La generación que no debemos olvidar

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La generación que
no debemos olvidar

Isaac Esquivel

El coronavirus ha hecho temblar al planeta. Ha cambiado la forma en la que vivimos y convivimos. El consumo por medios digitales se han incrementado exponencialmente, las llamadas por video son habituales y los escalones de nuestras prioridades tanto emocionales, como económicas y familiares se han movido de escalones.
En esas prioridades está el cuidar a los abuelos. Durante tres meses ha sido un llamado reiterativo para que se mantengan en confinamiento por ser un sector vulnerable, aunque muchos no han dejado de laborar.
Para una gran parte de adultos mayores la pandemia no cambiará sus rutinas y formas de concebir el mundo. Ha sido difícil moverlos de esquemas que durante décadas han seguido, pero no por ello tenemos el derecho de despreciar su consejo y experiencia, al contrario, este momento debería estrechar nuestros lazos afectivos y de conocimiento entre generaciones.
Ellos difícilmente serán el gran segmento al que va dirigido el comercio electrónico; sin embargo, han dado muestras de adaptación. No son los grandes consumidores de videojuegos, pero aceptan que los nietos los pongan en lugar de la telenovela.
Si bien algunos lograr tener una pensión, un negocio, dependen de algún familiar o viven en un asilo, por ellos estamos aquí y a lo largo de su vida contribuyeron a la construcción de la actual sociedad.
En la globalización, el capitalismo, la vorágine de información sobre el virus y los cambios económicos y sociales, se les ha dejado de respetar como ancianos y sabios, a muchos se les abandona como un “peligro” al que no hay que tocar y se les deja a la buena de una despensa.
Lo vulnerables que son al virus los ha puesto literalmente como “apestados” en algunas esferas donde el trato que damos a los mayores está radicalmente lejos de los valores que nos inculcaron.
En su debilidad se les relega ante una justificación legítima para no visitarlos y con la distancia social argumentamos una buena acción a quienes dieron toda su vida por tenernos aquí, luchando por lograr una generación mejor.
Así las restricciones se convierten en distanciamiento físico y emocional, se rompe la cadena entre generaciones, se profundiza la marginación y se aumenta el alejamiento. Lo grave es ver sólo el presente y avistar un mañana sobre estas bases tan frágiles. Romper el vínculo con el pasado nos conducirá inevitablemente a romper también con el futuro.
No podemos desconectarnos del pasado, de nuestros viejos que nos dieron vida y rumbo en medio de catástrofes, crisis económicas, conflictos sociales, devaluaciones, enfermedades, fraudes electorales, inseguridad y muchas adversidades personales que los acompañan en su devenir.
El presente diferente y el futuro desconocido no pueden renunciar a escuchar a la historia de nuestros padres y nuestros abuelos, por vulnerables que sean ante el virus que nos pone a temblar.
Los niños y jóvenes requieren tender un puente con las generaciones pasadas, para atravesar este camino hacia el futuro.
La encrucijada de mantener la distancia para no llegar a contagiarlos, no es el laberinto de no saber que necesitan nuestro apoyo, amor y empatía, para entender que ellos también están padeciendo el aislamiento y que su “nueva normalidad” puede ser muy diferente a la nuestra.
Si los dejamos en “semáforo rojo”, encerrados por años, sin escuchar su consejo y honrar su vida, perderemos la oportunidad de conservar la conexión que forma generaciones familiares con fuertes lazos afectivos y también de esfuerzo y trabajo conjunto.
Las historias de familias que triunfaron tras los exilios, tras los temblores, las persecuciones y la cárcel deberán contarse después de la pandemia.
Los mayores no olvidarán que fueron parte de esa victoria. No olvides todo lo que pueden aportar en esta batalla. No te rindas.

Crece la presión
…y la pandemia
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió como preocupante que el virus siga circulando en todos los países de la región, lo que se está reflejando en un contagio generalizado en la mayor parte de América Central, lo cual podría extenderse por dos años ante brotes recurrentes por la falta de tratamientos y una vacuna disponible.
Los gobiernos están bajo la presión de flexibilizar restricciones por motivos económicos y políticos, a pesar de que los contagios aumentan, por lo que ante una pandemia que cambia rápidamente, “el liderazgo en cada país” marcará el éxito o la ruina, manifestó Carissa F. Etienne, directora de la OPS.

La curva no se aplana
Lejos de aplanar la curva de contagios, México registra “una tendencia muy evidente en el crecimiento de casos”, alertó la OPS.
Jarbas Barbosa, subdirector de la organización, señaló que nuestro país cuenta con el apoyo del organismo internacional para hacer las adecuaciones necesarias que logren lo más rápido posible, controlar esta “ola de transmisión”.
La situación de México es muy semejante a la de Perú, Brasil y Chile, que pasan en este momento por un periodo de crecimiento del número de casos de Covid-19, aunque en nuestro país las situaciones son distintas en cada estado.