una de sus tías se puso a llorar de la preocupación. Le recetaron Ceftriaxona para la infección; Oseltamivir, un antiviral; Losartan para la presión alta; Paracemol para la fiebre; Salbutamol para la respiración, y Lysomucil, para la tos. Al día siguiente amaneció sin dolor, los síntomas habían bajado.
“Gracias a Dios tuve dinero para ir a ver a otro médico pero la gente que no lo tiene, no puede darse ese lujo, tienen que sufrir según los tiempos del IMSS”, dice.
Actualmente sigue en cuarentena, ya va para tres semanas y espera retornar a la oficina, donde todos ya sufrieron diversas enfermedades respiratorias. Hoy toma vitaminas para reforzar su cuerpo y evitar una recaída, “gracias a Dios, me atendí a tiempo, llegué a manos de un doctor que es bueno y no tiene miedo de tratarte y revisarte como debe de ser”.
Su historia tiene un contraste, pues mientras Carla libra la enfermedad, su tío de 61 años falleció. Eran los únicos dos miembros de la familia que enfrentaban el padecimiento.
“Es muy preocupante porque depende mucho de cómo se encuentre tu organismo para la batalla pero creo que no estamos haciendo lo suficiente para cuidarnos, hay mucha gente aún creyente que no pasa nada, siendo egoístas con su manera de actuar, queriendo llevar la contraria o porque no conocen a alguien que tenga covid”, apunta.

La frase
“Tengo muchas ganas de ver a mi familia, de abrazar a mis padres y besarlos, pero precisamente por eso, es que me mantengo alejada, primeramente Dios, pronto pasará todo esto y podré hacerlo”.
Carla “N