Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8,1-4:

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Si quiero, queda curado”.
Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”.
Palabra del Señor.

La lepra es una figura del hombre que está en el pecado, enfermo de odios, resentimientos, lujurias, egoísmos; enfermedades del alma que lo destruyen, lo van aislando de su familia, lo alejan de sus hijos, todo lo que toca lo contamina con pleitos, discusiones. Nuestro mundo tiene una enfermedad más contagiosa que el covid 19, el pecado, lo está destruyendo en sus familias, en su propia sexualidad, en la destrucción de la vida, llevándolo a matar a los niños por nacer.
Pero entre tantos hombres contagiados por la maldad, uno de ellos se postra ante Jesús, pues reconoce que sólo no puede salir adelante solo, necesita de Dios. Uno sólo se postra ante Dios, el soberbio no puede doblegar su orgullo ante Jesús, pues eso significaría reconocerse como criatura delante de su creador.
Póstrate ante Jesús, pídele que te cure de ese resentimiento contra tus padres, de esa violencia que te invade, del mal carácter que te hace vivir enojado con la vida, de esa lujuria que te hace ver al otro como un objeto para satisfacerte, de esa avaricia que pone tu corazón en las cosas.
Déjate tocar por la mano de Jesús en sus sacramentos, es en la Confesión y en la Eucaristía donde Jesús te puede curar y devolverte la salud de tu alma. Enfermo del alma no eres feliz, hoy Jesús te dice que el puede sanar la enfermedad de tu interior, solo déjate tocar por tu Señor, entonces verás como toda tu vida cambia, habrá una felicidad que brota de tu interior y no necesitarás de cosas y afectos para sentirte y realizado.